
Hay novelas que avanzan por la acción y otras que lo hacen por la conciencia. En estas últimas, la trama no se impone desde fuera, sino que se construye a partir de recuerdos, decisiones afectivas, errores asumidos y una mirada que vuelve sobre sí misma con honestidad. Son relatos donde la vida cotidiana, con sus zonas grises, se convierte en materia narrativa y donde la memoria funciona menos como archivo fiel que como territorio en permanente revisión.
Esos nombres raros se inscribe en esa tradición. En sus más de quinientas páginas el lector acompaña a un narrador que reconstruye su vida sentimental y laboral mientras intenta sostener una empresa en un contexto social adverso. El relato avanza por fragmentos, episodios íntimos y escenas de alta carga emocional, donde el amor, el deseo, la paternidad y la traición se entrelazan sin jerarquías aparentes. Más allá de una voluntad ejemplar o una moraleja, la novela es una larga exposición, la expresión de una duda y una búsqueda persistente de sentido.
Conversar con Américo Ramírez (Maracay, 1971), su autor, supone adentrarse en las decisiones que dieron forma a este libro: por qué contar una historia así, desde ese lugar, con esa voz; cómo dialogan la experiencia personal y la ficción, y qué implica escribir una novela que no esquiva la vulnerabilidad ni las contradicciones de quien narra. La entrevista que sigue se propone explorar esas zonas, atendiendo tanto al proceso creativo como a las preguntas de fondo que el libro deja abiertas.

Esos nombres raros: tras la captura del lector
Esta novela parece escrita desde una etapa de balance, donde la mirada hacia el pasado no busca ajustar cuentas sino ordenar una experiencia compleja. Me gustaría que comenzáramos por el principio y nos contaras cómo llegas a esta historia; cómo determinaste que la idea, la materia narrativa, estaba lo suficientemente decantada como para asumir la forma definitiva del libro.
Voy a ser inconvenientemente honesto, pues Esos nombres raros no es una idea preconcebida. Al contrario, esta novela surgió de forma inesperada, ya que fue la segunda opción para evitar confrontar una historia que aún no me siento listo para escribir. Así pues, extraje un trozo de una situación personal y comencé a fantasear sobre este parche de mí, que se concretó a través de los murmullos del subconsciente y que, con el pegamento de la ficción, comenzó a tomar forma, hasta que tomó el control de su propio destino. Sin embargo, estás en lo correcto respecto al orden y equilibrio que esta novela me proporcionó. En su escritura, entendí que estaba cerrando etapas inconclusas de mi vida. Una de ellas fue que descubrí un significado oculto: agradecer a los buenos amores que formaron parte de mi vida.
Maxwell, el socio de Mariano Mendoza en la empresa de seguridad Alta Protección, encarna el simbolismo de la ficción personal: su identidad, aparte de ser el motor de la novela, es una construcción que, bajo capas de ocultamiento, trata de protegerse de un pasado complicado. Y aunque hablamos de una “sociedad mercantil con fines de lucro”, como insiste en recalcar desde el principio el protagonista y narrador, estamos ante dos fuerzas opuestas y definitorias. Háblanos sobre la concepción de estos personajes y sus equivalencias con una realidad más amplia.
La historia comercial fue la que necesitó menos creatividad para lograr estos personajes. La persona que inspiró a Maxwell todavía vive en el mundo real, tal vez enfrentando los mismos problemas que dieron inicio a esta historia. Sólo que sus manías compulsivas están fuera del área donde viven sus antiguos compañeros. Nunca se debe subestimar el poder de la mente, especialmente cuando se esfuerza por luchar contra la infelicidad. La evasión de la realidad es una forma temporal de defensa que nos ofrece nuestro cerebro. El único error de Maxwell fue hacerlo permanente. Vivir en un sueño de fantasía del que el autor, usando su otro yo, Mariano, tuvo que despertar.
La trama empresarial, con sus tensiones legales y morales, convive con una exploración intensa de los vínculos afectivos; ¿cómo decidiste el equilibrio entre ambas líneas para que ninguna se impusiera como eje exclusivo del relato?
Mi elección de equilibrar el relato con un contraste emocional y personal se originó en mis incertidumbres acerca de si la trama de negocios, repleta de ejercicios legales, temas contables y circunstancias de oficina, se transformaría en un repelente para los lectores. Tenía en mente las frases de García Márquez: “Es más fácil atrapar a un conejo que a un lector”. Así, combiné la atracción universal de lo personal con la lejana historia de los negocios.
