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Hablemos, de Octavio Santana Suarez

Dislocaciones que en sus zarpas enferman

• Lunes 30 de julio de 2018
Dislocaciones que en sus zarpas enferman, por Wilfredo CarrizalesCollage: Wilfredo Carrizales
Textos y collage: Wilfredo Carrizales

1

Sale el que pasa y en la repugnancia un desagrado. Después que nació, murió y aún vivió andando tras los años. Las manchas no fueron arrancadas. Así mismo la luz siguió encendida y expresó.

La más alta grieta: pata de gallina y un cacareo que se pretende. Un brillo contiene la porción del espectáculo. Las plantas de los pies enferman, pero no por ello se detienen las caminatas.

Se aplica la joroba a su tenedor, mientras colgada de un palo se balancea la cabeza de un niño. Ya existían adornos en las paredes y figuras de los gases listos para el consumo. No hubo cilios.

Para los zapateros, tejados en regla. Franjas y líneas en procura de un compás y un fuelle de perfil. Se sirve al inquilino, si llega el caso y si no, cabe la huida hacia la garita, adherido al baluarte.

Puesto que justicia aguza el temblor, la abundancia gana simpatía. En seguida, sin dejarse vencer, fiebres con poca sal y alteración de las agallas. Todo eso: culmen de pasquín y un sapo en cesión.

 

2

Diecisiete veces bajo un granado y ninguna experiencia ganada. La congoja por su afluencia de sangre. Se congela si deposita el cáliz a la altura de su talón. Que coopera, mas la flor cae.

El viento se apresura y reina junto a otro meteoro. Un defecto desplaza al siguiente. La corriente se corrobora en los meandros de la nostalgia. Al día, lo ordinario. El cortejo, en su recinto.

Brevedad de la cortina cuando se trata de cortesías. Escritos para el alacrán. De las alfombras proceden las intrigas. Además, ¿para qué humillarse detrás de los muebles? Basta con fumar.

Un disco y su desbaste, aunque los presentes tengan las cejas subidas. El juicio se gasta y no asciende. ¿Qué significa candelabro como semejanza de hijo díscolo? Ya la medranza traduce.

En lugar de silla, estaba ella, adscrita. Era un asunto para revelarse, pero no surtió efecto. Ese domingo se expresó con higienes de mellizos. La genealogía no olía, con precisión, a espliego.

 

3

Iba cuando cerilla, mixto de niña y niño y la mitad de la barra era una vereda sin nombre, pero blanca. La velocidad modelaba los cuerpos. Un operario encontró su manera de trascender.

Hacia los extremos, el ancla viraba y también el hombre aun tosco. Un telescopio amortiguaba su caída con fajos de papel y arte de estrellas. Un gorro de mujer triangulaba su tiempo bonancible.

Una frase sucinta y mora. El moho no alcanza el morfema y trastabilla. ¿Criando malvas se descansa o se anuncian los gorgojos? Las fechas se duermen corroídas y de dos en dos finan.

Chispas sobre la carne. Y se aflojan las moscas. Y dentro de los morteros repican las letanías. ¿Por qué motejar al remojo a la distancia? Alguien se besa y entra en movimiento. Mucho hay de eso.

La muchedumbre se colegia; ¿y tú? Se empapelan los huesos, de medio a medio. De astas, acontecen los excesos. La pura, encendida vela, se limita a su cerumen y no claudica.

 

4

Quien con cara de ratón; quien con recorte de nuca. Ahora bien: la pereza aquieta, aunque no deslumbre. El carbón es un ser vivo que finge estar muerto. La consonancia se acuartela y calla.

Que sea tomado en cuenta y votado. No se permitirá mutilarlo: de eso se encargará él mismo y su sombra. ¿Alguien ofrece algo más? ¡Ojo al parche y mercader a su tumba! Dando sube la casa.

Según el néctar, el olvido será profundo. Un tratado se negrea y nadie acierta el blanco. Ni la perpetuidad ni el alcaloide inmediato. Ya no llueve en los sitios aviesos y el parpadeo extraña.

A la medida de la elegancia el astrónomo hace maravillas, inventa eclipses, tumba gobiernos. Otros empleos corresponden a los nonagenarios. Con alteraciones, subsisten los ficheros.

Se dobló el núcleo del occipucio y la sensación de un nuevo símbolo lo abrumaba. Así, a vísperas, confundió ventanas con estornudos y su nariz trabajó las costras para terciar en grande y sufrir.

 

5

Cohabitación con ideología en penitencia. Colección de banderitas, al unísono con quiebres de vitrinas y maniquíes acostados. Un burgués se reproduce y no se siente nada cómodo.

Compra de oficial de aduanas. Cesta con mermeladas y pan del soborno. En una recta se admite un sermón para un futuro concilio. Un fulano se hurga la oreja y extrae un desmayo, de golpe.

Se enjutó el dispensador de consuelos. Hizo carrera a contrapelo. Era de una raza que suponía sutilidades. Ahora está arrimado a un olivo, contando los huesos de las aceitunas y suspirando.

Tras la celosía, el fisgón que reclama. Carece de autoría, empero acomete acciones del todo loables. Con relación al domicilio, abunda la leche y los pescados sin párpados ni herencia.

