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Los kuentos de Thaís cierra un hiato de dos décadas en su producción literaria
Thaís Badaracco Febres C. combina en su obra lo racional y lo simbólico

domingo 1 de diciembre de 2024
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Thaís Badaracco Febres C.
Thaís Badaracco Febres C.: “Los escritores venezolanos tienen ante sí, quizás como nunca antes, una vasta temática a tratar, al hallarse inmersos en un mundo de complejidades, de cambios insospechados, de avasallante tecnología”.

Colección de relatos que combina lo filosófico, lo onírico y lo humano con la sensibilidad de una autora que ha cultivado una vida dedicada al conocimiento y la enseñanza, Los kuentos de Thaís es un fascinante y profundo viaje de lectura a través de las letras de la venezolana Thaís Badaracco Febres C. En estas páginas confluyen la reflexión existencial, el simbolismo trascendental y la vivencia cotidiana para darle forma a la narrativa de una voz singular.

Nacida en Caracas en 1936, la autora tiene formación en Ciencias Políticas en Italia y Filosofía en Venezuela, así como una destacada trayectoria como profesora de Lógica Matemática. Este periplo le ha dado una sólida formación intelectual que se aprecia en sus “kuentos”, en los que se perciben ecos de su vida académica, pero también destellos de una imaginación profundamente personal, capaz de conectar lo abstracto con lo emocional y lo lógico con lo poético.

Hoy conversamos con la autora de Los kuentos de Thaís para descubrir las raíces de sus historias, las influencias que han moldeado su estilo y las inquietudes que subyacen en cada uno de sus relatos. Badaracco Febres C. nos revela cómo sus personajes y tramas reflejan su búsqueda de sentido, su diálogo entre culturas y su constante meditación sobre la belleza, el amor y el arte, todas estas razones por las cuales la alianza editorial Letralia-FBLibros se enorgullece de tener este título en su catálogo.

 

Los kuentos de Thaís, relatos de una dualidad irreductible

—Me gustaría que comenzáramos hablando sobre la inspiración para sus relatos, que hemos publicado con todo gusto en Letralia y ahora aparecen reunidos en este volumen.

—Por lo general, son mis vivencias y experiencias las que gestan el oleaje de mi imaginación. De aquí que los personajes de mis cuentos, aunque ficticios, bullan de esa energía personal; después, la fantasía los moldeará y les asignará el papel que desempeñarán en la narración.

—Leyendo este libro uno percibe cómo discurren en su narrativa dos grandes ejes temáticos: por un lado, la filosofía y las ciencias; por otro, la noción de lo simbólico y lo trascendental. ¿Diría usted que ese diálogo entre lo racional y lo simbólico responde a una tensión personal en su forma de comprender el mundo?

—Sí, siempre. Esa dualidad irreductible ha marcado mi vida. A cualquier edad, en cualquier momento. Es entonces, natural, que se trasluzca en lo que escribo.

—Hay otro protagonista frecuente en sus relatos y es el arte. Uno asiste en este libro a una perspectiva filosófica, pero a la vez admirativa, de la creación artística. ¿Cómo concibe el papel del arte en la vida de sus personajes? ¿Cómo conecta esto con su propia visión del mundo?

—Ni siquiera podría tener una visión confortable del mundo si no fuera por la concepción y presencia del arte. El arte, en cualesquiera de sus manifestaciones, edulcora mi permanencia en este mundo incomprensible y azaroso. Va de suyo que mis personajes estén imbuidos de esta idea.

 

“Los kuentos de Thaís”, de Thaís Badaracco Febres C.
Los kuentos de Thaís, de Thaís Badaracco Febres C. (Letralia/FBLibros, 2024). Disponible en Amazon

Thaís Badaracco Febres C.: el cuento labra su camino

—La escritura de cuentos impone el reto de condensar ideas, emociones y reflexiones en un espacio narrativo reducido, sin sacrificar la profundidad ni el impacto. Desde su experiencia, ¿cómo aborda usted este desafío de equilibrar lo esencial con lo breve? ¿Qué estrategias considera fundamentales para alcanzar esa síntesis en sus “kuentos”?

—No dispongo de ninguna estrategia para lograr el objetivo. Afortunadamente, mi cuento está satisfecho de que su semilla yazca en mi mente, y yo de hacerla germinar en el papel. No es vana retórica, pero una vez comenzado, es como si él mismo se labrara su propio camino, libremente lo transcurriera y se detuviera complacido al haber llegado a su final. Ni exageración, ni desvarío. Yo misma me sorprendo de la trayectoria expedita que sigue la narración de principio a fin.

—El libro está lleno de personajes femeninos que enfrentan dilemas emocionales y existenciales, como Mía en “Aheleo y Mía” o Sahelia en “Ainer”. En estos tiempos en que asistimos a una resignificación y revaloración de los géneros, ¿cómo se plantea usted el desarrollo de un personaje femenino? ¿Cuánto de Thaís Badaracco Febres C. hay en estos personajes?

