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Diarios de guerra (3)
“Tengo la impresión de que algo va a explotar”
(tercera carta a Victor Klemperer sobre sus diarios: 1933-41)

viernes 1 de diciembre de 2023
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Victor y Eva Klemperer
“En medio del horror, querido amigo, sigue siempre su pequeño refugio: su esposa, los libros y la escritura”. Eva y Victor Klemperer de paseo con su Opel de segunda mano. Biblioteca Estatal y Universitaria de Sajonia de Dresde
Diarios de guerra, por Carlos Balladares CastilloLlevar una bitácora en medio de la tormenta de la guerra se convierte en un archivo de los sentimientos más sinceros, de las sombras y luces de la persona. En esta serie epistolar, el venezolano Carlos Balladares Castillo escribe principalmente sobre diarios de la Segunda Guerra Mundial, pero también sobre otros subgéneros de la llamada literatura autobiográfica como las memorias y las autobiografías.

 

Querido don Victor:

No lo olvido porque su Diario siempre me permite la cercanía y la amistad. Y desde esa distancia a la luz de sus vivencias le cuento las mías en este país tropical tan diferente y tan parecido al suyo. ¡Son tantas cosas que quiero contarle! Pero lo primero es que al abrir el Papel Literario, suplemento de El Nacional (usted sabe, el periódico digital donde me publican los miércoles mis artículos semanales), me encuentro con usted. Sí, no le miento, allí estaba su rostro mirándome gracias a una foto que acompaña el excelente escrito sobre sus diarios del director: Nelson Rivera (“Victor Klemperer: ‘He aprendido a tartamudear como si fuese mi lengua materna’”, 24 de enero de 2021). ¿Seguro que no se imaginaba que tendría tantos admiradores tan lejos de Alemania y ochenta años después?

Tal como le dije en mi anterior carta ya leí su Diario hasta principios de 1941 y lo que hago ahora es releerlo a su lado. Es inevitable repetirse porque así son las bitácoras de vida, aunque intentaré no volver a comentarle viejos temas ya muy bien tratados entre la revisión de los años 1933 a 1934. Ahora nos toca de 1935 a 1936 en una sola carta, pero la verdad es que no pude pasar del año 35. A dos años por carta sólo le debería dos más y después tendría que mandarle una por año. No niego que lo extrañaré, pero le cuento, y espero que no piense por esto que no lo estimo, que tengo como plan escribir otras cartas a otros “diaristas” y “escritores” de la Segunda Guerra Mundial. Se preguntará: ¿quiénes son esos otros? Por sólo nombrarles los que ahora leo a medida que se cumple el 80º aniversario de sus entradas en sus respectivos diarios junto al suyo y que espero escribirles, son: su compatriota socialdemócrata Friedrich Kellner, el italiano conde Galeazzo Ciano, el británico George Orwell y el soviético Vasili Grossman.

Entre su mundo y el mío hay importantes diferencias pero algo en común: el miedo.

El año 2021 comenzó en Venezuela con una noticia que nos recuerda que el monstruo de la inseguridad, aunque ha bajado su intensidad, sigue allí vivito y coleando. De esa forma la gente sale menos a la calle, hay menos vida ciudadana, menos contactos, mas aislamiento y menos vida pública. Entre su mundo y el mío hay importantes diferencias pero algo en común: el miedo. El temor dominando el día a día, hora a hora, segundo a segundo. Y sólo nos queda vivir el momento en los pequeños “flashes” de la felicidad de los pequeños detalles, tal como usted no los recuerda en tantas de sus entradas. En nuestra alma el recordatorio de la resistencia para dar testimonio de lo vivido.

En su Diario el año 1935 comienza con gran nostalgia por los tiempos antes del régimen hitleriano que llama “la República”, y la angustia de la inminente jubilación forzada que llevará su sueldo a la mitad (hecho que ocurre el 2 de mayo: “No me han echado por ahorrar, sino por judío”). Nos dice:

Me hace sufrir mucho ese agobio indigno, cada vez más fuerte, de la penuria económica. Mis camisas, calcetines, cuellos, están desgastadísimos, mi único traje completo, totalmente raído; literalmente me falta dinero para comprar más. Lo mismo puede decirse de todo lo relacionado con la vida cotidiana. Y cada día esta carga de ser la muchacha de servicio, cada día el aviso de los ahogos y las molestias cardíacas, cada día la preocupación de que me jubilen. Y cada día está más firme el gobierno de Hitler (…).

Esos tangos y canciones de negros y otras cosas internacionales y exóticas de los años de la República tienen ahora valor histórico y me llenan de emoción y de rabia sorda. Respiran libertad, apertura al mundo. En aquel entonces éramos libres y europeos y humanos. Ahora… (7 de febrero de 1935).

