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Tres lecturas de Ronald Bonilla

miércoles 21 de septiembre de 2022
Ronald Bonilla
Ronald Bonilla es uno de los renovadores de la poesía costarricense contemporánea.

Entre los poetas que, durante los años setenta y ochenta del siglo pasado, renovaron la poesía costarricense con toda aquella experiencia política centroamericana como marco general, Ronald Bonilla es uno de los que han mantenido una voz poética intimista, una mirada hacia la condición singular del ser humano, lo que le permite recrear y reflexionar sobre todo aquello que está inmediatamente a su alrededor.

Nacido en 1951, es cronológicamente cercano a autores como Mía Gallegos, Carlos Francisco Monge y Diana Ávila, autores que, gracias a su nutrida producción y premios literarios obtenidos, fortalecieron la tradición poética costarricense en una época en que en otros países latinoamericanos se desarrollaban propuestas ambiciosas en torno a la renovación del lenguaje y otras ideas estéticas o políticas.

Sabido es que Ronald Bonilla no es ajeno a este proceso, al punto de firmar, junto a Laureano Albán, Julieta Dobles y Carlos Francisco Monge, el Manifiesto trascendentalista (1977), que en un principio se interpreta como un alejamiento a la poesía social, pero que en el fondo es un nuevo llamado a poner atención en la naturaleza y condición humana. Aunque algunos piensan que la propuesta trascendentalista no ha influido mucho en la nueva poesía costarricense, sí es cierto que es la propuesta más seria de analizar el proceso poético de aquella época, desde una experiencia de parte.

Este volumen nos muestra no sólo un poeta juvenil, sino una etapa de producción poética que viene desde fines del siglo XX hasta principios de este.

El año 2021 se publica el primer tomo de Tiempos sin sombra, poesía en marcha (1969-1999), volumen que reúne la primera parte de la producción poética de Bonilla, que va, precisamente, desde Viento adentro (1969) hasta Un día contra el asedio, escrito entre 1974 y 1978, fechas que coinciden con la concepción y firma del manifiesto (1977), aunque el libro, según la nota a pie de página, se publica recién en 1999. Este volumen, entonces, nos muestra no sólo un poeta juvenil, sino una etapa de producción poética que viene desde fines del siglo XX hasta principios de este, cuando ya tenemos a un Ronald Bonilla maduro y mucho más claro en sus propuestas literarias.

Junto a este primer volumen de su poesía reunida, que se completará con otros dos, repaso Después de soñarte (Editorial de la Universidad Estatal a Distancia, Euned, 2008) y Hoja de afiliación y otros clichés (Euned, 2015), en los que se puede tener una idea más completa del proceso literario de Bonilla y que, por supuesto, no se agota en estas publicaciones. El pensamiento literario de Bonilla discurre también en sus talleres de creación, disertaciones y trabajos editoriales a través de la editorial Poiesis, que dirige con entusiasmo, y su gestión cultural.

“Tiempos sin sombra, poesía en marcha”, tomo I (1969-1999), de Ronald Bonilla
Tiempos sin sombra, poesía en marcha, tomo I (1969-1999), de Ronald Bonilla (Euned, 2021). Disponible en la web de la editorial

El primer tomo de Tiempos sin sombra, poesía en marcha (Euned, 2021), reúne sus cinco primeros libros de poesía, escritos entre 1969 y 1978, como ya se anotó, el libro Un día contra el asedio se publicó veinte años después de haber sido escrito. De este libro, que marcaría el fin de su etapa literaria juvenil, ya se puede recuperar su tendencia reflexiva: “Ese miedo terrible / de mirarnos, proponernos, / temblar lanzando al aire tempestades, / pequeñas golondrinas… // ¿Dónde saltar sino a la libertad / del vuelo y del abrazo / al fondo donde amamos, amistamos, / donde siempre tuvimos los meses más intensos, / más locos e insalvables?”.

Hay en este libro de tránsito a la madurez literaria un simbolismo que enriquece la propuesta metafórica de su autor, no confunde ni obliga a la doble o triple lectura; por el contrario, facilita al lector y pone a su alcance un lenguaje fluido pero rico en imágenes: “Después ya la mañana será torpe. / Tú entrarás al vestido como siempre, / yo a mis raídos pantalones de trabajo. / Después ya la mañana será inútil: / entrarás a la prisa de un reloj, / yo iré con mis zapatos / empujando piedrecillas en la arena”.

En sus primeros libros, Ronald Bonilla manifiesta una preocupación por las sensaciones que va descubriendo como persona y que requiere de explicaciones, sabiendo que la poesía se encargará de darlas. En su poema “Solitario”, del libro Las manos de amar, se pregunta: “¿Quién grita y no conoce al hombre? / ¿Quién huele a rocío, a incienso / y no sabe que ha muerto? / ¿Quién ha preguntado su nombre antes de nacer? / ¿Quién ha llegado a mis espaldas / mientras duermo, eternamente, / encontrando, al fin, al hombre? / ¿Quién vela conmigo a todos estos muertos?”.

Se manifiesta, entonces, la influencia de sus lecturas más importantes, Neruda, Vallejo, y del poeta peruano tendrá más adelante la oportunidad de recrear sus temas y reflexiones. En el libro Hojas de afiliación y otros clichés hay un poema de intensidad vallejiana, que no esconde ni disimula Bonilla; por el contrario, exalta con la seguridad de que la poesía es, también, una sola. Dice en “Contraejemplos”: “Confianza en el espejo / no en la imagen que vuelve del revés. / Confianza en la camisa de tu padre, / no en tu padre dormido para siempre”.

Tal vez sea en el libro Después de soñarte donde Bonilla se refleja con mayor claridad como poeta que ha asumido la propuesta trascendentalista.

El poema que da título al libro es una extensa confesión sobre su calidad de poeta, donde cuestiona su entorno, la mirada ilusa que se tiene de la poesía y la magnitud humana del poeta, un texto que, al mismo tiempo, le ha dado a Bonilla una presencia literaria firme en el nuevo panorama de la poesía costarricense: “Soy uno más / de los poetas de esta ciudad / y me atasco en medio de sus colas y salientes / también escupo / con el alcohol hendido para festejar (…). Soy uno más estoy en deuda / aquí valoran el hálito hediondo / de la noche que amanece / y no trasciende…”.

Tal vez sea en el libro Después de soñarte donde Bonilla se refleja con mayor claridad como poeta que ha asumido la propuesta trascendentalista, pues no sólo se inicia el texto con un epígrafe de aquel manifiesto, sino que debe ser su libro más extenso, 57 poemas numerados más siete titulados a modo de epílogo o posdata. El lenguaje es coloquial, poesía que exalta aquellas situaciones cotidianas que, si no pasan por la experiencia de la poesía, puedan quedar en la trascendencia del instante y no perdurar, como dice el manifiesto: “Casi creí que te fuiste, / pero esta mañana amanecimos juntos. / Yo tomé tus dedos delgados / bajo la sábana de sombras, / y busqué tus labios, tus aristas ansiosas, / tu piel toda de fábulas trazada; / y ahí estabas y me acariciaste el cabello / despeinado de tanta soledad”.

Conforme se va repasando la poesía de Ronald Bonilla, también se asiste a un proceso de la poesía costarricense de inicios del siglo XXI, que ya cuenta con una larga lista de nombres, de hombres y mujeres que publican desde las trincheras locales hasta en las principales editoriales centroamericanas. En gran parte de la obra de estos jóvenes debe haber una influencia de Bonilla y de las propuestas de su generación.

Alfredo Herrera Flores
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