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Nos delata la perplejidad, de Rafael Figueredo Oropeza

viernes 20 de marzo de 2026
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Rafael Figueredo Oropeza
Cada texto de Rafael Figueredo Oropeza es una experiencia en la que encontramos rasgos referenciales de la ficción cultural: la mitología, sus personajes que se enlazan con el presente.

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Los meandros de este libro nos conducen a sentir que estamos ante un mundo en el que impera la extrañeza, el asombro, la sorpresa o el desconcierto. Se trata de una vacilante precisión en la que el ser humano siempre se encuentra. Revisa el pasado, lo mira con la perplejidad que los sinónimos anteriores no podrán encubrir.

Estar perplejo, asombrado, es la tarea permanente del poeta. He aquí que nuestro autor, el caraqueño Rafael Figueredo Oropeza (1987), habitante hoy de Bogotá, y licenciado en Física por la Universidad Simón Bolívar, se arriesga a hacer de esa confusa idealización de la realidad un espacio para abrirse camino a través de la poesía. Y así lo ha hecho: tiene en este oficio un camino abierto en el que abundan, en este, su primer libro, el todo simbólico de lo que su mirada encuentra, así como el rasgo mitológico que se halla en la vida diaria, en la existencia cotidiana, en el transcurrir mediato e inmediato. El ser humano es un sujeto de asombros. Su conciencia recurre a verse en algún abismo recreado. De allí el desconcierto.

Cada texto de este autor es una experiencia en la que encontramos rasgos referenciales de la ficción cultural: la mitología, sus personajes que se enlazan con el presente, de modo que el autor puede reflexionar sobre su acontecer o el ajeno, y así crea una atmósfera de universalidad que descubre, a través de símbolos, el diario vivir, de elevación. El vuelo, las alas de algún pájaro, forman parte de este imaginario que desde lo alto configura el dibujo de lo que suele ocurrir en la naturaleza humana, la que se advierte a través de un árbol, de un viento que trae a la mirada del lector la presencia de Gaia. Es la anatomía de la madre tierra, como avisa el autor, como deja ver su verso, su texto puro, sensible y abierto a muchas interpretaciones.

 

“Nos delata la perplejidad”, de Rafael Figueredo Oropeza
Nos delata la perplejidad, de Rafael Figueredo Oropeza (Negro Sobre Blanco, 2025). Disponible en Amazon

Nos delata la perplejidad
Rafael Figueredo Oropeza
Poesía
Editorial Negro Sobre Blanco
Caracas (Venezuela), 2025
ISBN: 978-9804241918
66 páginas

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Como no hay una ética de la lectura, como afirma Harold Bloom, podemos afirmar que este libro de Figueredo Oropeza le permite al lector elaborar una manera de “entrarle” al poemario sin ningún tipo de complejos, toda vez que sus poemas se revelan abiertos a todos los temas, desde los universales hasta los familiares. Desde la imagen metafórica hasta la más acusada por la directa realidad.

Un hombre es un fragmento de pájaro
que vuela con las alas rotas...

Esta imagen del pájaro y las alas aparece en varias ocasiones, lo que permite pensar en una mirada a la altura como una crítica a la terrenal “civilización y progreso”, ideario tan socorrido por las ideologías. Pero no queda allí, nuestro autor se encuentra con la poeta suicida Alejandra Pizarnik y le escribe:

Esta muerte lenta de ahogarse en los segundos.
La insistencia de meter la mano en la hoguera,
de volar alto aunque se nos derrumben las alas.

(...)

Estos huesos ya no brillan, Alejandra
(se los tragó la oscuridad).

La muerte, ese latido. Esa perplejidad. El asombro ante lo inesperado, ante la sombra.

Las palabras son personajes, se aparecen a través de la ternura: una hija que protagoniza dos poemas, y se vierte agasajo, pero también incertidumbre.

Y la ciudad, la Caracas natal, la que fue la de Enrique Bernardo Núñez, la de los techos rojos. La que ya no es, la de ahora, “la enmohecida”, como un reclamo al tiempo y a sus hombres.

 

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En el poema “Amélie Poulain ayuda a un ciego” el autor nos descubre el tema, la voz, la oración, que le da cuerpo al libro. Cuerpo que, como ya se ha dicho, se despliega temáticamente, se convierte en un enjambre de voces que siempre conducen al mismo sujeto (pluralizado) que escribe los versos:

Nos delata la perplejidad,
nos traiciona la expresión de lejanía en la mirada,
la luminosa atención a los detalles
o esa prodigiosa manera de arrastrar los pies
y cargar con todo el peso del mundo.

Una suma de instantes, de las pequeñas cosas, como en el poema “Caracol”, y de las personales actitudes: una poética de la vitalidad, de la búsqueda, pero también la de saberse responsable del peso de la realidad.

Un homenaje al poeta Rafael Cadenas desde un epígrafe del autor de “Derrota” espejea en el texto de Figueredo Oropeza a través del uso del yo, de esa autocrítica que desnuda parte de una biografía, propia o ajena, total, de todos los seres humanos:

Yo que soy el hombre de hojalata,
que fui creado imperfecto
para ser sólo una burla o una parodia.

(...)

Soy un analfabeto de las cosas del mundo...

El ser, ese extraño, frente al todo o a la nada: el tiempo, su enemigo, y el clima de las circunstancias forjadas por el mismo hombre:

Lamentaciones del pasado:
el caos, la entropía, la incertidumbre,
la desintegración del alma, la sensación de ahogo,
la herida no cicatrizada.

Y entonces la imagen de la muerte provocada por la guerra en el poema “Hiroshima”:

El sol estalló en la tierra.

 

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Y así como “la poesía nos llama al latido”, la aparición de la mitología, esa frecuencia creativa de la antigüedad que siempre aflora para dar lecciones, para desplegar la memoria de lo oculto y de lo luminoso. En este grupo están Penélope, Eurídice, Cibeles, Quíone, Perséfone y Asterión para, desde el silencio, que también es sujeto de poesía, celebrar a Reverón, tan mítico por el rastro que ha dejado en la cultura venezolana.

Cierra Rafael Figueredo Oropeza con “Arte poética”, en la que dice:

Para escribir poesía
lo indispensable
es aceptar
nuestra entrega inevitable
a manos de la muerte.

 

5

Rafael Figueredo Oropeza, en el año 2012, ganó el Concurso Universitario de Cuentos José Santos Urriola, y luego obtuvo el segundo lugar en el Concurso de Poesía Iraset Páez Urdaneta. También ha resultado ganador en el Premio Venezolano Solsticios en 2014 con el relato de ciencia ficción “Epidermis”.

Alberto Hernández
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