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Presencia y vigencia de Pablo Guevara

jueves 10 de noviembre de 2022
Pablo Guevara
La relación vital y literaria de Pablo Guevara con Cusco puede rastrearse desde sus primeros poemarios.

A la muerte del poeta peruano Pablo Guevara, el año 2006, se sabía que dejaba inéditos algunos libros de poesía, un complejo ensayo sobre periodización de la literatura peruana y otros trabajos sobre cinematografía, una de las actividades artísticas a la que le dedicó mucho de su energía creativa. Ese mismo año se publicó póstumamente el poemario Hospital, en el que recreaba su experiencia de la etapa final de su vida; el año 2021, quince años después de su partida, aparece Qosqo Raymi, el libro de las instrucciones (Lima, Pakarina Ediciones), un ambicioso y complejo texto que, así como refresca su presencia, fortalece su vigencia en el panorama de la literatura peruana.

La relación vital y literaria de Pablo Guevara con Cusco, la antigua capital de la cultura inca, que expandió su territorio y administración política a gran parte de Sudamérica, puede rastrearse desde sus primeros poemarios. Guevara cierra su primera etapa de creación poética precisamente con un libro que titula Hotel del Cuzco y otras provincias del Perú (1971), para luego mantener un largo silencio editorial de más de veinticinco años, hasta que en 1997 obtiene el Premio Copé de Poesía con el libro Un iceberg llamado poesía.

Hasta entonces, se tenía entendido que la obra La colisión, donde el libro ganador del premio Copé constituye el primero de cinco libros, era la culminación de un proceso creativo guevariano que alcanzaba su más alta expresión. No faltaba razón a críticos y lectores, pues los cinco libros, o capítulos, de La colisión (ediciones Copé, 1999), conforman una aventura poética en varios sentidos, desde la épica reflexión en torno a la naturaleza de la poesía hasta la motivación que ejerce en el lector la metáfora sobre la que se construye su reflexión.

Pablo Guevara es, tanto en La colisión como en Qosqo Raymi, un poeta amplio y culto.

Luego de Hospital, aparece Qosqo Raymi, el libro de las instrucciones, cuyo título, en quechua, alude a “fiesta del Cusco”, o, ya en el contexto del libro, sería más propio traducir como “ritual del Cusco”. La edición está a cargo del poeta Odi Gonzales, quien, gracias a la cercanía y confianza con Guevara, recibe el encargo de transcribir, ordenar, revisar y gestionar su publicación, tarea que, según su testimonio que precede el texto final, le tomó varios años de trabajo. El prólogo, firmado por Pablo Macera, se retoma a raíz de la lectura de las primeras versiones del libro, aún en 1992, como también lo explica Gonzales.

Pablo Guevara es, tanto en La colisión como en Qosqo Raymi, un poeta amplio y culto, asume un lenguaje complejo e ilustrado, desbordante en imágenes y reflexiones, que puede llevar al lector de la mano por varios caminos, o rumbos, para concentrarse, o enfocarse, en el tema central. Se trata de un libro transgenérico, es decir, un texto que se desplaza a través de diferentes formatos, como el verso, la prosa poética, el ensayo y la crónica, incluyendo la traducción o el lenguaje coloquial. No se podría, sin embargo, encasillar la propuesta de Guevara en alguna corriente literaria, pues no es vanguardista ni indigenista, por ejemplo, y tal vez esté más cercano a un novedoso barroquismo.

El libro, la fiesta, o el rito, se inicia con un breve poema en el que nos ubicamos, autor y lectores, en el centro geográfico y cultural del tema: la plaza principal del Cusco. Sabido es que, según algunas traducciones y conceptos de la cosmovisión andina, el Cusco es el centro del universo, el ombligo del mundo, y su amplísima plaza principal, el lugar donde se realizaban las fiestas o ritos más importantes de la época inca.

El poema, titulado “Waqaypata / kusipata” (como se denominaba a ese espacio sagrado), dice en sus primeros versos: “Ámbitos de una enorme plaza inka en Qosqo/Cusco / Perímetro de gran extensión corrida / dividida por un riachuelo sagrado, el Saphi [raíz, origen] / Los peregrinos, durante horas de horas clamaban en la plaza a / gritos, conjurando amenazas presentes, desgracias inminentes y, de / pronto, pasaban al otro lado a Kusipata, a danzar, reír, cantar y / beber chicha hasta las heces”.

