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Eso de la comunicación real

lunes 20 de julio de 2026
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Eso de la comunicación real, por Rafael Pérez Ortolá
Nunca expresamos o captamos un mensaje con exactitud.

A la hora de comunicarnos intervienen numerosos factores. Nos aturden con sus variadas características, intensidades y la oportunidad de su presencia. Reúnen un sinfín de matices, veamos si no los efectos de las palabras, sentidos atribuidos, frases, entonaciones, doble significado, momento de la elección, etc. Interfieren también las imágenes, sensaciones acompañantes, referencias, modelos, interlocutores. Construimos funcionamientos complejos, HETEROGÉNEOS. En esos discursos escasean los trazados nítidos, las ramificaciones brotan por doquier. El entendimiento persigue la identificación de trazados útiles, sin conseguir jamás la integración completa en las deliberaciones.

A la hora de comunicarnos, o simplemente intentarlo, a los múltiples factores implicados se añaden las cambiantes condiciones CIRCUNSTANCIALES; con frecuencia suelen determinar el verdadero alcance de la comunicación. Se adscriben a diferentes fuerzas influyentes, que, además, tienden a ser excluyentes. Cada vez estamos más expuestos a las evoluciones de la tecnología y poco dotados del suficiente conocimiento para afrontarlas debidamente. Las inusitadas influencias ambientales derivan de incontables núcleos activos, algunos conocidos, con proliferación de las estrategias basadas en ocultamientos maliciosos. Las añoradas transparencias se nublan con extrema facilidad, la claridad no es habitual.

A la hora de la verdad, en la práctica, no se trata del protagonismo del deseo, sino de la posibilidad efectiva de transmitir determinados mensajes. Esa disonancia la experimentamos diariamente en el ambiente FAMILIAR. Los padres quieren lo mejor y los hijos quieren conquistar el mundo. Sin embargo, los primeros tienen dificultades para enlazar sus deseos con las expresiones más efectivas, que además van a enfrentarse a la sensibilidad de sus descendientes. La captación filial de aquellas manifestaciones se ejerce desde personalidades nuevas con otras características. Emergen nuevos trazados con propiedades peculiares de predominios imprevisibles; al analizarlos, obtendremos perspectivas novedosas.

Si nos situamos en la esfera escolar, hasta universitaria si queremos, las posibilidades de dichas relaciones se enredan todavía más. Quizá el punto de partida ya presenta discordancias notables, al confrontar los objetivos de profesores y alumnos; ni tan siquiera son uniformes para unos y otros. En la ENSEÑANZA son fundamentales las actitudes adoptadas por las dos partes; si algo se pone de manifiesto es la cantidad de factores influyentes, el habla, la atención, la preparación previa, la heterogeneidad de las mentes, los recursos y la buena disposición en general. No basta la mera exposición; las sugerencias, la creatividad de cada cual, inciden en la transmisión de las ideas, son decisivas.

En los eventos con mayor concurrencia de participantes se parte obligatoriamente de dos hechos, la ausencia de una verdad absoluta y la diversidad de versiones sacadas a relucir. El intento de suplantar estas dos realidades sólo contribuye a la confusión progresiva y las conductas desmedradas, de tanto predicamento en los ambientes desaforados que vivimos. Sin inteligencias razonables no es posible encauzar algo tan caótico; sin embargo, no bastan ni la inteligencia ni los razonamientos. Se impone la necesidad de los DIÁLOGOS que puedan ser denominados como tales. En la universidad, en las escuelas, en la sociedad en general, son los procesos encaminados al logro de los avances comunitarios.

Es sospechosa la facundia de ciertas personas, sobre todo al hablar, cuando afirman referirse únicamente a realidades palpables, renegando en su perorata de las argumentaciones ajenas. Y no suelen ser de fiar, porque su misma contundencia los descalifica. No es tan sencillo, el lenguaje de los HECHOS es de una complejidad inusitada. Varían según los autores y elaboración, si se presentan como un hecho aislado o asociado a otros, causando efectos de muy distinto trazado. Valorados de cerca o de lejos, a través de los puntos de vista de quienes los analizan, en unos ambientes u otros, las contradicciones surgen y requieren gran atención; la riqueza de matices condiciona la idea final.

