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Libros extraños en la biblioteca personal de Cortázar

lunes 13 de agosto de 2018
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Julio Cortázar

La biblioteca que escritores, poetas y pintores van estructurando a lo largo de su vida en ocasiones dice bastante de sus dueños. Son como esas fotos instantáneas (de cuando las máquinas de escribir tenían sentido) que ofrecen en un instante los gustos lectores, y esa valoración intangible del libro como objeto de belleza y metáfora.

Una característica común a muchas bibliotecas personales es ese desorden vibrante que parece reinar en sus anaqueles y que se va formando sin un régimen preestablecido. Poseen una armonía aleatoria y en la que el azar va armando un rompecabezas de libros, notas, papeles y objetos con una armonía caótica. Bibliotecas creadas sin apremios, sin seguir una lista y que responden más al interés lector de su creador.

Por otra parte, en una biblioteca se encuentran huellas sutiles de una existencia ligada a las palabras, tanto escritas como leídas. No es extraño entonces encontrar dentro de un libro una flor, entre sus páginas un tique de metro, una fotografía, un recorte de periódico. Algunos libros estarán firmados por el autor (o por sus dueños anteriores), otros tendrán subrayados; en fin, que cada libro puede encerrar las pisadas endebles de la vida traspapelada.

La biblioteca de Julio Cortázar debió haberse formado de esa manera fortuita como le gustaba al escritor que se fuera dando la vida y la literatura. Su biblioteca sin duda se fue estructurando sin tomar en cuenta los bostezos de la Gran Costumbre1 ni las imperativas listas de los más vendidos.

Tuvo un gusto especial por los libros experimentales e incluso él realizó algunos con gran destreza; además utilizó el libro dentro de libro, retazos de otros discursos, fotografías o dibujos e incluso el cómic para ir construyendo libros sin géneros definidos, pero que eran deudores de la gran literatura y de esos discursos subalternos y populares para magializarlos y darles un sentido renovado y un tanto desfachatados.

Libros como Último roundLa vuelta al día en ochenta mundos y Fantomas contra los vampiros multinacionales. En la escritura de Último round están presentes los libros ilustrados y los almanaques2 que llegaron a la playa de la niñez del escritor argentino. El libro se iba llamar en principio almanaque, luego en el curso del trabajo cambió de opinión.3 No obstante son libros “collages”4 en los que incorpora fotografías, cuentos, dibujos, textos de diversa índole y otros variados etcéteras.

En Venezuela se edita todavía, según creo, el famoso Almanaque de los hermanos Rojas, que era un pliego de gran formato desplegable. A pesar de utilizar como inspiración el almanaque, en estos libros se nota un sutil toque experimental.

Como era lógico, la burla irónica sobre los libros experimentales no podía faltar y en La vuelta al día en ochenta mundos está el texto “De otra máquina célibe”, en el que se escribe además de Raymond Roussel, o del Instituto de Altos Estudios Patafísicos de Buenos Aires; se menciona la máquina Rayuel-o-matic, que como se podrá intuir es un mueble electrónico para leer una novela como Rayuela. En el libro Último round se encuentra la reseña sobre un libro (que en verdad tiene más de pirotecnia curiosa que de experimental) y con un título más bien cortazariano: En vista del éxito obtenido, o los piantados5 firmes como fierro. Cortázar mismo ha explicado el significado de la palabra piantado. No obstante lo que interesa es el libro Poético ensayo al conjuro efluente cristífero, de Francisco Fabricio Díaz, y al que Cortázar le escribe una reseña. El libro es dos en uno. Una parte en castellano y la otra en inglés. Cortázar escribe: “…y eso es bastante genial en Díaz, cuál es la primera o la segunda tapa, puesto que todo depende de cómo agarremos el volumen; en los dos casos hay tapa y texto, y entonces empieza lo bueno porque ya el astuto lector se habrá dado cuenta de que los dos textos avanzan el uno en dirección del otro, confluyendo hacia el centro del libro; sin embargo, Díaz devela y nos reserva una última sorpresa; no sólo los textos no llegan a encontrarse sino que el centro del libro lo constituyen seis páginas en blanco, verdadera no man’s paper que puede ser sumamente útil para escribir diversas cosas cristíferas y efluentes emanadas del entusiasmo que nos producirá la lectura del Poético ensayo”.

