
La explosión de una bomba nuclear sobre una gran ciudad como Nueva York, Moscú o Pyongyang, liberará una masiva cantidad de energía radiactiva que se precipitará como una tormenta de radiación gamma sobre la superficie de la Tierra. Esta detonación, sin señales de alerta, generará una temperatura de 4.000 grados centígrados (7.232 grados Fahrenheit), una condición muy parecida a la temperatura de la superficie del sol, en un radio de 5 kilómetros (3,1 millas). Según cálculos científicos contemporáneos, de un total de 4,3 millones de habitantes morirán instantáneamente 470.000 habitantes y quedarán heridos 630.000. Durante la explosión de Hiroshima, 65% de los heridos fue resultado de quemaduras y 20% por la radiación.
Una bomba de un megatón (1.000 kilotones) destruiría 80 millas cuadradas (207 kilómetros cuadrados), con las dimensiones de 1.200 pies de largo (0,36 kilómetros) por 300 pies de ancho (0,09 kilómetros). La bomba de Hiroshima sólo tenía el poder de 16 kilotones.
El Belfer Center for Science and International Affairs de la Universidad de Harvard ha diseñado un mapa en tercera dimensión con círculos concéntricos que demuestran la intensidad de los daños producidos en cada uno de ellos por una explosión nuclear.
En Manhattan, en el círculo interior del hipocentro de la explosión, llamada el Fireball, con un radio de 0,5 kilómetros (0,31 millas), que iría desde Houston St. por el norte hasta el City Hall Pk Path por el sur, todos los habitantes desaparecerán volatilizados instantáneamente. Las ondas expansivas de la detonación producirán vientos devastadores, con una velocidad de 784 millas por hora (1.261 kilómetros por hora), que destruirán completamente a la mayoría de los edificios. Habrá 100% de mortalidad. No quedarán sobrevivientes. Se calcula que, en el mismo momento, iguales daños sucederían en la capital de Rusia o en la capital de Corea del Norte.
En el siguiente círculo, denominado Heavy Blast Damage, con un radio de 1,89 kilómetros (1,17 millas), que iría por el norte desde Delancey St. hasta Fulton St. por el sur, todo quedará convertido en una planicie en escombros. La onda expansiva de la explosión demolería todos los edificios de concreto. Habría un 100% de mortalidad. Nadie sobreviviría en esta área.
En el próximo círculo, llamado de la Radiación, con similares dimensiones que la anterior, con un radio de 1,89 kilómetros (1,17 millas), que iría desde 20th St. hasta Pearl St., sólo sobreviviría 15% de la población, pero morirían en un mes debido al síndrome de radiación aguda. Paredes enteras de ladrillo y concreto se vendrían abajo o estarán colgantes de los edificios. Los edificios residenciales colapsarán. A continuación, columnas de fuego consumirán los edificios y las casas. Todos los carros estarán abollados y cubiertos de una gruesa capa de polvo.
En el círculo siguiente, con un radio de 2,29 kilómetros (1,42 millas), denominada Moderate Blast Damage, desde la 59th St. hasta la 18th St., los edificios residenciales colapsarían. Las injurias serían universales. Las fatalidades se encontrarían por todos lados. Los postes eléctricos de las calles quedarán derribados o inclinados, los cables del alumbrado eléctrico habrán desaparecido o quedarán chisporroteando apoyados en el asfalto. De los escombros escapará el gas de las cañerías rotas por todo lugar. Los puentes estarán destruidos con sus cables de suspensión tocando el agua. Las pistas asfaltadas o empedradas estarán cubiertas de innumerables trozos de vidrios rotos, hojas secas y basura. Los árboles de los parques quedarán deshojados y las estatuas de bronce se derretirán como la cera y permanecerán desparramadas alrededor de sus pedestales. El fuego consumiría todos los edificios. Columnas de humo gris se levantarían lentamente por todas partes.
El siguiente círculo, el de Termal Radiation, iría desde la 42 St. a Delavan St. in Brooklyn. Tendría un radio de 4,31 kilómetros (2,67 millas). Allí se producirían quemaduras de tercer grado en la piel, el tejido subcutáneo y los músculos de los quemados. No sentirían dolor, pero fallecerían en los siguientes días. A los sobrevivientes les causaría después cicatrices terribles y graves incapacidades. Muchos necesitarían amputaciones.
