Extraordinario texto. Valiente como las cosas puras. Conmovedor como todo aquello que sin adorno nos es ofrecido como es. Trascendente porque es una mirada clara, sin reticencias, pero a la vez suspendida entre la realidad de la que se trata de escapar y la otra, la que está dentro de uno mismo. Whitman es leído y entendido como no lo haría el más erudito de los críticos. De él tomo la esencia, lo que perdura, y las indicaciones sin imperativos que señalan los caminos. Y ha sido fiel a ese mandato. Derroteros cuyas señales no hay que demostrárselas a nadie, porque no se siguen esos andares escarpados para reunir una biliografía sino para comprender que “sólo el verbo gratuito podía devolverle la cordial relación con la realidad, con lo que creía el humilde propósito de la poesía y no ese afanoso universo de artificios verbales que consagran la ilusión de un arte concebido para el regodeo de personas engreídas.”. Un proceso de una gigante hermosura que concluye con la única certeza que nos es dada en estos tiempos de infamia: “el don, el regalo inexplicable de estar aquí es demasiado breve para concedérselo al impostor que pugna por dominarnos”. Saludo con alegría este encuentro con Walt Whitman, este viaje por los ríos contenidos, que ahora fluyen hacia el porvenir. Gracias, Mario, por tu dedicatoria. Me es muy grata al corazón.

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