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Había iniciado este texto con el nombre de Arthur Koestler, quien dejó a los lectores el libro El cero y el infinito, pero un apagón me hizo cambiar de planes, toda vez que el accidente eléctrico me borró todo lo escrito. Insisto en ambos títulos: el mencionado da cuenta del comportamiento de un régimen, el soviético, que fue usado para convertirse en la nada en medio de lo interminable.
Aunque el poemario de Ricardo Sarco Lira Farías no trate el mismo tema, me llamó la atención el hecho de que quien habla en el poema lo hace como alguien que se basa en “frágiles equilibrios”. Es decir, la cercanía que podría existir se sostiene sobre la base de que en el libro de Sarco Lira existe una suerte de ambigüedad que nos obliga a pensar en el tiempo perdido y el tiempo recobrado, toda vez que éste pasa, pero es el “único consuelo”, como pudo haber sido para aquellos personajes del pasado obligados a ser un cero y consolarse con el infinito.
En este caso el número 69 —a mi parecer— evoca una postura corporal erótica, en la que la carnalidad habla desde una voz que sostiene su élan vital en la memoria de la casa, en un asomo del sexo como evocación y hasta como rechazo el cual se evidencia en el poema donde un personaje llamado Luis Reinaldo fue una posibilidad, pero sólo una posibilidad: “Tengo 28 años / y no me gusta Luis Reinaldo”, y al final del texto el personaje aparece de nuevo como un recuerdo. La tensión que provoca este poema me empuja a pensar en “La campana de cristal”, de Sylvia Plath, novela en la que ella —el actante protagonista— no tiene un destino claro sobre esa posibilidad de mostrarse como mujer y dejar de ser lo que es, una joven que aún no conoce el sexo o la atracción hacia alguien de voz masculina. El personaje principal de esa novela es una mujer insegura.
Pero no sólo trata este tema, parecido nada más, sin querer decir que sea igual. La voz del poema me lleva a pensar en el personaje de Plath. Como lector asumo el riesgo.

2
La realidad real, la que vivimos, me obligó a olvidarme de lo escrito anteriormente, de modo que me sigo arriesgando con esta lectura en la que el autor maneja con soltura las imágenes que invoca o evoca. Por estos poemas pasan la madre y “el dulce fruto de la guanábana”, imagen que se transforma en un futuro que el poema descubre al lector; el padre, “que es mi creador / y yo / tu criatura”. Ese padre que la o lo dejó como pudo haber dejado a otro u otra fuera de su vida.
Y así también dice: “Mamá nunca me enseñó a cocinar / tampoco a escoger mis hombres”.
Escribe: “me arrastré / le di rosas / vengo de la casa tomada por los muertos”, y como para no dejar de ser rechazado: “Quiero a un poeta (...) Que me pegue”.
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Publicado por la Fundación Editorial Tuqueque en la Colección de Poesía “El alba ya no pudo negarme”, este puñado de textos, escritos con la pasión de quien sabe respirar, precisa de muchos lectores. Es un libro fresco que activa la imaginación y deriva en una suerte de siempre comienzo.
La posición del cuerpo o el número 69 organizan el infinito de estas letras.
- 69 o el infinito, de Ricardo Sarco Lira Farías - lunes 18 de mayo de 2026
- Vete al infierno, Stein, de Pedro Manuel Martínez Corada - sábado 16 de mayo de 2026
- Pátera, de Iván González - jueves 14 de mayo de 2026