—La nueva valoración de géneros no debería terminar con la caracterización femenina o masculina dondequiera se encuentre. La naturaleza estableció claramente una diferencia entre dos maneras de ser y de actuar de los seres vivos en el mundo, y creo que persistirá. Sólo se han reblandecido los límites tradicionales de su separación. Aquí ha sido decisiva la ciencia al constatar las diferencias cerebrales entre gais y lesbianas, permitiéndoles la inclusión en el lado natural que les corresponde. Todo aquí. Por consiguiente, el campo literario no debería verse significativamente afectado al crear y delinear un personaje femenino como siempre lo hemos considerado.

—Tiene usted varios años en Estados Unidos, como millones de ciudadanos venezolanos que han debido buscar en otras fronteras la estabilidad y seguridad que les impide la situación de Venezuela. La migración, los cambios y las adaptaciones han sido experiencias importantes en su trayectoria vital. ¿Cómo cree que estas vivencias personales han incidido en su mirada como escritora?

—No ha sido este país, ni las experiencias en esta nueva tierra, lo que ha incidido de forma particular en mi escritura, pues a pesar de haber estado en Egipto, Grecia, Turquía, y muchos otros países hace ya varios años, son estos lugares, sobre todo Grecia, mi querida y eterna Grecia, los que aún hoy continúan motivando mi inspiración. Aquí, en Estados Unidos, de lo que más he disfrutado ha sido de una gran paz y tranquilidad, lejos de la perniciosa situación política y social de Venezuela, y esto ha permitido el libre fluir de mis pensamientos.

 

Escribir hasta que la vida lo consienta

—Sé que tiene usted una novela, Marcial, publicada en Caracas en 2005. Me gustaría que nos hablara de esa novela pero, además, quisiera saber si en ese hiato de casi dos décadas entre ese libro y Los kuentos de Thaís siguió usted escribiendo.

—Viví en una chara cumanesa a los cinco años de edad, y quedé tan impactada con las cosas y escenas que me tocó presenciar, que por décadas permanecieron silenciosas en mi inconsciente, ebullendo inadvertidamente en mi imaginación, hasta que en 2005 eclosionaron dándole vida a Marcial. El libro tiene aquí y allá muchos toques personales y familiares, pero el tema central es invento mío. Durante este tiempo he continuado escribiendo de manera íntima e informal, aunque presentía que en algún momento procedería a su impresión, como en efecto ha sucedido. Pienso continuar escribiendo, vita natural durante, o hasta que ella me lo consienta.

—A lo largo de su vida, usted ha sido testigo del desarrollo y transformación de la literatura venezolana. Ha presenciado cómo figuras fundamentales como Rómulo Gallegos o Ida Gramcko han sido reconocidas por los lectores, al tiempo que ha observado cómo ciertos títulos y autores, pese a su brillo momentáneo, han caído en el olvido. Desde esta perspectiva y con su experiencia, ¿cómo evalúa el panorama de las letras venezolanas contemporáneas y qué cree que define su lugar en el contexto actual?

—Los escritores venezolanos tienen ante sí, quizás como nunca antes, una vasta temática a tratar, al hallarse inmersos en un mundo de complejidades, de cambios insospechados, de avasallante tecnología; donde lo político y social a fortiori deberá ocupar lugar preeminente, dado que ha sacudido hasta las bases de su propia subsistencia. A partir de Rómulo Gallegos, nuestro Homero nacional, la literatura venezolana no ha permanecido a la zaga de la más destacada literatura hispanoamericana. Allí tenemos, entre muchos otros, a Juan Liscano, Alberto Arvelo Torrealba, Arturo Uslar Pietri, Victoria de Stefano, y nuestro Rafael Cadenas, quien le ha dado nuevo relumbre a la actual literatura venezolana. Además de haber sido incansable pedagogo. ¡Pienso en la cohorte de émulos que habrá dejado a lo largo de su actividad docente!  Aún lo recuerdo con nitidez a las puertas del salón de clases esperando a sus alumnos, cuando le pasaba al lado para asistir a mis lecciones de Filosofía. Allí estaba, con la mirada siempre fija, inquisidora, con un dejo que me parecía de añoranza, tal vez de recóndita inconformidad existencial.

—Tras la publicación de Los kuentos de Thaís, una obra que refleja su visión particular del mundo, ¿se encuentra trabajando en nuevos proyectos literarios? Si es así, ¿qué temas o formas narrativas están ocupando su interés actualmente, y cómo cree que esos futuros proyectos dialogarán con su obra publicada hasta ahora?

—Por el momento, prosigo con la cuentística. Tengo material suficiente para la elaboración de un nuevo libro. Después, me gustaría escribir una novela con un tema que ya late en mi mente. Se trataría de la comparación entre dos tipos de moralidad: la de finales del siglo XIX hasta la tercera década del siglo XX, y a partir de allí hasta nuestros días. Por ahora, es sólo un tierno proyecto. Pero de concretarse, no tendría afinidad con los relatos anteriores, pues estaría íntegramente afincada en la más cruda realidad.

Jorge Gómez Jiménez

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