Se producen comunicaciones limpias, sin aditamentos de intereses ocultos, enriquecen las vivencias individuales y colectivas. El tratamiento de sus intercambios ya es de por sí complejo, debido a la proliferación de contactos y matices. Aun así, a la menor sobreviene el RESBALÓN, la nitidez del mensaje emitido sufre modificaciones a partir de su puesta en circulación. Los primeros deslizamientos, en la misma captación y percepción por parte de quienes los reciben. Algunos son inevitables, por las características naturales involucradas. Son más inquietantes aquellos promovidos por las maniobras tendenciosas. A base de subterfugios y silencios, convierten la transmisión en estrategias subyacentes.

La desazón nos incordia, por la imprecisión y la incertidumbre, que no son obstáculo para la aparición de experiencias fascinantes, en la comunicación y en muchos otros sectores. La evidencia es notable, nunca expresamos o captamos un mensaje con exactitud. No faltan los detalles previos decisivos, influyentes sobre los sentidos de las expresiones, ni qué decir de los matices propios al intervenir o las modalidades adaptadas al intérprete final. Derrida insistió mucho sobre esas diferenciaciones, se añaden sutilezas en cada manera de expresarnos; son MAGNÍFICAS maneras de participar, intransferibles e incluso coquetas. Una verdadera condensación del acontecimiento real de comunicarse.

Ardua labor esta de intentar fijar las posiciones de cuanto se emite desde cualquier protagonista y sus repercusiones sobre el amplio receptáculo de la sociedad o del inmenso mundo subyacente. Sus registros lucen desde sus ubicaciones, códigos arraigados, la noosfera del saber en general, las redes servidoras de dueños ocultos y las estructuras menos sólidas de los opinadores diarios en medios escritos u orales. Si nos centramos en el PERIODISMO, se resiente el meollo de la comunicación. Por su misma naturaleza imprecisa y por el inmenso lastre adherido a sus funcionamientos. Ante la profusión de los ofrecimientos, el laberinto se agranda con la mayor confusión experimentada hasta el momento.

Las grabaciones no son equivalentes a los escritos, suelen permanecer un tanto en la reserva, mientras el lenguaje escrito está como más expuesto. Entre los escritos, libros sobre todo, y sus lectores, se establece una especie de DANZA de evoluciones interminables, con versiones de lo más insospechadas. La mediocridad, con sus innumerables versiones, o la excelencia menos extendida, afectan a su vez al estamento de lectores y escritores. Con el paso del tiempo se diluyen infinidad de evoluciones insignificantes y lucen algunos destellos con peso específico. Observamos decires y comunicaciones peculiares, dependientes de su propio potencial, que testifican sin necesidad de otros acompañantes.

Entre bromas y veras, frivolidades y sesos calenturientos en marcha, si una cosa queda clara para cualquiera es la imposibilidad de dominar el cotarro de las ideas; una cosa son las ínfulas personales y muy otra, la entidad de los acontecimientos. Las lagunas mentales se acrecientan hasta donde llegamos a percibir, si sabremos lo que llevamos entre manos o hacia dónde avanzamos los proyectos. Desprovistos de la totalidad conceptual, nos ronda la ENAJENACIÓN epistémica, sólo presumimos del conocimiento, dado que funcionamos con aproximaciones; nos pueden desviar del fondo nuclear de nuestra posición, del arraigo natural, si es que realmente existe. La posición personal es una incógnita.

La desorientación se acrecienta al introducir los términos de igualdad y diferencias; alguien intenta confundirnos o nos liamos solos, los detalles se multiplican y eso de la igualdad no aparece por ninguna parte. Semejante distorsión de los conceptos pone muchas trabas a las relaciones cotidianas; hasta el punto de hablar a diario de realidades inexistentes. Las referencias constantes al BIEN COMÚN expresan una de dichas actitudes. Aproximaciones a las ideas, muchas; precisiones y actitudes coherentes, escasas. ¿De qué hablamos al referirnos a ese concepto? Con el riesgo de centrarnos en la idea enigmática, escapando de otros planteamientos pertinentes y de mayor consistencia.

