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Sobre pájaros y humanos, último libro de Elvira Hernández

• Jueves 6 de agosto de 2020
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Elvira Hernández
Elvira Hernández nació en Lebu, Chile, con el nombre de María Teresa Adriazola, y pertenece a la generación del ochenta.
“Pájaros desde mi ventana”, de Elvira Hernández
Pájaros desde mi ventana, de Elvira Hernández (Alquimia Ediciones, 2019).

Pájaros desde mi ventana
Elvira Hernández
Poesía
Alquimia Ediciones
Santiago de Chile, 2019
ISBN: 9789569974359
128 páginas

Antigua es la forma como la especie humana ha visto a las aves en su imaginario de deseos y sueños. Se ha visto a los pájaros surcar aires y cielos y se han convertido en la encarnación de uno de los más íntimos anhelos humanos: volar; y al mismo tiempo se ha depositado en estas criaturas aladas uno de los más excelsos valores: la libertad.

Al mismo tiempo, hombres y mujeres hemos puesto en las aves aquellas características y virtudes, ventajas y condiciones que quisiéramos tener para ser mejores humanos: la vista del águila, por ejemplo, la velocidad del vencejo o la delicadeza del colibrí; pero también para manifestar una inútil superioridad sobre nosotros mismos, como la arrogancia del pavo real o la soberbia del cóndor. Y por otro lado dejamos otros rasgos para el enemigo, como la deslealtad del cuervo, lo carroñero del buitre o la torpeza del pingüino.

Así, a lo largo de la historia, nuestra historia, las aves nos han ayudado a enriquecer mitos y leyendas, refranes, moralejas, cuentos y un amplio conocimiento y saber popular que forman parte de nuestro quehacer cultural y vida cotidiana. El sueño de Ícaro es uno de los mejores ejemplos en los que volar y alcanzar la libertad se convierte en tragedia y al mismo tiempo en una extraordinaria metáfora de la vida: saber que nunca alcanzaremos libertad ni dejaremos de ser humanos.

La ciencia, por su parte, también hace intensos esfuerzos para desentrañar los misterios de la esencia humana, pero es, finalmente, la literatura la que ha logrado, no sin antes hacer muchos intentos, acercarse a esa profunda intimidad que guardamos cada uno de nosotros y encontrar una explicación a nuestros sueños, penas y alegrías, a todo aquello que nos define como seres humanos. Más dura es la tentativa de definir la esencia del poeta; conocido es el verso de Charles Baudelaire que asemeja al poeta con el albatros, esa ave marina de amplias alas y torpe andar: “sus alas de gigante le impiden andar”, y puede que sea una de las mejores maneras de acercarse a una definición humana usando como metáfora la esencia de las aves.

Hay mucho más que imágenes en los poemas de Elvira Hernández, mucho más que reflexión, hay un permanente cuestionamiento a la actitud humana.

La poeta Elvira Hernández, nacida chilena pero de espíritu hispanoamericano, ha publicado un interesante y complejo libro de poesía en el que vuelve, como ser humano, al ancestral intento de ver en las aves, en los pájaros, un otro yo del ser humano, una manera de ser una criatura individual y colectiva. Pájaros desde mi ventana (Alquimia Ediciones, 2019 en su segunda edición) usa la metáfora de las aves y lo que el hombre, como individuo, ve y quiere ver, o ser. En el título, la ventana es el espacio limitado que nos permite ver el retazo de realidad que nos corresponde; mientras más amplia sea nuestra ventana mayor será el panorama de la realidad que podamos ver y entender; lo que Elvira Hernández anuncia que ve desde su ventana son pájaros, y lo que en realidad ve son seres humanos, porque esa es la realidad que nos corresponde ver y entender.

A modo de anuario, el libro está dividido en siete partes, o años, que van del 2012 al 2018, y los poemas breves y con una intensa carga reflexiva, y hasta filosófica, no hacen más que reflejar el actuar humano a través de las figuras de las aves:

Aves de paso

Sí. Eso somos
Pero nos hemos acostumbrado
a comportarnos como monumentos.
Y así nos va.

No es difícil entender la metáfora, pero sí es compleja la reflexión a la que nos invita. Hay mucho más que imágenes en los poemas de Elvira Hernández, mucho más que reflexión, hay un permanente cuestionamiento a la actitud humana, a la manera como enfrentamos las situaciones sociales o cómo reaccionamos cuando nuestro equilibrio es amenazado. En el poema Aves de paso, es la contradicción la que despierta el cuestionamiento de la actitud humana, no se manifiesta la brevedad de la vida, sino la necesidad inútil de perpetuarse, y por otro lado se refleja la necia actitud humana del conformismo colectivo. Estas breves líneas abren un abanico de temas para reflexionar. Revisamos otro poema:

Verano próximo

Con las temperaturas altas
los tiuques salen de los cerros
hacia la ciudad.
Quieren estar cerca
de lo que empieza a descomponerse.

Es inevitable iniciar el proceso de reflexión y cuestionamiento al leerse el último verso y empezar a preguntarnos: ¿qué es lo que se descompone, pudre, malogra, en la ciudad? La naturaleza de los tiuques, las aves chilenas llamadas también chimangos, los impulsa a acercarse a las ciudades para buscar parte de sus alimentos, generalmente carroña pequeña, pero producto de los desperdicios de la alimentación urbana, pero la poesía nos lleva esta vez a preguntarnos por ese desperdicio humano, que no es sólo el de alimento sino de la condición humana, aquello que descompone a hombres y mujeres en su afán de sobrevivir en la ciudad, que es, como sabemos, otra jungla, otro territorio donde debe sobrevivir el más fuerte.

A lo largo del libro, Elvira Hernández va cuestionando con sarcasmo y sabiduría literaria al ser humano, a la sociedad, y deja puertas abiertas, como su propia ventana, para que el lector pueda hacer su íntimo ejercicio de análisis y reflexión. No pretende la poeta dar lecciones ni ensayar recetas para resolver los problemas de la convivencia humana, o los actos para asegurar la supervivencia; simplemente asume la actitud de observadora, de quien ve la realidad desde su espacio, en este caso, su habitación.

Elvira Hernández nació en Lebu, Chile, con el nombre de María Teresa Adriazola, y pertenece a la generación del ochenta, según el criterio de la época en que empieza a publicar sus primeros libros y que los estudiosos de la literatura chilena reiteran. Es reconocido y muy citado su poema La bandera de Chile (1991) en el que, al mismo tiempo de ensalzar el símbolo patrio de su país, hace una dura crítica a la situación social y el proceso político que se vivía en esos años. Su poesía experimental alcanza un punto alto en Pájaros desde mi ventana, ya que ensaya usar una metáfora recurrente para indagar con más rigor la condición y el drama humano. Hernández obtuvo el año 2019 el Premio Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda y antes, el 2018, el Premio Nacional de Poesía Jorge Teiller, en mérito a su obra.

Alfredo Herrera Flores
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