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Cuentos remotos, de Juan Carlos León

lunes 4 de marzo de 2024
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Juan Carlos León
Juan Carlos León reunió una selección de sus microrrelatos en este libro publicado en el año 2000.

Una bala recorre el espacio. Una bala entra. No sale. Entra, todo fue muy rápido para el muchacho del liceo que recibió el disparo. No supo más. Y así, la muerte.

El título, “La bala”, da cuenta de un cuento que relata un instante.

Un cuento breve, un rápido deslizamiento hacia la nada. Como todos los de este libro del margariteño Juan Carlos León (1963) que aparecen en este libro publicado por el Fondo Editorial Ambrosía, en Caracas, en el año 2000. Buen inicio del siglo para este autor con este excelente libro de ficciones cortas que pasan a formar parte del inventario de autores que se anotan en este género que hoy ha tomado impulso global.

Son 35 relatos brevísimos que sirven para abarcar el mundo entero. Historias duras, terribles, realistas, encajadas en las circunstancias, como dice Maylen Sosa en el prólogo, de lo que a diario sucede, tanto en lo privado como en lo público.

Es un paseo por lo corto de la existencia, de lo efímera que puede ser la vida, de lo miserable que ella puede ser, de lo fea que puede ser la vida. Contadas estas historias con acertada puntería verbal, Juan Carlos León nos avisa de su talento para entregarnos lo que su imaginación convierte en literatura, en lo que sus sentidos han atrapado y vertido en estas páginas.

Una buena ocasión para rastrear este libro y tenerlo presente ante los ojos.

Una breve muestra:

Sombra

—¡Raquel, te amo!

La expresión sonó como un latigazo en la noche.

La sangre dejó de correr por las arterias, el pulso se detuvo, el corazón cesó de latir, la piel se enfrió.

Manuel clavó los ojos en el techo.

Mientras, Sonia cubrió su vergüenza y se perdió en la noche.

 

Sorpresa

Bajaron la escalera con pasos de beodos trasnochados. Se tiraron en la cama. Desenfrenada y torpemente se despojaron de sus ropas, hediondas a cigarro y grasa de noche grotesca en bar barato.

Las risas y suspiros se sucedían sin percatarse de que en el mismo lugar, detrás del tabique, una joven, lentamente, ocultaba su dolor y vestía su sorpresa.

 

Es de noche

Siento un frío helado.

Abro los ojos y veo el cielo.

Es de noche.

Han profanado mi tumba.

Letralia

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