En un radio de 5,88 kilómetros (3,65 millas), el círculo llamado de Light Blast Damage tendría una cantidad incalculable de ciudadanos con los rostros cubiertos de ceniza y polvo y quemaduras de segundo grado con grandes ampollas y enormes colgajos de piel pendiendo de sus cuerpos, caminando con los brazos levantados para evitar el dolor producido al rozar el cuerpo. En esta área los vidrios de las ventanas reventarían y grandes trozos caerían a las calles o herirían a los residentes que se acercaran a las ventanas para ver lo que habría ocurrido afuera después de la explosión. Estarían completamente exhaustos y aterrados, sin saber lo que necesitarían hacer. Se producirían cegueras hasta en 53 millas de distancia.
En los siguientes días no habría agua potable, fría o caliente, ni desagüe en toda la ciudad. Las líneas telefónicas dejarán de funcionar y el ciberespacio permanecerá inaccesible. Los hospitales estarán en caos por la extraordinaria cantidad de quemados y heridos. No existirán departamentos de policía ni estaciones contra incendios.
La gente herida deambulará por calles y puentes en busca de atención médica. Estarán muy confusos, sin poder pensar bien, llorando por el horror, con los brazos levantados para evitar el roce con sus cuerpos quemados. Sus ropas estarán hechas jirones. La gente tendrá múltiples quemaduras con enormes ampollas y caminarán con grandes trozos de piel colgando de sus cuerpos. La gran mayoría tendrá los pelos quemados y erizados.
A pesar de la gran necesidad, no habrá médicos, enfermeras u hospitales suficientes para atender a la gigantesca cantidad de heridos buscando atención médica. Los muy exhaustos se recostarán en el suelo y esperarán a que les llegara la muerte.
Todos los negocios permanecerán cerrados. En los días siguientes no habrá agua ni alimentos no contaminados. Entonces surgirá el vandalismo y mucha gente saldrá a las calles con armas de fuego para entrar a las viviendas en busca de alimento.
En ese momento no habrá policías ni servicios de emergencia. La gran metrópoli se convertirá en una ciudad sin ley y la gran humanidad con toda su impresionante civilización regresará a la Edad de Piedra, a la época del Homo erectus o de los Neandertales.
Cuando una nación ataque a otra, habrá una inmediata y letal reciprocidad. Luego, seguirán más ataques nucleares por todos lados, al punto de que todo el planeta se convertirá en el indescriptible campo de batalla de una guerra mundial nuclear. Los efectos de esta horrible catástrofe indefectiblemente conducirán a un invierno nuclear en todo el mundo. Todo el polvo radiactivo de las inacabables detonaciones producirá una nube radiactiva que cubrirá todo el planeta, lo que bloqueará la entrada de los rayos solares. El resultado será una absoluta ausencia de alimentos y agua potable. La lluvia radiactiva se precipitará sobre todo el mundo y contaminará todos los sembradíos y las aguas incluyendo a los ríos y los océanos. Esta extrema radiactividad producirá la muerte. Aumentará la incidencia del cáncer de la glándula tiroides y de las leucemias. Además, el porcentaje de niños afectados con defectos congénitos se incrementará hasta niveles inesperados. Por tal razón todo alimento sólido o líquido se tornará radiactivo y no habrá nada para comer ni beber. Entonces, en un promedio de cuarenta días todos los seres humanos sin ninguna distinción de nacionalidad empezarán a agonizar de deshidratación y de hambruna y fallecerán. Ningún país en el planeta quedará a salvo. Es posible también que, si la población persiste en ingerir alimentos y agua radiactivos, sobrevivan por un tiempo, tal vez meses o años, pero fenecerán por el efecto de la radiactividad consumida. Entonces la humanidad con toda su impresionante civilización ingresará a un infierno nuclear y retornará a la barbarie, a una etapa muy anterior a la civilización humana iniciada por los sumerios.
Las destrucciones nucleares serían mutuas. No habría ni un solo orgulloso y petulante ganador porque la humanidad entera sería afectada, incluyendo a los países no participantes. Los daños serán universales.
Sin embargo, todo este apocalipsis se podrá evitar si todas las naciones empiezan a comprenderse y a tolerarse unos a otros, a resolver sus conflictos internacionales de un modo civilizado, sin reaccionar con la brutal belicosidad de unos energúmenos primitivos simplemente por razones no trascendentales. Es poco lo que se pide, pero mucho lo que se podría ganar.
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