
El oficio inútil
Winston Morales Chavarro
Poesía
Editorial Universidad Surcolombiana
Neiva, Huila (Colombia), 2025
ISBN: 978-628-7813-21-2
62 páginas
I
No quiero escribir poesía
Basta ya de pájaros
Y de aleteos esquivos de música.
Para mí la poesía
Es un pergamino en extinción
Un grito que emerge de una oreja sorda.
Basta ya de ella
De endulzar lo que es amargo para el gusto.
Basta de poesía,
Poetas,
Silencien sus espasmos y sus miedos
Sus urticarias dolorosas
El mundo no necesita poetas
Ni siquiera poesía
—que nunca fue lo mismo.
En la edad del hastío y de la lágrima
Escribir es un oficio que ya no encuentra espejos.
Es mejor la oscuridad
Callarse y proseguir la huella
Que nunca debió tocar el pie.
II
De todos los oficios inútiles
Escribir es el más elevado de ellos.
Se nos enseñó a escribir con sangre
Pero nadie llora sobre la sangre derramada.
A nadie ni a nada inmuta el borbotón de una arteria rota.
¿Para qué escribir en tiempos de penurias?
Al diablo las estrellas
La luz colgante que mana de las noches.
Escribir es un oficio inútil
A nadie salva
Nada reivindica.
Pesimistas
Deberían llamar a los poetas.
El optimismo es una cosa
Que se estrella en los vacíos de quien no tiene corazón.
III
La poesía perdió la voz desde que descendió la noche
Está afónica de propagar su grito.
Hay mucho moribundo en los cementerios
Cristos crucificados en los malecones junto al río.
En los mercados
Todo el mundo vocifera
Y supone que le hace un gran favor a la diosa del poema.
Pero no hay poesía
Hay fórmulas,
Destierros
El concepto que corta las alas a los escalpelos de la luz.
Mucho grito hay en la Escombrera,
En las carretillas que circulan por antiguas osamentas.
Pero todo es reflector,
Juego de dados;
Hay que bajar las cometas de los cielos
Impulsar el brillo momentáneo de una mónada:
La poesía se quedó sin hilo
Perdió su canto desde que el último cristiano expiró en la cruz.
IV
La inutilidad del paisaje
Desborda las hojas negras de una necrópolis.
El paisaje ha desaparecido del poema
Ha sido reemplazado por los reflectores de una acústica muda.
La mercancía es el paisaje
Y en ese trote infatigable de las horas
Los poetas llevan un rótulo de éxito antes que de poesía.
Hay más poetas que búsquedas
Más máscaras que rostros de inocencia.
El espíritu perdió la fe
La sustancia inconsútil de las viejas profecías.
Ser poeta ya no es un arte adivinatorio
A duras penas se calcula el grueso del espejo
De la asociación de versos por minuto.
Ser poeta es un sello más de la farándula
De la banalidad estertórea que maúlla en viejos escenarios.
El vidente ha desaparecido de la faz de la tierra
De los inframundos.
Ser poeta no llega a la altura de demiurgo...
Se extraviaron las agujas de ese viacrucis espiritual.
V
Todo crece
Menos poesía
En los terrenos del poema.
Ya no hay tierra fértil...
Parábola del buen pastor.
Todo es ceniza
Escombreras desoladas
donde el silencio impera como un cuchillo.
Se levantan entre multitudes los huesos de una diosa
Un millar de ojos ovacionan el esqueleto sin pellejo
Pelado como una piedra de moler vacíos.
El llanto crece como hierba amarga
Como rosa negra donde la espina es más grande que el
pétalo de una lámpara.
Crece el olor a muerte
El silencio de los cementerios
El amarillo de los génesis bifurcados.
Todo crece
Menos poesía
Acá no hay tiempo para cánticos fantasmas.
Las balas son las sonatas de un piano
Entonadas por un emperador.
- El oficio inútil, de Winston Morales Chavarro
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