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Diarios de guerra (8)
“La firme voluntad de no perder los nervios”
(octava carta a Victor Klemperer sobre sus diarios: 1933-45)

miércoles 1 de mayo de 2024
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Victor Klemperer
En 1940 es un hecho el traslado de Victor Klemperer y su esposa a una Judenhaus (residencia para judíos) y la pérdida de su hogar. Erich Höhne
Diarios de guerra, por Carlos Balladares CastilloLlevar una bitácora en medio de la tormenta de la guerra se convierte en un archivo de los sentimientos más sinceros, de las sombras y luces de la persona. En esta serie epistolar, el venezolano Carlos Balladares Castillo escribe principalmente sobre diarios de la Segunda Guerra Mundial, pero también sobre otros subgéneros de la llamada literatura autobiográfica como las memorias y las autobiografías.

 

Querido don Victor:

En nuestra última carta hablamos, don Klemperer, de sus vivencias del año 1939, cuando comenzó la gran conflagración; ahora seguimos con el año 1940 y en mis dos próximas cartas con 1941 y 1942. Después haremos una pausa porque nos dedicaremos al Diario de Ana Frank, que ella inició el 12 de junio de 1942. Según los editores en español de su bitácora, ambos escritos representan “los testimonios más significativos de los oscuros años del nacionalsocialismo alemán”. La guerra que, en su criterio, sería el fin del régimen nazi, en el año de 1940 sufre un cambio radical con las victorias de Adolf Hitler sobre la alianza anglofrancesa, y le hace pensar con angustia y terror que el mal puede vencer: “Las probabilidades de que venza el Tercer Reich son, cuando menos, muy grandes” (26 de mayo de 1940).

En su Diario de 1940 no se leerán afirmaciones como la que escribió el 8 de enero de 1939: “Sigo esperando el milagro de que una mañana nos despertemos sin el Führer”, y el pesimismo se afianza debido a que ya es un hecho su traslado a una Judenhaus (residencia para judíos) el 24 de mayo y la pérdida de su querido hogar, lo cual supieron en diciembre pasado. En enero el partido les dice que ustedes no pueden proponer el inquilino sino que éste lo elegiría entre los alemanes repatriados (los que llegaron de la Unión Soviética y otras regiones de Europa Oriental), pero al menos al final quedará alquilada en manos de un hombre honesto: el verdulero de la esquina, Berger, que pondrá su negocio en ella, y desde el 15 de febrero los productos racionados deben comprarse en una tienda especial para judíos (13 de enero). Pero ese mismo día habla de sus rutinas escriturales y de lectura: “Cada día una docena de líneas del Curriculum (sus memorias), nada más: de la mañana a la noche, cocina y hacer recados; a última hora de la tarde y por la noche, leer en voz alta, y siempre cansado, y la voluntad de no perder los nervios, dar buen ejemplo a Eva” (13 de enero).

En los primeros meses de 1940 nos transmite los rumores sobre la inminente invasión de la Wehrmacht a los países de la frontera occidental, que empezará en abril y mayo con la famosa Blitzkrieg (según su estudio de la neolengua nazi: Lengua tertii imperii, surge el 16 de mayo), y su percepción es que “cuanto antes empiece la lucha, tanto más pronto será el desenlace. Tal vez aún llegue a tiempo para nosotros. Hablamos de eso día tras día. Pero la espera resulta cada vez más difícil” (21 de enero). No hay nada seguro en los totalitarismos, e incluso en cualquier régimen autoritario, porque la verdad no existe en ellos, y nos cuenta que si se atreven a escuchar radio extranjera se “condena a trabajos forzados”. La vida se reduce a sobrevivir cada día, pero la naturaleza proyectiva del ser humano hace inevitable la angustia por el futuro. Lo entiendo perfectamente, querido maestro. En mi país hay un ambiente de relativa esperanza en lo que respecta a la recuperación económica, ¿será posible? No sé, pero lo que veo por las calles y en los comercios (ahora sí abastecidos) es gente con ropa sumamente vieja y deteriorada, y la incapacidad de comprar todo lo que ven y necesitan. La pobreza en Venezuela se ha incrementado como nunca se había vivido desde los inicios de la modernidad en 1936. ¡Dios quiera que se dé una recuperación y la gente pueda comenzar a comer y a vivir con dignidad!

Ese mismo mes lo obligan a buscar las tarjetas de racionamiento en la Comunidad Judía, y éstas son de 1.000 gramos de pan para los judíos y 1.750 para los arios. ¡Qué horror!

