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Desde el interior de la tierra, desde una Caracas subterránea, crece el apocalipsis peatonal. Los habitantes de las cloacas, los llamados “citizens”, representados por un grupo de decepcionados, por sujetos que decidieron abandonar el mundo de la superficie para construir la gran metáfora en la que la utopía se quita la máscara distópica o al contrario: una distopía que se concibe como una utopía: la búsqueda de lo imposible a través de un concierto de creencias anómalas. Mario Morenza inventa este áspero ambiente donde los personajes protagonizan un futuro en el que vislumbran la destrucción, mientras ellos intentan reconstruirlo desde diversas apuestas, no obstante la seguridad de que el sol crecerá de tal manera que no quedará nada: los océanos se evaporarán y la vida desaparecerá.
Esta novela de Morenza implica una representación de una realidad vista desde unas cuevas o laberintos en los que el mundo es trazado de otra manera. El autor se vale de la ciudad, la que asoma con los ojos cerrados, y formula un relato en el que aparecen personajes reales que han sido parte de la historia de la metrópolis capitalina.
Estos ciudadanos, que respiran el aire viciado de los desperdicios de la gran ciudad, constituyen un entramado en el que el lector podrá descubrir el lado cruel y pesimista de una realidad que a diario observamos y que el autor revela con un humor lacerante, negro y a veces festivo, al valerse de, repito, personajes que han pasado por la vida de la ciudad y dejaron una marca positiva o negativa sobre ella, en ella, debajo de ella.

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El plano inferior, publicada en Caracas por Monroy Editores en 2026, despliega múltiples significados en los que los repudiados peatones, anónimos y ambulantes de las vías públicas, son la imagen de la degradación. Ellos, los “citizens”, elaboran un futuro desde las sombras de las paredes de un universo donde privan la inteligencia, la locura, el fanatismo, el desdén y el desarraigo, propio de un tiempo en el que la violencia y el descreimiento son los eslabones que descubren una sociedad como la nuestra.
La ficción nos hace reales. Somos mendigos frente al poder, frente a la sociedad que se lucra mientras existe otro mundo donde habitan unos fantasmas que piensan, discuten, se alimentan de las sobras, teorizan acerca de una ciudad nueva a través de una maqueta que superaría el sospechoso talento de Carlos Raúl Villanueva, pero que será destruida por la ballena de la policía, según alerta uno de los actantes de esta obra que Mario Morenza ha escrito para destapar la realidad a través de una ficción que deja de serlo porque ya es posible ser testigos de estos extraños seres que comen de la basura, andan semidesnudos, hablan solos y luego desaparecen, se esconden de ellos mismos. Se hacen invisibles bajo tierra, mientras los paseantes, los vehículos, los policías, que arremeten contra los estudiantes, forman parte del desastre que los ha llevado a huir, a enterrarse con los desperdicios de esta no tan imaginada y recreada Caracas donde es posible ser parte protagónica de sus alteraciones.
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Los personajes. Edward Gómez Gómez, quien advierte su superioridad frente a las obras de Villanueva, el constructor de la Nueva Caracas mediante una maqueta que considera parte de la civilización, la que estará por encima de la actual en peligro. A éste lo llaman Valle-Coche por provenir de esa zona de Caracas. Ulises Peña, Franto, ex universitario; Jethro Tull, nombrado así por una franela que siempre usa en la que está teñido ese sonido extranjero, y una suerte de entrenador, un jefe; Tania, Luis El Evangélico, Richard y Saúl, quien fuera pandillero punketo, Esteban y su collar de balas, quienes fueron abordados por Yuri, un estudiante de periodismo a quien le aportaron testimonios de sus vidas en la superficie y ahora en el fondo de las cañerías de la ciudad.
Profetas de las catacumbas, moradores de una existencia prehistórica, pero con conocimientos científicos y humanísticos, estos muertos vivientes soportan el relato apocalíptico desde sus afiebradas creencias, desde su depresión reflejada en un afuera que se suma a la decadencia de la civilización.
“...estas paredes han sido nuestros horizontes, nuestro resentido cielo y rectangular”, deja caer al lector la voz de uno de los personajes, en este caso la de Gómez Gómez, quien también construye, como narrador, toda la trama de esta historia.
No deja de advertir la narración los allanamientos que sufren los ciudadanos de la capital, la de ese país donde la circulación inferior de aguas y desechos forma parte de la respiración de estos duendes.
El refugio, repetimos, son las venas de la ciudad, como señala el narrador personaje.
“Puede que algún día salgas de las cloacas, pero las cloacas nunca saldrán de ti”, afirmó Franto, como si se tratara de un filósofo.
Y así, “Los peatones son las pequeñas putas del tiempo horizontal”, imagen que entraña la ausencia de un horizonte bajo tierra, es decir, dueños y expertos “hermanos de la mugre”.
Y para dejar sentada la apuesta existencial: “...la felicidad es de concreto y la alegría es gaseosa”.
Cada personaje carga con su biografía, la relata, la cuenta como una mortificación que habrá de ser expuesta ante ellos mismos como constructores de la nueva ciudad, pero la violencia callejera, propiciada por la represión, borró esta aspiración al ser destruida la utópica polis reflejada en una maqueta que Gómez Gómez había elaborado.
Esta es una novela que nos dibuja: somos parte de esas catacumbas mentales. La ciudad nos devora, el poder nos acorrala. No queda otra opción que convertirnos en “citizens”, habitantes de un mundo escondido, censurado, presionado por el peso del plano superior.
Mientras tanto, respiremos.
La novela es un espejo donde vemos nuestra suciedad. Esta novela nos encara. Nos muestra como los indigentes que ambulan por las calles, esos infelices peatones que habrán de regresar, vivos miserables o muertos en vida, al fondo de la tierra.
¿Podríamos llegar a pensar que esta novela apunta hacia la realidad que Víctor Hugo dejó plasmada en Los miserables o sólo estamos a oscuras en esta cueva que nos transforma en ficción?
- El plano inferior, de Mario Morenza - lunes 25 de mayo de 2026
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