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Shelley, la mujer que inauguró la ciencia ficción

jueves 20 de junio de 2019
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Mary Shelley

Abordemos la obra de Mary Wollstonecraft, esposa del romántico Percy Bysshe Shelley. De ella, sabemos que tuvo una infancia difícil (murió su padre nada más nacer), si bien lo que no deja de llamarnos la atención es que fuese aplaudida por público y crítica cuando aún no había cumplido los veinte.

Frankenstein se centra en la creación del monstruo y la figura de un ser creado que se ve a sí mismo como una criatura repulsiva.

T. Fisher ha llevado la obra de Shelley al cine (el film de 1974 comienza con la exhumación de un cadáver y termina con el inicio de la creación de un ser artificial (Frankenstein y el monstruo del infierno). La concepción de la criatura para Fisher no únicamente escapa de todo lo visto —y leído— hasta entonces, sino que propone un sinfín de estimulantes aristas para intentar esbozar, siquiera mínimamente, la inmensa complejidad del cine.

En cuanto a la novela de Shelley, Frankenstein se centra en la creación del monstruo,1 y la figura de un ser creado que se ve a sí mismo como una criatura repulsiva, hoy es vista como un personaje simpático capaz de eclipsar a su creador.

Tras seis capítulos en los que sólo vemos una narración, aparece la venganza del monstruo que, pese a los crímenes, da prueba de su sensibilidad, en tanto que se muestra ansioso por ver a una mujer que, por monstruosa que sea, le sirve de compañía. Es lo único que quiere de su creador, siendo pues el motivo de sus crímenes.

Tras la muerte de su marido, Mary quiso difundir la obra de su difunto esposo. Así, Adonais, El triunfo de la vida o Defensa de la poesía, éste último en prosa, son algunos de los títulos de esta amante del platonismo, de Dante y Calderón.

Mary Shelley dice en su Frankenstein:

“Maldito sea el día en que recibí la vida”, exclamaba desesperado. “Maldito sea mi creador: ¿por qué me habrás dado la forma de monstruo, tan repugnante que hasta tú te alejaste de mí?”.2

Se observan ciertas similitudes con Fausto, en tanto que Goethe nos presenta a un doctor que se da cuenta de que en nada ha contribuido su alejamiento de las grandezas humanas a la hora de mejorar a los hombres:

¡He aquí tu mundo! ¡Y a eso se llama un mundo!

Tanto en Shelley como en Goethe se observa hastío a un mundo contra el que clamarán los escritores románticos. En ambos autores prima el sentimiento sobre la razón, y el joven Werther (personaje creado por Goethe) será capaz de llegar al suicidio por un amor no correspondido.

La riqueza de significados de la obra de M. Shelley ha dado lugar a múltiples interpretaciones.

Pero es el famoso cuento “El patito feo”, de Andersen, un claro ejemplo de ese personaje que sufre por su fealdad, al igual que le ocurre al personaje de Shelley. Frankenstein es una monstruosa criatura: es la creación del doctor.

Creación es también el personaje de Carlo Collodi, el genial Pinocho. Tanto el cuento de Andersen como el de Collodi pertenecen a esa tradición de cuentos fantásticos que no aparece en Europa hasta el siglo XVI, con la obra de G. Francesco Straparola Noches agradables. Ahora bien, pese a la diferencia de géneros entre Collodi y Shelley, ambas obras poseen un rasgo común: existencia de un ser creado y un creador.

En cierta forma, Frankenstein3 es una alegoría de la perversión que puede traer el desarrollo científico. La rebelión de la criatura contra su creador es un claro mensaje del castigo que deriva del uso irresponsable de la tecnología, siendo el mal sólo una consecuencia imprevista de este uso.

La riqueza de significados de la obra de M. Shelley ha dado lugar a múltiples interpretaciones, así como hemos visto anteriormente a numerosas adaptaciones cinematográficas. Así, el argumento está compuesto de tres narraciones concéntricas, siendo el inicio el relato de Robert Walton a su hermana en sus cartas (su viaje al Polo Norte).4

La novela de Shelley alerta de los peligros de la sociedad al jugar con la ciencia experimental.

La dualidad Víctor-monstruo pudiera engarzar con el célebre título Dr. Jekyll y Mr. Hyde, así como pudiéramos señalar numerosos temas tales como el ansia de saber, la citada anteriormente lucha contra la tecnología, la corrupción de la inocencia, la exaltación de la amistad, el principio de la vida y el mito de la creación, el conflicto entre creador y criatura, el mundo como caos (sin orden ni concierto), un escepticismo presente en la obra, la necesidad de independencia de las mujeres, la dicotomía razón-imaginación…

En definitiva, con el Romanticismo, las convenciones clásicas caen en desuso, encontrándonos con tramas rápidas y complejas, a la vez que una mayor libertad estilística, hechos presentes en Stoker y en Goethe, pero también en Shelley.

Del vínculo con la muerte, dijo Esther Cross en cierta ocasión:

(…) la muerte era algo que palpitaba, por decirlo de una manera bien típica de esa época, en su vida, no solamente con la muerte de la madre después del parto sino también con el suicidio de una media hermana de ella, el suicidio de la mujer de Percy Shelley, las frecuentes visitas de ella al cementerio porque además la madre de ella era una persona muy admirada y la gente visitaba las tumbas de las personas admiradas, así que ella iba todo el tiempo al cementerio a visitar a la madre. De hecho, ahí se encontraba, en la tumba de la madre, con su amante, que era Shelley. La muerte de estos hijos tan jóvenes, la muerte del hijo de una media hermana de ella. La muerte estaba ahí siempre, rondándola.5

Resumiendo, la novela de Shelley alerta de los peligros de la sociedad al jugar con la ciencia experimental. Traspasar los límites de la naturaleza tendrá graves consecuencias. Sin duda alguna, jugar a ser Dios se pone sobre la mesa en la obra de quien es considerada por muchos como la primera autora de ciencia ficción.

 

Bibliografía consultada

  • Lecercle, Jean-Jacques. Frankenstein; Mito e filosofia. Traducción: Rosa Amanda Strausz. Río de Janeiro: José Olympio, 1991.
  • Molina Foix, J. A. (ed.), Drácula, por Bram Stoker. Madrid. Cátedra, 1993.
  • Noguera, A. J., La sangre es la vida. Diputación de Málaga, 2002.
  • Silveira, Tomás de Aquino. Frankenstein, de Mary Shelley. En: Guimarães, Euclides et al. Os deuses e os monstros. Apresentação Haroldo Marques. Belo Horizonte: A Autêntica, 2001 (Coleção Convite ao Pensar), pp. 103-123.
Rafael Bailón Ruiz
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Notas

  1. La creación del monstruo es “sueño de Fausto hecho realidad”.
  2. Shelley, M., Frankenstein o el moderno Prometeo. Clásicos Universales (1994). P. 131.
  3. El nombre probablemente alude al pueblo del mismo nombre (entonces alemán, hoy en Polonia), donde se extraía oro y plata con nuevos procedimientos químicos que comportaron importantes problemas de salud. Otra teoría sostiene que refiere a un castillo cercano a Darmstadt, donde un notorio alquimista llamado Konrad Dippel hizo algunos experimentos con cuerpos humanos (Mary Shelley habría conocido el castillo durante un viaje a Suiza).
  4. En una de esas cartas se inserta la narración de Víctor Frankenstein a Walton.
  5. Cit. La mujer que escribió Frankenstein, de Esther Cross.