Bien está que cada uno se exprese a su modo, aplicando sus sentimientos, es lo natural. No lo serán los intentos de imponerle desde fuera las maneras de actuar, ni tampoco eso de extender sus peculiaridades al resto de coetáneos. Las vivencias disponen de su lugar y momento oportunos; si no se respetan esas condiciones, aumentan las turbulencias ambientales. A diario se cita la MEMORIA sin aclarar los matices. Y es muy distinta la memoria global, histórica, completa, para que uno asimile sus aportaciones, frente a la memoria individual o grupal, sectorial y reduccionista. El verdadero sentido de cuanto se debate se modifica notablemente según los métodos adoptados para su utilización.

Ese yo que se supone llevamos dentro, con sus enrevesados componentes y la imprecisión a flor de piel, adopta determinadas actitudes con ínfulas de un lustre devenido en quimérico. Su singularidad no tiene el camino expedito para actuar a sus anchas. Esa supuesta identidad personal tropieza, a la hora de expresarse, con sutiles TRAMPAS de dura realidad. Destaca la propensión a una fijación, incompatible con el dinamismo de los entornos y con las modificaciones en su propio organismo. También surge esa especie de sinécdoque de resumir su complejidad en una actitud aislada. O la enajenación de actuar sin contar con los acompañantes. El valor de sus dichos queda en entredicho.

Si nos resulta tan laborioso eso de lo que vamos a decir, lo que nos dicen, lo que se dice, eso sería razón suficiente para no enredar la madeja. Sin embargo, primero la vida individual y después todo el contingente comunitario, van mucho más allá. Las tensiones abarcan áreas con diferentes actividades, con intereses polémicos, caprichos y perversidades peligrosas; sin poderse aislar de las maneras de comunicarse unos con otros. Sin entrar en esas maniobras, sus fondos son infinitos, como simple mención anotaremos las MANIPULACIONES tendenciosas, tan evidentes en los medios de comunicación, con ropajes adheridos a todas las triquiñuelas. Al final, la ingenuidad y la inocencia se evaporan.

El genio de Francisco de Goya plasmó aquella idea de los monstruos de la razón, que no pierde nada de su actualidad. Dejando aparte que pueda emplearse razonablemente, valga la redundancia, está sujeta a incontables peripecias existenciales. Los desequilibrios mentales no son siempre aparatosos, con frecuencia pasan desapercibidos, aunque sean decisivos en las variadas formas de comunicarnos; obsesiones, estupidez, neurosis diversas o comportamientos psicóticos nos acechan. Si bien, en términos menos drásticos, la simple desmesura razonadora consigue relegar otras cualidades y alejarlas de la dialéctica. Las incoherencias abundan en ese panorama tan amplio.

Tenemos serias dificultades para decir y expresar cuanto necesitamos a la hora de acercarnos al conocimiento, a las personas y al mundo en general. Desde el cosmos a la tierra que pisamos, cualquiera de las personas o las múltiples situaciones existenciales, no podemos dejar de lado ninguno de los componentes; las ligazones de la trama vital estarán presentes. Citamos palabras, imágenes, significados, sensaciones, con el horizonte abierto que no depende de nosotros.

Esa simbiosis con la tierra en su sentido profundo, la obra de los humanos inseparable de sus mentalidades y ofrecida al resto de la comunidad, la dice muy bien sin palabras la obra artística de Eduardo Chillida. Según sus palabras, desde el nacimiento, primero se considera persona, para asimilar la tierra, sus acompañantes, sus actividades, con la dedicación entusiasta y colaboradora que le confiere sentido. Nos transporta a esferas donde la integridad reúne la diversidad y las experiencias sublimes, sin perder los rasgos intransferibles de una persona.

Gozos y sombras surgen de las maneras de comunicarnos; ausencias y presencias se turnan para dejarse notar. Delimitan esa realidad que brota desde el abismo, cargada de ilusiones y sueños:

Los decires son intrincados
Y las escuchas capciosas.
Pese a todo,
Algún enlace hilamos
Y tensas tramas fraguamos.

Rafael Pérez Ortolá
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