Esta primera visión espacial y emocional denota también una de las bases de la cosmovisión andina, la dualidad, una manera en que se conciben todas las manifestaciones vitales, donde el hombre no es el centro ni el protagonista, sino parte de un espacio que está en permanente búsqueda de equilibro. Nada existe si no tiene su contraparte, su par, o su contrario igual, y esa idea se mantiene cuando se expande nuestra visión, de dos a cuatro, por ejemplo, o se indaga hacia el interior de pensamientos y sentimientos, sucesivamente. Este es el Cusco desde, y hacia donde, se desenvuelve el torrente poético de Guevara, su mirada emotiva, sugerente y crítica de un mundo aún palpitante y vivo, como en antaño desde donde salían los caminos hacia los cuatro confines en que se divide el mundo y donde confluyen todos los destinos.

No deja de ser interesante la organización del libro. Siete capítulos, o instrucciones, organizados cronológicamente bajo criterios históricos, desde el incario hasta la modernidad, pasando, por supuesto, por la colonia, la independencia y la república. A través de ellos la poesía de Guevara se presenta descriptiva: “El Tawantinsuyo; nación que bulle en cuatro confines, fue un gran imperio regido por la bipartición de llaqtas, pueblos, señoríos…”; emotiva: “En Qosqo/Cusco las lluvias hacen más abundantes las lágrimas…”; analítica: “En el ámbito andino las gentes llevaban la cuenta de sus edades por ciclos vitales —basados en la plenitud y decadencia del cuerpo humano…”; ilustrativo: “En el pensamiento andino el sol y el arco iris salen metafóricamente de oquedades de la superficie de los suelos…”.

Pero Guevara es, sobre todo, reivindicativo. Son importantes los versos, o párrafos, traducciones o testimonios documentados, en los que se refiere a personajes que, así como han sido protagonistas del proceso independentista, revolucionario, han sido también invisibilizados o desplazados a lugares secundarios de la historia. Uno de ellos es el pintor Diego Quispe Tito, a quien se le atribuye la consolidación de la denominada “Escuela cusqueña”, una manifestación pictórica propia del sincretismo cultural de la colonia. Sus cuadros se conservan en varios templos cusqueños y en colecciones privadas, mientras que su influencia sigue vigente hasta nuestros días.

No es que Guevara asuma la voz de silenciados, inhabilitados o enajenados, sino que asume su propia voz, contemporánea, racional y conmovedora.

Podemos plantearnos la interrogante de si en este libro Pablo Guevara asume la voz de la resistencia cultural, de la rebeldía supérstite, heredada y latente por parte de las naciones andinas que mantienen sus ancestrales formas de ver el mundo, así como sus manifestaciones cotidianas y sus relaciones con el entorno, a pesar de la presencia e imposición de otras culturas. No es que Guevara asuma la voz de silenciados, inhabilitados o enajenados, sino que asume su propia voz, contemporánea, racional y conmovedora, producto de su experiencia académica y cosmopolita, desde un espacio vigente y vivo. Tampoco es su intención retornar al pasado, en busca de elementos que expliquen nuestra situación social o cultural actual, sino que, a través de la poesía, podamos cerrar un círculo donde la rebelión y la subordinación cultural sean motivos de nuestro rumbo vital, humano.

El libro de Pablo Guevara, que en buena hora Pakarina Editores y el poeta Odi Gonzales ponen al alcance de los lectores, renueva la presencia y vigencia de un autor imprescindible en el proceso de la literatura peruana de la segunda mitad del siglo XX y que, ya entrado el siglo XXI, debe ser vuelto a revisar tanto por la calidad de su poesía como su propuesta estética y política, en este último caso, referida a la manera de pensar y enfrentar nuestra realidad, las condiciones culturales y un futuro que ha de forjarse, inevitablemente, sobre la base de nuestra experiencia histórica.

Alfredo Herrera Flores
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