Hay en el libro una convivencia constante entre lo íntimo y lo social, entre la vida privada y un país que condiciona decisiones. ¿Hasta qué punto escribir esta novela fue también una forma de fijar una época y un contexto que sentías amenazados por el olvido o la dispersión?
Una vez escuché a Vargas Llosa hablar sobre el concepto de novela total, que es una visión amplia y completa de lo que rodea a la historia. Una forma de contrarrestar una mirada estrecha de los hechos, desconectada de un contexto esencial que muchos expertos de la literatura consideran como algo inútil que se debe eliminar. De hecho, para mí, el contexto juega un papel crucial al contar cualquier relato. Y una vez más, estás en lo correcto al identificar la amenaza del olvido. Para quienes escribimos desde lejos, el país, el barrio y la calle donde vivíamos hacen que el virus del desarraigo no nos afecte tanto y nos obligan a volver a construir el lugar que ya no habitamos. Todos necesitamos recordar nuestro propio Macondo.
Américo Ramírez y la angustia narrativa
A lo largo del libro reaparecen nombres, documentos, fichas y registros como formas de ordenar el caos. ¿Qué función estructural cumplen estos recursos dentro de la narración? ¿Qué crees que una narración más lineal no hubiera soportado?
Las fichas bibliográficas son el mejor invento que me ha ayudado a mantener algo de orden en casi todas las áreas de mi vida. Mi aniversario de matrimonio, mis consultas médicas y mis argumentos para protegerme en cualquier circunstancia cotidiana se presentan en mi mente en forma de fichas bibliográficas. De esta manera, como tú mencionas, organizo mi propio caos. Es mi ábaco personal. Como te respondí en la primera pregunta, el surgimiento de esta novela de una situación inesperada propició que dicha organización prevaleciera en la estructura mental hasta el punto de que se hizo evidente al lector.
La marcha del tiempo es única. Previsible, invariable, unidireccional e inalterable. Esas fuertes características que sostienen toda historia son, irónicamente, lo que motiva al escritor a desafiar esa línea del tiempo. Hacemos trucos, juegos visuales y acrobacias, aunque nunca podrán salirse de su camino. Con esa idea en mente, moví las cartas del tiempo para ocultar eventos en la novela que más tarde el tiempo revelaría. Cabe destacar que todas esas alteraciones las hice bajo el vértigo de que no quedaran bien, que no encajaran correctamente dentro de la trama. Aún me despierto por las noches sintiendo la angustia de haber cometido un error, como se dice en forma coloquial: una pata de cabra.
En Esos nombres raros, los personajes femeninos no cumplen una función ornamental ni secundaria: Miciela, Viviana y Sofía estructuran la vida emocional del protagonista y organizan buena parte del sentido de la novela. En estos tiempos en que la sociedad asiste a una resignificación y revaloración de los géneros, ¿cómo te planteas el desarrollo de un personaje femenino?
Adoro crear personajes femeninos desde el punto de vista masculino. Estoy convencido de que son fuertes, seguros, luchadores e incansables, pero al mismo tiempo tiernos, atractivos y estéticamente insuperables. Creo que, en mi papel de escritor, reflejo lo que he obtenido de ellas. No es una valoración cosmética ni para obtener simpatía feminista, en absoluto. Desde mi niñez, una circunstancia trivial ocupó un lugar en mi razonamiento infantil. ¿A quién elegiría para caminar conmigo por un cementerio a la medianoche? Todas las personas seleccionadas han sido mujeres. Mi madre, mi esposa, tías, primas, novias, maestras y amigas me han dado muchas características y habilidades para crear personajes femeninos.
Hay escenas de erotismo que no buscan el escándalo sino la comprensión del vínculo: no hay cosificación extrema, violencia sexual ni una mirada punitiva o degradante sobre los cuerpos. Sin embargo, en tu opinión, ¿qué papel cumple el cuerpo en esta novela? ¿Qué piensas de la cultura de la “cancelación” que se ha extendido actualmente?