Y dígame que ya no están en hiperinflación. La otra vez leí los precios de la comida de hace treinta años en mi país en relación con el sueldo mínimo. Un kilo de queso estaba en diez bolívares y dicho sueldo por cuatro mil bolívares. Ahora el sueldo no pasa de los dos millones y el queso supera los ocho millones.

Todos los días siempre hay una prohibición nueva y de esa forma se topa el 13 de febrero con que en la biblioteca hay una larga lista de textos que deben ser sacados de la circulación. Todo lo judío pero también, para dar otro ejemplo, Ernest Hemingway, Adiós a las armas; “seguramente demasiado pacifista”, nos comenta. Acá decimos: “Es algo prohibitivo”, cuando no podemos comprarlo por su precio o acceder debido a que no se importa como la mayor parte de los libros. Otra censura que se consolidó a sólo dos años de haber llegado el nacionalsocialismo fue su control sobre los contenidos de la educación. Digamos que como testigo tuvo el mérito de vivirlo pero lamentablemente quedar horrorizado. El plan era reducir al mínimo lo intelectual y fortalecer “las facultades del cuerpo y del carácter” (17 de abril).

Es normal ver cómo sigue ese ciclo de esperanza-desesperanza ante cada suceso en relación con el régimen.

Un elemento que nos ofrecen los Diarios es observar lo limitado que estamos para conocer la totalidad de lo que ocurre. Siempre adquirimos retazos y eso da pie a confusiones e incluso el alimentar las terribles teorías conspirativas o falsas noticias (el 31 de octubre le dicen que Hitler tiene cáncer de laringe). No digo que sea su caso, pero es normal ver cómo sigue ese ciclo de esperanza-desesperanza ante cada suceso en relación con el régimen. Padece la persecución de los judíos (la propaganda avanza repitiendo: “Los judíos son nuestra desgracia, quien conoce al judío conoce al diablo, etc.”, e incluso el 21 de julio comenta la frase de Goebbels: “¡Exterminarlos como a pulgas y piojos!”), pero se entera, gracias a la visita de un amigo sacerdote católico, que también dicha Iglesia está siendo perseguida y que en general las cárceles están abarrotadas. El totalitarismo es un país-prisión e impregna cada aspecto de la vida con la ideología; de esa forma nos relata cómo hasta la revista sobre gatos habla de “las diferencias entre el gato alemán y el extranjero, siguiendo el pensamiento del Führer” (17 de abril). Parece un chiste pero lo triste es que no lo fue.

De julio a agosto la campaña antijudía se hizo, en sus palabras, “absolutamente desaforada”, “cada vez más demencial”, y por ello el inevitable temor a que “pronto nos maten aquí a golpes”, y todos los carteles y letreros rebosan de propaganda: “No queremos judíos en nuestro hermoso barrio”, entre otros (11 de agosto). Pero también otros grupos son perseguidos, como los católicos “políticos” y todo el que se considere “enemigo del Estado”. Era el preludio de las leyes de Núremberg “sobre la sangre y el honor alemán” (15 de septiembre) que comenta a los dos días con un contundente: “El asco le pone a uno enfermo”, después de enumerar lo más importante: “Privación de los derechos cívicos a los judíos” y la cárcel para los que mantengan relaciones y matrimonio entre judíos y “alemanes”. Y ya el futuro era evidente; de esa forma nos dice el 29 de septiembre: “Tengo la impresión de que algo va a explotar, cuento con pogromos, guetos, confiscación del dinero y de la casa, con todo. O más bien no cuento con nada. Espero apático e impotente”.

En medio del horror, querido amigo, sigue siempre su pequeño refugio: su esposa, los libros y la escritura. “Más enclaustrado, con más sosiego que nunca. Si no fuesen a diario esas molestias y ese memento, no sería una vida desdichada” (15 de septiembre). ¡Sabe que tengo una total identificación con usted! Es distinto, lo sé, no pretendo exagerar, pero en medio del sufrimiento siempre nuestros seres queridos y nuestros libros. Siempre los libros que leemos y escribimos.

Me despido de usted hasta mi próxima carta, en la que hablaremos del año 36 (y si se puede el 37) con las últimas estrofas del verso que no terminó de mandar a sus amigos los Blumenfeld, quienes lograron emigrar a América. Esas palabras demuestran por qué hoy acá en el Caribe se le recuerda:

¿Tienes nostalgia de Europa?
En los trópicos está:
Puesto que Europa es idea (12 de agosto de 1935).

 

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Carlos Balladares Castillo

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