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Diarios de guerra (5)
Hay una gradualidad en el totalitarismo
(quinta carta a Victor Klemperer sobre sus diarios: 1933-41)

jueves 1 de febrero de 2024
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Victor Klemperer
Victor Klemperer: “No hay remedio, no se puede vivir con normalidad en una época anormal. No quiero preocuparme más que de mañana, todo lo demás no conduce a nada”. Erich Höhne / Erich Pohl (1954) • Deutsche Fotothek
Diarios de guerra, por Carlos Balladares CastilloLlevar una bitácora en medio de la tormenta de la guerra se convierte en un archivo de los sentimientos más sinceros, de las sombras y luces de la persona. En esta serie epistolar, el venezolano Carlos Balladares Castillo escribe principalmente sobre diarios de la Segunda Guerra Mundial, pero también sobre otros subgéneros de la llamada literatura autobiográfica como las memorias y las autobiografías.

 

Querido Don Victor:

Ahora nos toca comentar sus entradas del año 1937. Pero antes un comentario sobre un hecho que vivió a finales del año 36: una nueva prohibición. El primero de diciembre le quitaron la línea telefónica. ¿Por qué? ¡Por ser judío! Y esto lo describe como “Acto casi simbólico. Absoluta miseria y absoluta soledad”. Mejor descrito no puede ser porque la soledad es lo que sienten mis compatriotas. ¿A quién le importamos en medio de tanta oscuridad? Y en la Noche Vieja afirma: “Quien no es enemigo mortal de los nazis no puede ser mi amigo”, para terminar con el lapidario: “la pobreza viene de la pobreza”, al padecer nuevas carencias cada día que pasa. “Nuestra comida es lo más pobre y elemental que imaginarse pueda” (27 de marzo). El totalitarismo lo destruye todo, tanto lo material como lo espiritual. Envilecer el alma del pueblo es su principal objetivo. Y su Diario permite comprender cómo se fueron dando los pasos de esta tragedia.

Hay una gradualidad en el totalitarismo que no se detiene. Un proceso de permanente pérdida de los derechos humanos, de las condiciones de vida, de la dignidad humana ¡y no había comenzado la guerra! Pero ella está ahí en el discurso del tirano, que según usted son “rugidos de animal de presa, exigiendo colonias y esos bramidos contra la ‘Rusia-Judea’”. Se va incrementando la tensión hasta que termine estallando. Y lo peor de todo, y esto es algo que he pensado mucho al analizar con mis alumnos del curso sobre historia del siglo XX cuando tratamos el tema del Holocausto, la siembra del odio. El sistema logra que sean las propias personas sometidas que controlen a sus semejantes alimentando resentimientos al sobrevivir a costa de sacrificar al otro. La guerra llevará esto a la plenitud aunque usted piensa: “Esa guerra quizás cambie las cosas, quizás sea una ayuda o nos traiga la muerte; en cualquier caso, será una salida (…)” (10 de enero).

El Estado dejó de estar al servicio de la nación y ahora sólo sirve al partido y su líder.

Otro mecanismo del régimen es lo que resalta el 28 de enero cuando se “publica la nueva ley del funcionariado del Tercer Reich”. “Antes los funcionarios juraban fidelidad a la Constitución de Weimar; ahora ‘la nueva ley crea una relación de fidelidad al Führer, en el sentido auténticamente alemán de fidelidad y adhesión personal’. Además ‘la ley hace patente la indisoluble e íntima unión entre el Partido y el Estado, al incorporar a la ley al NSDAP, portador del pensamiento político alemán’”. El Estado dejó de estar al servicio de la nación y ahora sólo sirve al partido y su líder.

“¿Quién escribe en sus memorias la pobre y mezquina miseria cotidiana?” (15 de abril), y después nos cuenta cómo antes usaba papel de periódico bien cortado en el excusado y después empezó a usar lo que era un lujo de los hoteles: el papel higiénico, y ahora en medio de la pobreza “ya no puedo prescindir de ellos”. A mí me ha gustado esta anécdota por ser tan humana. Quizás esto es lo que constituyen los mejores diarios: la sinceridad de las angustias que pueden parecer insignificantes. ¿Y cómo se vive en medio del horror? Su respuesta es clara: “No hay remedio, no se puede vivir con normalidad en una época anormal. No quiero preocuparme más que de mañana, todo lo demás no conduce a nada”. Para después agregar: “Sólo estoy abatido a rachas, fuera de eso dejo correr las cosas y hay horas en que tengo verdadera alegría de vivir. Ahora nuestro jardín estará exuberante” (28 de junio).

En mayo viajó a Berlín en su carro con su esposa a visitar a unos familiares, lo cual le generó alegrías pero también molestias por la segregación (“por dondequiera que he viajado, esos carteles: ‘No se admiten judíos’”, 12 de septiembre). Lo que más resaltó son los cambios en el país: el progreso material de las vías y la infraestructura. Los viajes acá son muy extraños. La crisis, junto al problema de la gasolina y la inseguridad, los convierten en verdaderas aventuras llenas de peligros. Es muy triste pero es así. En eso usted sale ganando por ahora y la ha pasado de maravilla en varias escapadas a pesar del costo de las reparaciones del auto. Una diferencia que percibo en usted con respecto a otros años es que su patriotismo ha disminuido. La causa está en que se ha convencido de que el nazismo surge de la cultura alemana. Afirma: “Mi sensación interior de ser alemán ha desaparecido” (17 de agosto).

Sus palabras lograron interpretarme porque hay anhelo de que este gran esfuerzo tenga un sentido y sea valorado.

Al terminar una parte de su libro sobre el siglo XIX, Rousseau, con su frase: “Ahora puedo empaquetarlo y dejar que se pudra. Es una cosa tristísima: mi mejor libro y perfectamente inútil, una quijotada”; fue inevitable pensar en los docentes-investigadores de mi país. Al menos tenemos Internet, las publicaciones digitales y la posibilidad de imprimirlos fuera; es verdad. Sus palabras lograron interpretarme porque hay anhelo de que este gran esfuerzo tenga un sentido y sea valorado, y siempre vuestra enseñanza: “Es deprimente y sin embargo no me queda más remedio que seguir con mi trabajo (…)” (27 de marzo).

Seguimos, mi querido maestro, seguimos sin desfallecer. Una vez más le repito agradecido: mi esperanza y ejemplo es su historia y la de tantos como usted. Su Diario siempre me anima porque no esconde angustias, preocupaciones y desesperanzas y en medio de ello no se deja vencer. Sigue con sus sueños escriturales. Este año avanzó en su obra El siglo XVIII y ya establecía los cimientos en su bitácora anotando ideas para su Curriculum o Vita (Memorias) y Lingua Tertii Imperii. Espero algún día leerlas con el mismo interés que ahora siento por sus diarios.

 

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Carlos Balladares Castillo

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