Frente al rombo, la espuma de la muchacha menstruando. Una canción lírica es revalorizada. A buen entendedor, pocas gotas. (En el televisor, una caravana de camellas consagra sus ubres).

 

6

Pérdidas en el serpenteo. Una serenata con animales fantásticos y enanos tragafuegos. El chocolate pone a parir a las negras lustrosas. Cerca de los muros variantes ortográficas.

La mitad y otro tonto. El pene no se mitiga con bárbaros iconos. La ambrosía sirvió de amenaza a la de moño corto y verija peliaguda. Con recato, la castidad se abarrota.

A pecho airado, adquirió santo, pero no seña. Se echó sobre el aceite y el ruido fue vivo, aunque ligero. La cordura se tostó y arrolló en espiral. Los remilgos quedaron para zurcir calcetines.

¿Algo habrá más allá de la equidad? Sangran los pronósticos en los extremos del menoscabo. Se marchan las horas neonatas con el mito de los tributos que soplan. ¿Hipérbole en cierne?

Surge de las hacederas y comienza a quilatar perlas de carburo. Resiste y resuella como buen resobrino. Consigue las cerdas y canta victoria. Más tarde paga por la picazón y el níscalo.

 

7

Taciturno y clavando tachuelas. ¿Luego pediría limosnas en las esquinas? Y su nombre no parecía el del búho macho. Cariñoso no sería, ni celeste, ni apilado. Su circunstancia: de ámbito y obraje.

En cuatro pies, forzado a ponerse en facha. En una subasta adquirió el mediodía y la manga para enternecer palomas. Resplandeciente y simétrico, recalificó para andar cojeando y papujado.

Se ensanchan los pantalones en el hogar y se guarnecen las trampas. El matador ha muerto y la prueba se substrae. De tormentos asesinan a los perros del elucubrador. ¿Con dividendos?

Van las almas a los umbrales, seguidas de limícolas. Si te descuidas, se entrometen en tus asuntos. Recuerda: unos cobran la fama; otros adeudan desafueros. Por sí misma, la verdad se enchumba.

Allá el calor de la plaza. Acá los lados flacos de las puertas. Se sedimentan las columnas al margen de lo estipulado. Se tuercen los sombreros; se parasita el lenguaje. En cada ángulo, un hueco manco.

 

8

Le lamen la orilla del deseo. Esa que se abre y exuda. Las lágrimas le saltan; salta con lágrimas. Goce sin agobio. Y la laja tejiéndose hacia el fondo, hacia la laguna que se instruye, salaz.

Tan inútil el crimen en tercera persona y la pistola estuvo ausente y el veneno incluso más. La prodigalidad echó largos colmillos. Una aberración estalló en los espejuelos y no había amargura.

Les ordenaron torpezas y llegar tarde con tardanzas. Les incitaron llamaradas y monogramas. Les reclutaron en las letrinas. Les desyemaron las uñas brotadas. Les abundaron los ojos de ataduras.

Cosa que se introduce con pasión y con rutina. Caramelos de afluencias dentro de cántaros que se hacen encima. Tierras muy esperadas por los zapatos de raro significado. Valen un año y rondan.

Madrastras y tabacos poco sabrosos. Perchas sin armar y nabos y excursiones de bogavantes. Unas raíces para los ardides y unas podas de alarifes. Cualquier elucubración no se cancela o rebate.

 

9

En mitad del modelo que asperjaba. En medio del sonambulismo de actualidad. Un guía impreso en el espejo de mano de su mujer. Un monopolio de pétalos y coronas contra el suelo.

Durante la cadena, el murciélago se demora y principia su moralina. Los antiguos valoraban sus rulos. Hay una sustancia que ha nacido de los ignorantes que rivalizaban. Una rosa se excusó.

Lo único existente: el vómito. Normal que sea. Se trata de un modo de la confirmación del empeño. Nunca contentará a tampoco. Pájaro oscuro deserta del canario y tristeza celebra.

Transitamos por andamios entre insonoras imprecaciones. Cargamos cajas de negruras, desgracias en mutación. Por la pinta del entorno, una borrasca repartirá sus suplicios a discreción.

La fortuna está friolenta. Además se apresta a embestir. Si nos acobardamos, la solemnidad se hurtará en el barro que se antepone. El prado carece de concordancia y el verano no es grato a la altivez.

 

10

Pero también las arañas portan sus aes. Y pregonan juntas. Un régimen se pela cual banano maduro. No invirtiendo el orden. Califica la eufonía y se pasma el huevo frágil. ¿Quién pierde?

No por ellos, sino por nosotros y nuestra ropa de ayer. Suple el inciso y la querencia y pronto el acento se pronunciará temprano. ¿De dónde estamos para continuar siendo el antecedente?

De sastres o desastres. De sistros y sextantes. Los encontramos; no los relativizamos. De cerca, lo de después y el oficio encima del aparador. ¿Las isóbaras son ignífugas a ultranza, con licencia?

Arreglo la isla a palos y provincia no es agosto ni junio. El cabo se somete a su regla y es general la demanda. Uno cambia de forma y se usa indefinido. Si te llaman “doméstico” escapa por la buhardilla.

La crisis, esa fiera que traga dulces de crueldad. Mantiene su diversión para amplias audiencias. Sin embargo, daña riñones y ovarios, testas y testículos, panzas y pulmones. ¿No resulta una suerte tenerla tan adjetivada?

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