Algunas personas que han leído la novela consideran que Mariano Mendoza es un mujeriego. Yo respeto la interpretación que cada lector le da a la obra, porque ésta ya no me pertenece. Pero, en lo personal, no estoy de acuerdo con ellos. Las relaciones amorosas que Mariano mantiene con Miciela, Viviana y Sofía se originan en un lazo auténtico de deseo retribuido. Se quieren a través de sus cuerpos, ya que es lo que les toca; es una de las inevitables y justas consecuencias de lo que han vivido juntos. Un mujeriego es alguien que busca chicas sin necesidad de tener una conexión emocional para relacionarse. Es sólo la búsqueda de sexo por diversión y para elevar su ego de conquistador, de macho alfa. Y eso, Mariano, jamás lo consigue en las 528 páginas de la narrativa. Las circunstancias y situaciones en la vida de los personajes llevan a Mariano a tocar el tema del poliamor. Por estas razones, todas las relaciones sexuales en la novela, sin importar el nivel de pasión, deseo o incluso deshonestidad, se presentan dentro de una sexualidad saludable entre las personas que consensúan. Los cuerpos sólo cumplen lo que desean.
En relación con la cultura de la cancelación, considero que se torna inútil cuando no busca la justicia, sino el linchamiento. Cuando prefiera callar a la persona que hizo algo malo en lugar de escuchar su disculpa. Cuando se usa, no para eliminar el error, sino para ganar atención de los medios. Cuando se usa fuera de tiempo, como en el caso de afirmaciones que antes no ofendían pero que ahora sí.
Llegará un momento en que la cancelación será tan intensa que un día se cancelará a sí misma.
La novela familiar, su género preferido
La novela se nutre de experiencias laborales y migratorias que forman parte de tu biografía, pero no se presenta como un relato testimonial. ¿Cuánto de ti hay en esta historia? ¿Cómo manejaste la distancia entre lo vivido y lo narrado para que la ficción respirara por sí misma?
Hay mucho, más de lo que la gente puede pensar, pero eso no me hace Mariano Mendoza. “La literatura es la mejor prueba de que una sola vida no nos alcanza”, escuché decir alguna vez. Para mí, ese concepto representa la fórmula que me permite interpretar mi existencia en diversas circunstancias. Esos nombres raros me dejó explorar los caminos que no escogí, imaginar el buen trato que nunca tuve y volver a luchar en esa batalla que perdí. Inicialmente, me empeñé en aclarar cualquier incoherencia que desvirtuara mi identidad. Sin embargo, uno no puede vivir manteniendo la distancia entre el escritor y el personaje principal de la historia. Incluso decidí escribir en mi blog una historia titulada “Yo no soy Mariano Mendoza” y terminé sugiriendo una solución que equilibra las cosas: Mariano es mi primo político. Indudablemente, lleva la sangre del hermano de mi padre; sin embargo, también posee otra mitad distinta, la de mi tía política, a la que le llamamos con afecto la tía Ficción.
Tienes un libro anterior, 50 historias de drivers, una colección de relatos nacida de tu experiencia como conductor de Uber. ¿Puedes hablarnos de ese libro y de lo que representó en tu crecimiento como escritor?
50 historias de drivers es la publicación que me ha llevado a esta loca e imperfecta carrera como escritor. Al principio quería llamarla “Mis garabatos”, porque esos cuentos que ahora me avergüenzan fueron los que me hicieron sentir la necesidad de seguir escribiendo. Las historias de ese libro, que originalmente publiqué en mi blog, fueron leídas en 79 países durante la pandemia. Una lectora de Argentina, sin darse cuenta, me dio el título que uso para defender mi lugar en la literatura; esta señora describió correctamente mi escritura como literatura doméstica. Esto es lo que me define, un escritor sin formación académica, pero con la intención de narrar historias originales y que, al concluir la lectura, dejen una agradable y cercana sensación.
Después de haber trabajado otros registros —la novela previa, el relato breve, la literatura infantil—, ¿qué lugar ocupa este libro dentro de tu trayectoria? ¿En qué género te sientes más a tus anchas? ¿En qué proyecto te ocuparás próximamente?
Esos nombres raros es mi primer salto sin red. Es el principio de lo que vendrá. Es el asesino del impostor.
Sin duda alguna la novela familiar es mi género preferido para escribir, es una fuente inagotable de historias que evitan ver la luz.
En pocas semanas saldrá mi segundo libro infantil, llamado Sol, un potro brillante, y actualmente estoy a la mitad del proceso de escritura mi segundo libro de relatos, la secuela de 50 historias de drivers.
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