|
|
El coronel podría convertirse en general.
|
Más de un siglo después de finalizada la Guerra de los Mil Días, la
justicia colombiana estudia la posibilidad de reconocerle el grado de coronel
al personaje que inspiró la célebre novela El coronel no tiene quien le
escriba, de Gabriel García Márquez.
A principios de marzo, la Sección Tercera del Tribunal Administrativo de
Cundinamarca estudiaba una acción de tutela que pretende que a Nicolás
Márquez Mejía, abuelo materno del escritor, se le ratifique como coronel del
Ejército y sea ascendido a general en un homenaje póstumo. La falta de ese
reconocimiento fue tal vez la principal razón para que Márquez nunca
recibiera una carta confirmándole la pensión de militar, la misma que en el
libro de su nieto el protagonista espera en vano durante más de 15 años.
Márquez falleció el 4 de marzo de 1937. Militó en las filas del
ejército liberal durante la Guerra de los Mil Días, confrontación durante
la cual, según sus superiores, alcanzó el grado de coronel y ocupó el cargo
de intendente general del Ejercito. El 21 de abril de 1939, en papel sellado
con timbre nacional, y desde Aracataca (Magdalena), su viuda, Tranquilina
Iguarán, le escribió a la Comisión de Escalafón de Antiguos Militares
pidiéndole el tan ansiado auxilio económico.
La solicitud fue rechazada porque la partida de matrimonio del coronel
Márquez y un recibo por la suma de 19.672 pesos, firmado por el mayor general
Clodomiro Castillo el 17 de octubre de 1902, no le pareció
"suficiente" a dicha comisión para probar "sus servicios,
campaña y grados alcanzados".
En 1951, Juan de Dios Márquez Iguarán, hijo del coronel Márquez y tío
del escritor, solicitó nuevamente la "inscripción" de su padre
ante la misma comisión, pero no tuvo respuesta. Un año después, por
iniciativa del propio Juan de Dios, comparecieron ante el Juzgado de
Villanueva (entonces perteneciente al departamento del Magdalena y hoy a La
Guajira) el general Sabas Socarrás (quien en la novela es llamado el compadre
Sabas) y el coronel Laudelino Cabello, quienes confirmaron que Nicolás
Márquez sí había obtenido el grado de coronel. Pero igualmente las
autoridades colombianas denegaron el ascenso.
Desde entonces, la búsqueda de un reconocimiento para el
"coronel" más conocido de Colombia quedó en el olvido. Hasta el
año pasado, cuando un abogado, un ingeniero, un periodista y una ama de casa
se pusieron en la tarea de corregir la que consideran "una de las peores
injusticias cometidas por parte del Estado colombiano en toda nuestra historia
republicana".
José Rafael Cañón, uno de los demandantes, afirma que al coronel
Márquez "se le violaron sus derechos a la igualdad, la honra, el buen
nombre, el reconocimiento de su personalidad jurídica, el debido proceso y el
acceso a la administración de justicia". Advierte, además, que el grupo
demandante no pretende dinero ni publicidad. "Esto es resultado de un
estudio de más de un año en el que buscamos comprobar las bases históricas
de las obras de García Márquez y nos encontramos con esto". De hecho,
los demandantes han acopiado todos los documentos oficiales de la época sobre
el caso y datos exactos de lo que el Nobel en su momento convirtió en
realismo mágico.
En un pasaje de la obra, el coronel visita al abogado que le estaba
haciendo las gestiones para la pensión y lo encuentra tendido en una hamaca.
Estaba preocupado porque no llegaba la carta y ya no tenía con que comer.
"Yo le advertí", le respondió el abogado al coronel, "que la
cosa no era de un día para el otro". Y, en efecto, ya ha rebasado un
siglo la espera.
Además de Cañón, el grupo demandante —que a principios de febrero
constituyó la Unión Temporal El Minotauro para emprender este y otros
litigios— está compuesto por Magdalena de Cañón, madre del anterior, el
ingeniero Volman Vega y el periodista Guillermo Pulido.
El grupo ya ha iniciado otras cruzadas: "El promesero de la paz",
que consistirá en la contratación de una equilibrista para que camine por
una cuerda floja entre los cerros de Monserrate y Guadalupe, como se hizo hace
un siglo; el rescate de la estatua del Mono de la Pila —actualmente en el
Museo de Arte Colonial— para que sea ubicado en un lugar público y las
personas puedan depositar, como antaño, sus quejas al gobierno, y la
realización del Almanaque Meteorológico y Guía de Forasteros para Bogotá y
la Sabana.