Licantropía
homo hominis lupo
Hay una isla, convicta de su amnesia,
que apunta a mi corazón, lleno el carcaj.
No soy quien pulsa esos hilos;
sólo muevo la cabeza, intentando sonreírme.
Llegó la hora
de construir mi mausoleo al estiércol y la sangre
tras la grieta definitiva del océano,
lejos del tajo y los pastizales,
donde libo con igual nombre a otros ídolos.
He profesado como ofrenda inútil.
Abro las fauces
y me abalanzo hacia el futuro.
Regido por la Osa Mayor
Mi existencia danza
Con los seiscientos sesenta y seis espectros de La Bestia Arcaica.
De vuelta en el Laberinto,
Acosado por pésimos hologramas,
adentrándome por la ruta ineludible,
Fatídica,
Despojada de ángeles;
Entre el barro y heces ensangrentadas;
Vez tras otra,
Metódicamente
Y hasta fingiendo indiferencia.
Agonizando sobre la basura
I
Espero.
Sólo eso me mantiene insomne
En esta consternación bajo la luna.
Ya no hay conocimiento cabal en los anillos de Saturno
Ni en el alarido pulsante de algún agónico quásar.
Sólo resta la intuición lacerante y certera
Del tañer apocalíptico de las trompetas.
Estoy calmado.
(Eduqué con celo a los
Que harán de mis tripas su festín).
II
Acumulo mis desperdicios con las manos y la boca
Sin derramar una lágrima ni una gota de sudor
Sólo la sangre susurra, al abandonarme,
Un poema brevísimo y dulce,
Como una oración.
Mr. Hyde
Hay otro que rejuvenece
Mientras este candidato al seno de la tierra
Va materializándosele menos reconocible y cercano.
Intento disciplinarme para distinguir su presencia
En la desesperanza de los desconocidos al mirarme;
Los atardeceres dominicales: bienaventuranza de los suicidas;
La inexorable jerarquía de la verdad
Aunque la farsa continúe reinando desde los altavoces.
Él existe.
Nadie me libra de esta experiencia única.
Gobernador de los innumerables inviernos del alma,
Transita por el medio de las calles
Con su séquito de palabras oscuras,
Aunque yo continúe pulsando la mayoría de mis hilos
Y haya aprendido a coexistir con el miedo.