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Corazón de agua, de Soriana Durán

lunes 1 de junio de 2026
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Soriana Durán
Corazón de agua, de Soriana Durán, palpita al ritmo de ese líquido venido de algún río verbal, de una circulación que conjuga las voces y las vierte en un espacio capaz de convertirse en imágenes. 📷 Juan Pérez

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La primera persona le atribuye al poema una fuerza que contiene el yo del lector. Leer es ser. Y ese ser se contiene en el decir del pronombre.

Soriana Durán habla desde ese ámbito: es ella o la otra a través de su yo que marca un tiempo y un espacio que conduce “hacia esa experiencia viral”.

Ella, su yo, es naturaleza, montaña, viento, tormenta, río, arena, ese todo que descubre esa vitalidad del yo observador, viviente, sufriente, existencia en el texto. Ese todo cuyos sentidos son capaces de convertir en poesía, en eco exterior, que a la vez, transforma su mundo, su entorno en palabras.

 

“Corazón de agua”, de Soriana Durán
Corazón de agua, de Soriana Durán (Tuqueque, 2026). Disponible mediante contacto con la editorial

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Corazón de agua palpita al ritmo de ese líquido venido de algún río verbal, de una circulación que conjuga las voces y las vierte en un espacio capaz de convertirse en imágenes. Venido de alguna fuente secreta. Pero también es “la presencia del amor / cielo turbulento y pacífico” que remueve el agua/sangre capaz de reencontrarse con ese yo que la obsesiona, porque la poesía, vista desde esa perspectiva, es una obsesión, así la poesía.

Tiempo relatado, meses en soledad mientras el sol se oculta, y al final, luego de una acumulación de imágenes: la madre, a quien le dice: “Mamá, no vuelvas a parirme. / Que no puedo estar sola. / Que es como morirse / Que estoy cansada (que) No tengo suplente”, a pesar de que su yo podría serlo. Habla el poema a través del dolor, a través del deseo de no ser, de no estar, de no haber sido, de ser. De no estar en su yo. O de afincarse en él.

La ausencia del padre: “me gusta saber que tú sigues respirando”, y un arrepentimiento de haber conocido a alguien, a quien le expresa: “Sólo cumplo con informarte / Tú decides”.

Varios son los temas que pasan por estos textos, varios los espíritus, varios los yos que se traducen en segunda persona, en un monólogo, en un secreto, en ese “después de ti” para darse cuenta de que nada valía la pena, “como la sombra en un día nublado / Se me rompió el corazón”.

 

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El yo de quien habla se refleja en un espejo distorsionado, lo que podría indicar que se desvanece de sí mismo para revelarse en una nueva simbología: “Hay un monstruo / en el espejo / que llora por las noches”, y sin alejarse de su humanidad siente rabia, mientras se declara en “duelos constantes”.

Este es un libro que destaca el inicio de una carrera verbal, la que promueve la continuación de una poética que dará de qué hablar. Es un libro para reflexionar, para abrir espacios, para despertar.

Corazón de agua demuestra que el título es una imagen que no se contiene.

Alberto Hernández
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