Saltar al contenido
Uno o dos de tus gestos, el más reciente libro de cuentos de Jorge Gómez Jiménez, editor de Letralia

La riqueza de los lenguajes especiales: jurídico, humanístico y científico

jueves 18 de julio de 2019
¡Compártelo en tus redes!
La riqueza de los lenguajes especiales: jurídico, humanístico y científico, por Rafael Bailón Ruiz
Del lenguaje científico, existe unanimidad al destacar su enorme progresión (es quizás el lenguaje especial que más se ha desarrollado en los últimos dos siglos).

Entiéndase por lengua especial aquella que es vinculada a un grupo (social o profesional) muy bien definido, que además de la lengua especial emplea también la lengua común. En este sentido, cabe hablar de “lenguajes profesionales”, “lenguajes técnicos” o “tecnolectos”. Nos centraremos en los lenguajes jurídico, científico y humanístico.

Frente al lenguaje científico, que se caracteriza por un incremento sucesivo de su léxico, el lenguaje jurídico manifiesta un cierto conservadurismo.

El adjetivo correspondiente al sustantivo derecho es jurídico (del latín ius y dicere). El lenguaje técnico y peculiar del derecho se denomina, por tanto, jurídico. Expresa sus supuestos con todo detalle y no de modo tácito. No se sobrentiende nada. No es un “corpus” de verdades universales, sino un conjunto de normas.

Éste posee una terminología propia, cargada de tecnicismos (apelar, fallo, delito, desacato, estupro, hurto…). Los latinismos y arcaísmos son lógicos si tenemos en cuenta, además del lento caminar de las leyes, que el derecho español parte del derecho romano y visigodo (pueblo enormemente romanizado, que redactó el Liber Judiciorum en el que se inspiró Alfonso X para redactar el Código de las Siete Partidas). Con todo, en el Renacimiento se dará entrada a locuciones italianas; en la época napoleónica, a locuciones francesas, y, modernamente, con la internacionalización de la política, comercio, industria y comunicación, a las inglesas.

Frente al lenguaje científico, que se caracteriza por un incremento sucesivo de su léxico, el lenguaje jurídico manifiesta un cierto conservadurismo. Y así se observa, como un rasgo distintivo y típico, el empleo de fórmulas fraseológicas, expresiones fijas, latinismos y arcaísmos.

Cierto es que el derecho es el arte de lo bueno y lo justo. Así pues, “donde está el hombre, allí está la sociedad, donde hay sociedad, allí está el derecho”.1

Los rasgos definitorios del lenguaje jurídico podrían resumirse en una tendencia clara a la construcción nominal, un vocabulario dinámico empleado en la legislación, presencia de los discursos argumentativo y expositivo, construcciones pasivas y empleo de anafóricos. En relación con el último de los rasgos citados, cítese el uso de dicho, mencionado, citado, expresado, indicado, referido, aludido, este, ese y aquel. No nos olvidemos del redundante “el mismo”.2

 

Si hablamos del lenguaje humanístico, entiéndase por humanísticas “aquellas manifestaciones que estudian la naturaleza espiritual y social de la humanidad en el conjunto de sus manifestaciones históricas y culturales”.

Las apelaciones deícticas al receptor, los conectores de carácter argumentativo y expositivo, así como el predominio de la subordinación y coordinación en el plano sintáctico, definen este lenguaje.

Por último, del lenguaje científico hemos de destacar la universalidad o generalidad, objetividad, afán de univocidad y rechazo de la ambigüedad.

La divulgación de la ciencia es un hecho más que constatado, así como la notable presencia de cultismos en el ordenamiento jurídico.

Del lenguaje científico, existe unanimidad al destacar su enorme progresión (es quizás el lenguaje especial que más se ha desarrollado en los últimos dos siglos).

En el plano morfosintáctico, cabe reseñar la presencia de construcciones subordinadas adjetivas explicativas, uso de la conjunción “o” con valor de equivalencia, oraciones impersonales y pasivas o empleo del artículo con valor generalizador, entre otros aspectos. Del nivel léxico-semántico, destáquese una terminología muy específica (abundante uso de tecnicismos), así como procesos de formación de palabras, caso de préstamos, derivación y composición.

En el campo de la informática, tenemos términos tales como byte [bait] y bit [bit]: el término inglés bit, acrónimo de bynary + digit, es la unidad mínima de almacenamiento informático, basado en un sistema binario; ocho bits equivalen a un byte, por lo que este último término es sinónimo de “octeto”. Soporte y paquete son ejemplos de calcos.

 

El mundo de la informática es un claro ejemplo de incorporación de neologismos: direccionamiento, ensamblador o periférico lo demuestran.

En definitiva, es apreciable la riqueza léxica de los tres lenguajes anteriormente aludidos, siendo de vital importancia el lenguaje humanístico en el ámbito educativo. De igual forma, la divulgación de la ciencia es un hecho más que constatado, así como la notable presencia de cultismos en el ordenamiento jurídico. Hemos señalado ya antes los numerosos ejemplos de voces procedentes del latín y que forman parte del vocabulario jurídico. Cítense (a modo de muestra): equidad, fidedigno, sanción, usufructo, legítimo o civil.

 

Bibliografía consultada

  • López Quero, y A., Comentarios lingüísticos de textos (humanísticos, jurídico-administrativos, literarios, español de América y andaluz), Granada, 1996.
  • Marcos Marín, , El comentario lingüístico. Metodología y práctica, Madrid, 1977.
  • Mederos Martín, , Procedimientos de cohesión en el español actual, Santa Cruz de Tenerife, 1988.
  • Osuna García, F., El comentario lingüístico. Teoría y práctica, Granada, Ediciones Método, 2002.
Rafael Bailón Ruiz
Últimas entradas de Rafael Bailón Ruiz (ver todo)

Notas

  1. Carretero González, C., “Características del lenguaje jurídico: el lenguaje procesal de ciertos actos de comunicación”. En Revista de Derecho Procesal, Nº 1, 2006.
  2. Etxebarría, M., “El lenguaje jurídico y administrativo. Propuestas para su modernización y normalización”. En Revista Española de Lingüística, 27, 2, pp. 341-380, 1997.