Lo felicito porque para el 11 de febrero ya llevaba setenta páginas de sus memorias (escritas desde noviembre), las cuales espera se extiendan hasta unas 450 en total. Por Internet —¡ojalá usted pudiera haber conocido esa maravilla!— no las consigo, y nadie tiene idea de si algún día estuvieron en físico en Venezuela. Ruego a Dios poder leerlas y no dudo que correré a comentárselas. Ese mismo mes lo obligan a buscar las tarjetas de racionamiento en la Comunidad Judía, y éstas son de 1.000 gramos de pan para los judíos y 1.750 para los arios. ¡Qué horror! El 17 de marzo nos dice: “Más de un mes sin escribir en el diario, ya no tengo ánimos para ponerme en ello”; pero igual no lo abandonó, lo cual se lo agradecemos. En mi caso lamento que en algunos momentos de mi vida escribí poco en mi bitácora; todo lo contrario a la última década, que está llena de detalles. Es insólito que usted haya dicho eso y en los años siguientes escribió como nunca lo había hecho en su vida, siendo el Diario su gran obra por la cual el mundo lo conoce. Usted diría su tradicional frase: Vanitas vanitatum.

El 20 de enero de 2022, cuando esta carta-artículo salió publicada por primera vez, se cumplieron ochenta años de la famosa conferencia de Wannsee en la que se decidió y planificó el exterminio de todos los judíos que se encontraban en el territorio ocupado por el Tercer Reich: casi toda Europa. Desde que el mundo conoció este hecho y sus consecuencias: el Holocausto o Shoá, siempre se ha preguntado por la complicidad del pueblo alemán en la política antisemita de los nazis. A medida que he leído su Diario he identificado respuestas diversas, pero su tendencia se expresa en la siguiente afirmación: “Me pregunto a menudo dónde está el antisemitismo salvaje. Por mi parte, encuentro mucha simpatía, la gente nos presta ayuda, aunque naturalmente con mucho miedo” (17 de marzo). Mientras Adolf Hitler triunfa en la guerra frente a Francia y el resto de los aliados, ustedes deben preparar el abandono de su casa; como siempre digo, “toda mudanza es un incendio” por todo lo que se pierde. Su biblioteca y papeles se reducen al mínimo porque ahora vivirán en dos cuartos, pero tuvo suerte frente al resto de los judíos que el mismo año estaban encerrados en guetos a veces en una sola habitación para una familia. Al mudarse en junio a la Judenhaus (en Caspar-David-Friedrich-Strasse, 15 B), al menos cuando la conoció el 26 de mayo, escribió: “Una hermosa villa, demasiado angosta, demasiado ‘moderna’, abarrotada de personas que comparten el mismo destino. Situada magníficamente, rodeada de verdor. Parcela de un antiguo parque (…)”.

En octubre llegará lo peor de las prohibiciones para la gente como nosotros: el uso de las bibliotecas circulantes, dos años después de no poder entrar a las bibliotecas públicas.

Al llegar a la residencia comenzó el cambio: menos soledad, lo que significa menos tiempo para leer y escribir (la señora Voss, una de las habitantes, vivirá metida en vuestro apartamento y “habla sin cesar”), y en general “vida sin la menor actividad intelectual” (31 de mayo), el control de la comunidad judía (en general y de la casa) sobre vuestras vidas y el temor de que terminará obligado a realizar trabajos humillantes para los nazis: “Si me ponen a quitar nieve, moriré del corazón” (26 de mayo). La esperanza sólo está en un cambio que no parece posible en la guerra hasta que llega el verano e intuye rápidamente: “Creo inferir que a Inglaterra todavía le falta mucho para darse por vencida, y sobre todo, que parece probable la intervención de Norteamérica” (6 de junio). Me fascina ver que, en medio de la destrucción de la verdad que realizan los totalitarismos, una mente decidida a buscarla puede encontrar las respuestas correctas. Pero la persecución no cesa y ya tendrán prohibido caminar por los parques, el teléfono y el tiempo de comprar, y llega un punto en que “nadie sabe con exactitud lo que está permitido, uno se siente amenazado por todas partes” (6 de julio). Y en octubre llegará lo peor de las prohibiciones para la gente como nosotros: el uso de las bibliotecas circulantes, dos años después de no poder entrar a las bibliotecas públicas. Pero en medio de todo esto al menos Berlín es bombardeada por la Royal Air Force, mientras en las salas de cine en diciembre pasan propaganda antisemita: El judío Suss y El judío errante, y paradójicamente se suma una nueva prohibición que le ha permitido que los vecinos no le molesten: no se puede salir del apartamento después de las 8 de la noche en las Judenhaus.

Me despido hasta la próxima carta, Dios mediante, cuando hablaremos de su Diario en 1941. Otro año de dudas ante nuevas victorias de Hitler pero también el Imperio británico ya no estará solo cuando dos nuevos aliados se le unan: Rusia y Estados Unidos. La esperanza se consolida, pero el odio antisemita parece llegar a límites nunca imaginados.

 

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Carlos Balladares Castillo

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