
Intercambiar
libros es una práctica común desde que el mundo es mundo. Es una de las más
claras expresiones de solidaridad intelectual que se pueden tener con un
semejante, aunque luego la devolución de ese mutuo préstamo de papel se
postergue indefinidamente pues, ya se sabe, si bien se considera pendejo —ingenuo,
para quienes no estén familiarizados con el término— a quien presta un
libro, más pendejo aun es quien lo devuelve.
Una iniciativa que nos redime de llevar sobre nuestros hombros tales
calificativos es la de BookCrossing.com,
que usted puede visitar en castellano entrando a BookCrossing-Spain.
El concepto es sencillo: usted deja un libro en un banco de plaza, en una
cabina telefónica, en el andén del metro, donde se le ocurra, y abre bien
los ojos pues quizás en el próximo banco, cabina o andén esté otro libro
esperando por usted.
BookCrossing brinda toda la información que usted necesita para participar
en este peculiar juego que sólo entienden los amantes de la lectura. Para no
perderle el rastro al libro, usted deberá registrarlo en los archivos del
sitio. Acto seguido se le proporcionará un BCID (BookCrossing
Identification), una etiqueta que usted debe imprimir y adosarle al
ejemplar. Esa etiqueta servirá para que quien se tope con el ejemplar entre
al sitio y reporte el hallazgo. De esta manera existe la posibilidad de
conocer la situación en la que se encuentra cada libro registrado en un
momento específico.
"Nuestra meta es convertir el mundo entero en una biblioteca",
pregona BookCrossing desde su entrada. Para respaldar la labor de los bookcrossers
—tarea urgente buscarle un apelativo en castellano a estas personas—, el
sitio ofrece críticas, recomendaciones y reseñas de libros que son provistas
por los mismos usuarios, además de que de acuerdo al ISBN el mismo sistema
muestra la imagen de la portada. De esta manera se combinan las vertientes
real y virtual de la iniciativa, pues alguien que halla un libro en la plaza
de su barrio puede más tarde leer en Internet la historia de la
participación de ese libro en el juego, conocer las opiniones de otros
lectores, enterarse de quién fue el dueño original... Y más adelante,
cuando decida liberarlo, podrá saber quién lo encontró y qué opinión
tuvo.
Los usuarios que quieren liberar un libro pueden simplemente dejarlo
etiquetado en un sitio público o, si esto no les hace demasiada gracia,
regalárselo directamente a una persona conocida. La etiqueta provee toda la
información necesaria para que quien de una u otra manera reciba el libro
pueda darle continuidad al proceso, todo bajo la consigna de leer,
registrar y liberar, que si bien en castellano no impresiona es la
traducción literal de las siglas RRR, read, register and release, una
especie de lema publicitario para un producto que no se vende y por el cual
sólo se reciben beneficios intelectuales.
BookCrossing informa responsablemente que por ahora es bajo el porcentaje
de libros cuyo hallazgo es reportado, pero la cantidad de personas que se
enteran de la iniciativa está en franco crecimiento —la idea original
surgió hace dos años y, parece mentira, a nadie se le había ocurrido antes.
El documento de preguntas frecuentes del sitio habla de un 20 a 25% de libros
reportados. Y anima a continuar, esgrimiendo una frase de demoledora
contundencia ("El mundo sigue siendo un lugar mejor debido a tu
generosidad") y un dato estadístico (en el último año el sitio pasó
de 100 a 10.000 usuarios nuevos al mes).
La idea de convertir el intercambio de libros en una práctica de
proporciones planetarias es de Ron Hornbaker, uno de los socios de la empresa
informática Humankind Systems, Inc., con sedes en las ciudades
estadounidenses de Kansas (Missouri) y Sandpoint (Idaho). El sitio nació en
2001 inspirado en ideas paralelas como PhotoTag.org
(gente que deja cámaras desechables en sitios públicos) y WheresGeorge.com
(consiste en seguirle la pista a dinero estadounidense de acuerdo al número
de serie). Es una idea tan sencilla, y de índole tan natural para un amante
de la lectura, que a Hornbaker le tomó varias horas darse cuenta de que nadie
lo había hecho jamás.
Si usted es sagaz y si el éxito de BookCrossing sigue en ascenso,
seguramente ya comprenderá que a donde apunta todo esto es al nacimiento de
una nueva tendencia cultural, resultado de combinar la avidez que caracteriza
a los lectores empedernidos con la maravillosa sensación de encontrar algo
que puede convertirse en parte de nosotros mismos. Pues, como en Fahrenheit
451, al leer un libro estamos en poder de algo único, que siempre nos
pertenecerá aunque lo dejemos en el próximo banco, cabina o andén a la
espera de un nuevo lector.