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El divino desorden, de Viviana Ackerman

viernes 30 de enero de 2026
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Viviana Ackerman
En El divino desorden, Viviana Ackerman recorre la obra de Borges en diez capítulos que circulan alrededor de una idea rectora: la coexistencia permanente y productiva entre orden y caos.

En las últimas décadas, la lectura de Jorge Luis Borges ha oscilado entre dos extremos: la consagración canónica que lo vuelve intocable y la simplificación divulgativa que diluye la complejidad de su obra. Entre la erudición cerrada y la repetición de tópicos, se ha vuelto necesario un tipo de aproximación que permita volver a pensar sus textos sin despojarlos de densidad, pero también sin convertirlos en un territorio exclusivo para especialistas. Ese es el contexto intelectual en el que se inscribe el libro del que hoy hablamos: una tradición crítica vasta, a veces intimidante, que exige nuevas formas de mediación entre la obra y los lectores.

La escritora argentina Viviana Ackerman se ha propuesto, con El divino desorden, servir de mediadora. Así, recorre las innúmeras puertas de la obra de Borges en diez capítulos interconectados que circulan alrededor de una idea rectora: la tensión permanente y productiva entre orden y caos. El autor de El Aleph, nos dice, organiza su universo literario mediante sistemas rigurosos —series, laberintos, lenguajes, pactos—, uno de cuyos objetivos es ofrecerle al lector un mundo marcado por la inestabilidad, la incertidumbre y la ausencia de una causa fundante y absoluta. En cuanto a las series, especial dedicación merece en el capítulo 5 la constituida por los “artificios congéneres” del Aleph: el zahir, el libro de arena, la biblioteca de Babel, una letra de un atlas,  la memoria de Ireneo Funes, el jardín de senderos que se bifurcan, la antigua palabra nórdica “Undr”, el espejo y la máscara, la escritura del dios.

A la manera de un antilaberinto, el libro conduce al lector a través de los mecanismos que sostienen los cuentos, ensayos y poemas borgeanos, no desde una cronología ni desde una lectura biográfica, sino desde los núcleos conceptuales que permiten comprender la coherencia profunda de un corpus atravesado por la paradoja y la multiplicidad, un orden en tensión, un artificio frágil que revela, por contraste, la naturaleza caótica del universo.

“El divino desorden”, de Viviana Ackerman
El divino desorden, de Viviana Ackerman (Letralia-FBLibros, 2025). Disponible en Amazon

El divino desorden
Viviana Ackerman
Ensayo
Alianza Editorial Letralia-FBLibros
Caracas (Venezuela), 2025
ISBN: 979-8261976998
290 páginas

El libro abre con textos preliminares que funcionan como poética declarada: Ackerman define su proyecto como una guía de lectura surgida de su práctica docente, destinada a ofrecer un itinerario temático —no cronológico— por la obra de Borges. Ya en el prólogo de Osvaldo Gallone se destaca que la autora rehúye tanto la imitación estilística como los lugares comunes de la crítica borgeana, proponiendo una lectura clara, rigurosa y personal.

Ya en materia, la autora se interna en el magno bosque borgeano con claridad expositiva y una prosa precisa, que evita tanto la jerga innecesaria como la simplificación excesiva. Lugar central del libro lo ocupan los artificios del autor —el Aleph, los laberintos, las bibliotecas infinitas, los objetos imposibles—, que son leídos como intentos de imponer un orden simbólico sobre un universo inestable, siempre al borde del desbordamiento. El texto muestra cómo estos dispositivos no resuelven la tensión, sino que la exhiben y la sostienen como motor estético.

Otro eje relevante es el tratamiento del lenguaje y de la lectura. Los capítulos dedicados a los lenguajes fantásticos, a la traducción y a los pactos de lectura ponen en primer plano la figura del lector como partícipe activo del texto. Borges aparece aquí como un escritor que no busca la identificación emocional, sino la inteligencia y la complicidad de quien lee, imponiendo reglas, trampas y desafíos interpretativos.

El divino desorden dialoga además con tradiciones culturales y literarias diversas: la cábala, la filosofía idealista, el relato policial clásico, la teoría de la traducción y la crítica literaria del siglo XX. Estas referencias rehúyen la exhibición erudita y funcionan más bien como herramientas para comprender el entramado cultural que Borges reescribe y transforma desde los márgenes.

El libro cierra articulando la tesis general: en la obra de Borges, el orden —ya sea lingüístico, lógico, combinatorio, narrativo o metafísico— siempre emerge dentro de un marco de desorden, paradoja y contradicción. Cada sistema inventado es simultáneamente construcción y demolición. El “divino desorden” al que alude el título es, así, la matriz que explica la multiplicidad de artificios, lenguajes, mundos imaginarios, pactos y series que conforman la poética borgeana.

En conjunto, El divino desorden ofrece una lectura sólida y bien fundamentada que permite entender por qué Borges sigue siendo un autor central y vigente. Es un libro que acompaña al lector sin subestimarlo, que ordena sin clausurar y que invita a volver a los textos borgeanos con una mirada renovada. Para quienes buscan una guía rigurosa, pero accesible, este ensayo constituye una entrada especialmente valiosa.

Nacida en Buenos Aires en 1957, Ackerman es licenciada en Letras por la Universidad de Buenos Aires, profesora de francés, gramática y literatura, y traductora literaria especializada en ciencias sociales. Ha desarrollado una extensa trayectoria docente en instituciones argentinas y francesas, y coordina talleres de lectura en línea. Desde 2011 mantiene el canal Borges, los clásicos y los otros, dedicado al análisis y la divulgación de la obra de Borges y de la literatura clásica.

Jorge Gómez Jiménez

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