
Atravieso los bosques de la imaginación. No soy lo que debería ser: un árbol, un pájaro, un río, un hombre con locura de tempestad en esta calma intolerable.
Julio César Sánchez: Texto para sonámbulos.
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Un despliegue de acciones frecuenta estas páginas, las que Arnaldo Jiménez ha titulado Deshabitados, un conjunto de descubrimientos en los que el lector podrá imaginar que ha estado allí, que es uno de esos sujetos que se mueven y participan de los eventos creados por el narrador.
Arnaldo Jiménez tiene en su haber poesía y narrativa. Con esta densa novela nos congrega alrededor de un universo de conductas, costumbres o tradiciones que emergen con la facilidad de quien sabe escribir, de quien sabe que con la escritura practica el decir, el hablar, el actuar, el precisar y el describir lo que acontece en el alma de los que aparecen y desaparecen de estas páginas.
Este largo registro que nos muestra esta novela nos convence de que la literatura venezolana se fortalece cada vez que salen al público obras como esta. Jiménez se ase de sus personajes y narra en todas las personas y tiempos aun cuando ser testigo u omnisciente es una manera de protagonizar las acciones en pasado, en presente y en un futuro incierto que se devuelve al presente.

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Deshabitados pronostica el dejar un lugar. O, en este caso, el lugar interior que se traslada de un espacio a otro en el espíritu inquieto de unos habitantes que ocupan la imaginación de nuestro autor. Deshabitados es un destino, el de los tantos actantes que se fundan en ellos mismos como familias, vecinos, pobladores de un vacío que reniega de la memoria. O la recoge para refundarla.
Leo a tientas como el que va de viaje en un barco. La costa, seguramente, tendrá sus razones de oler la piel de estos personajes. O el acento vigoroso, poético de las líneas que nos relatan los tantos episodios y vidas que nadan, caminan o flotan en la lengua de quien traza estas historias de quienes viven habitados por tantos pareceres.
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Un viaje hacia todos los espacios de una ficción cuya realidad es la misma ficción: narrada desde la orilla del mar, desde el fragor de la fiebre del tiempo y el paisaje profundo de los seres, Arnaldo Jiménez nos cuenta el poder de sus palabras, la poesía plena de imágenes ágiles, vivas, que se pueden leer y subrayar con verdadero placer de lector.
Culpas, quejas, dolores, muertes y la búsqueda de la eternidad mientras la respiración recurre al silencio que en algún espacio ocurre. Pero también se manifiesta la alegría, esa alegría misteriosa propia de las familias y pueblos donde aún se percibe el olor de la fraternidad o la del odio.
Los personajes se anudan, se imbrican en una vorágine de pareceres, en salmos mágicos adjetivados por la fuerza emotiva de las acciones. El amor, la disipación, el burdel de algún puerto, la mirada opaca de quien se cree morir o despertar de la muerte, los conjuros, el desamparo.
Todos los temas en un solo libro cuya recurrencia temática nos absorbe, no nos niega como participantes, nos incorpora y nos humaniza porque asume la memoria como herramienta, como una temporalidad densa y a veces indeseada. El tiempo se mueve, las palabras incitan cada entidad actante. La otredad o la alteridad en el reflejo de quienes se enfrentan, se olvidan, reencarnan en sus recuerdos.
Deshabitados, entonces, es un desafío para quienes quieren volver a verse en un país posible, en ese país que sangra o aspira a no perder el horizonte. Esta novela consagra a Arnaldo Jiménez como uno de los narradores más profusos de nuestro país.
Seccionada en tres libros, en tres episodios: “Ataduras de carnaval”, “El soplo de las lámparas” y “Rituales con el ocaso”, esta pieza literaria merece muchos lectores, muchas discusiones, muchos encuentros con el autor y con sus fantasmas: sus personajes vivos y muertos que ambulan por unas páginas reveladoras.
- Deshabitados, de Arnaldo Jiménez - lunes 11 de mayo de 2026
- Mil y una muertes, de Corina Oproae - lunes 4 de mayo de 2026
- La ruta de lo lejano, de Fedosy Santaella - lunes 27 de abril de 2026


