correcciondetextos.org: el mejor servicio de correccin de textos y correccin de estilo al mejor precio

Saltar al contenido

Una lectura de una novela de la cubana Legna Rodríguez Iglesias

lunes 1 de agosto de 2022
Legna Rodríguez Iglesias
La escritora cubana Legna Rodríguez Iglesias asume en Mi novia preferida fue un bulldog francés una voz que se alza desde el centro mismo del drama humano dentro del proyecto político cubano.

En medio de una escena kafkiana, un personaje de la novela Mi novia preferida fue un bulldog francés (Alfaguara, 2017), de Legna Rodríguez Iglesias, se hace una serie de preguntas que inmediatamente después deja de lado, para no tildarse a sí mismo de ingrato e inconforme, pues sabe de antemano, o lo confirma, que nadie las responderá, a no ser que fuera un inconforme, un ingrato.

Esta actitud conformista, de aceptar la rutina o el estado de las cosas en una sociedad hastiada de su sistema social y político, parece ser una constante en los procesos que mueven a mucha gente a rebelarse y tomar la decisión de abandonar el grupo, salir, escapar, migrar. Esta actitud no es violenta contra el sistema, es violenta con el individuo, y la suma de esas acciones configuran los movimientos sociales.

La migración, tan antigua y cotidiana en el desarrollo de las culturas y la configuración de las sociedades, naciones y países, sigue siendo un drama. Pero son aquellos sucesos que están alrededor de la experiencia de cada migrante, los que alimentan el drama hasta llevarlos a los límites de la comedia o la tragedia.

“Mi novia preferida fue un bulldog francés”, de Legna Rodríguez Iglesias
Mi novia preferida fue un bulldog francés, de Legna Rodríguez Iglesias (Alfaguara, 2017). Disponible en Amazon

La novela de Legna Rodríguez Iglesias se desarrolla en una Cuba poscastrista pero aún hundida y atrapada en los mecanismos de control ciudadano, la burocracia y el miedo. Sus personajes se debaten entre la tradición y la necesidad de dar el salto definitivo a una modernidad que la ponga en las mismas condiciones que los demás países.

El personaje que se enfrenta a un trámite administrativo que parece no tener fin y la lleva de una oficina a otra, de una sala de espera a otra y de un sello a otro, es una mujer que tramita un permiso para poder salir de la isla, pero la manera en que se desenvuelve ese proceso aparentemente sencillo le resta entusiasmo y expectativa a su empeño. Mientras tanto, a su alrededor, su familia va tejiendo una historia cubana invisibilizada, donde las relaciones humanas se concentran en asuntos tan sencillos como la crianza de los hijos o los problemas de conexión de internet.

La historia, como sucede en las buenas novelas, cuestiona la situación política de Cuba desde una perspectiva cotidiana, sin apelar a personajes vinculados al gobierno, la oposición, a grupos de interés o a proyectos de fuga. Nos cuestiona también, como lectores, hasta qué punto sabemos lo que está pasando en Cuba en estos años dramáticos. Si bien el siglo veintiuno no ha sido fácil para ningún país, al parecer nuestra mirada global ya nos está dando, como consecuencia, que lo íntimo, lo casero y lo doméstico terminará por ser relegado a la invisibilidad, y, por lo tanto, el drama del individuo será totalmente ignorado.

Como una manera de reivindicar a quienes soportaron la aplastante mano del poder del régimen castrista, que se ensañó con personajes importantes para la cultura latinoamericana, por ejemplo, la novela introduce a Severo Sarduy y Reinaldo Arenas en el recuerdo de personajes jóvenes, que se emborrachan en los bares, caminan abrazados, ríen a carcajadas y están pendientes del iPod.

Este guiño, aparentemente circunstancial en la vida de los personajes de la novela, le permite a Legna Rodríguez Iglesias trazar una línea crítica que se va a extender a todo el proceso político cubano desde el triunfo de la revolución. La autora no cae en un discurso panfletario ni se presta la voz de alguno de sus personajes para ejercer su crítica, sino, por el contrario, destila en la descripción del aparato estatal el inevitable proceso de la decadencia política.

Legna Rodríguez Iglesias organiza una historia íntima, personal, apoyada por sucesos de personajes que se diluyen en el tiempo.

Así como aparecen Sarduy y Arenas, fantasmales pero contundentes, aparece también el poeta José Kozer, de la mano de sus libros y en la retina de los jóvenes que indagan en la sensibilidad de la sociedad o cuestionan el aporte de la literatura a una sociedad que parece estancarse en el tiempo.

De otro lado, es interesante el orden de los acontecimientos en la propuesta formal de la novela. Legna Rodríguez Iglesias organiza una historia íntima, personal, apoyada por sucesos de personajes que se diluyen en el tiempo; es decir, dejan de lado la cronología para aparecer como si se tratara de burbujas flotando en el espacio, moviéndose de un lado a otro, de un tiempo a otro, sin afectar el tema central: que es la violencia personal que cargan, o de la que son víctimas, aquellas personas que buscan liberarse de sus ataduras cotidianas.

De un extremo a otro, del pasado al presente cubano, de la voz de jóvenes contemporáneos a las elucubraciones de un perro, de un lenguaje fotográfico a la densa reflexión literaria, la novela de Legna Rodríguez Iglesias es un valiente testimonio de cómo Cuba se enfrenta al siglo veintiuno.

La escritora cubana, que ya ha publicado otras novelas y varios libros de poesía, y ha obtenido el premio Casa de las Américas de teatro, ha asumido una voz que parece venir de los límites marginales de la sociedad cubana, pero en realidad se alza desde el centro mismo del drama humano, dentro del proyecto político cubano. Una propuesta nueva en un país donde la tradición literaria ha ido derivando en notables escritores que han buscado otras vertientes de expresión, como Leonardo Padura, o el propio Kozer, y van dejando de lado el discurso panfletario o el ánimo de retocar el escenario mítico en que se ha convertido La Habana contemporánea.

Alfredo Herrera Flores
Últimas entradas de Alfredo Herrera Flores (ver todo)