Este gusto de Cortázar por la experimentación no sólo con los libros como objetos y discurso, sino con el lenguaje, le llevó a realizar varios libros a dos manos con pintores. En el caso de Último round y La vuelta al día en ochenta mundos tuvo el apoyo del artista Julio Silva.6 Con el pintor Pat Andrea7 colaboró para un libro titulado Pat Andrea: La puñalada. Julio Cortázar: El tango de la vuelta. En la página de Internet del Centro Virtual Cervantes se puede leer un poco sobre la historia del libro.8

Un texto de Cortázar9 podría servirnos como puente para pasearnos por algunos de esos libros que han soltado sus amarras para navegar, sin los formatos adecuados, como una obra de arte autónoma y en la que el lector también cuenta como creador/manipulador del libro-objeto.

Entre los libros experimentales que están en la biblioteca de Cortázar tenemos un ejemplar de Cien mil millones de poemas, de Raymond Queneau.10 El libro consta sólo de 10 sonetos de 14 versos cada uno, pero cada página estaba troquelada y cortada en tiras, de manera tal que cada lector realizaba sus combinaciones pertinentes moviendo las lengüetas y leyendo siempre un soneto diferente. Queneau ha explicado un poco cómo se le ocurrió la idea: “Fue más tarde por la inspiración que me produjo un libro para niños titulado Tetes de Rechange que por juegos surrealistas como el cadáver exquisito que concebí (y llevé a cabo) esta pequeña obra, que permite a cualquier persona componer a voluntad cien mil millones de sonetos, todos ellos, por supuesto, regulares. Es, al fin y al cabo, una especie de máquina de fabricar poemas en número limitado, aunque es verdad que ese número limitado provee lecturas para casi doscientos millones de años, leyendo veinticuatro horas por día”. Para escribir los sonetos también se ciñó a varias reglas que él mismo se impuso y de esta manera tomó en consideración que las rimas no fuesen banales, ni raras o únicas, que cada soneto debía contener un tema y una continuidad para que todos los demás sonetos tuviesen el mismo equilibrio y encanto; que la estructura gramatical debía mantenerse invariable en cada sustitución de verso. Sólo Queneau con su mente organizada matemáticamente podría haber hecho este libro, y por eso escribe: “Si lleva 45 segundos leer un soneto, y 15 segundos cambiar las cintas en que están impresos, a un ritmo de lectura de 8 horas por día, durante 200 días al año, se tarda más de un millón de siglos en agotar las posibilidades del libro, mientras que leyendo todo el día, los 365 días del año, lleva 190.258.751 años, más algunas horas y minutos (sin tomar en cuenta los años bisiestos y algún otro detalle)”.

Otro libro es L’ incendiare; Les feux du diamant (cuya traducción sería El incendiario; Fuegos de diamantes). Es un poema-objeto consistente en un nivel de metal, que sería como el contenedor de un texto manuscrito en papel con una cubierta de cuero. Claude Tarbaud (1922-1991)11 estuvo por algún tiempo en Nueva York como intérprete en las Naciones Unidas. En la ciudad tuvo una estrecha amistad con Eugenio Granell y con Marcel Duchamp. En 1988, en el catálogo de la exposición del grupo Phases, Phases, L’esperience continue, 1952-1988 (Musée des Beaux-Arts, Le Havre), Tarnaud anotó sobre su propia pintura: “Lo esencial para mí radica en que, a veces, se abre un pasillo que me invita, de alguna forma, a la reconstrucción precisa (hecha por un arquitecto-paisajista, un poco agnóstico) del País de la Ternura donde reina un déspota benévolo, el doble del Capitán Nemo”. Sobra cualquier comentario.

“Armar”, de Ronaldo Azeredo

Un libro interesante es Armar, del poeta brasileño Ronaldo Azeredo.12 Este libro está compuesto por apenas 10 hojas que el lector puede armar como un rompecabezas, pero lo sutil es que al terminar de armarlo se forman dos nombres: María/José. Al voltear los nombres y enfrentarlos se forma una figura humana; lo demás entra en ese mundo mágico de la metáfora. Es uno de los poetas más jóvenes que participan en la primera Exposición Nacional de Arte Concreto, en diciembre de 1956. Lo escrito por Gonzalo Aguilar es preciso: “Como poeta, Ronaldo Azeredo aprendió a hablar en la época del pos-verso. Por eso el verso siempre le fue ajeno. Como Lemiski, podría haber dicho ‘nasci concreto’, pero con la diferencia de que con Ronaldo el concretismo nacía en él y con él. Cuando escribí mi libro sobre poesía concreta, me detuve principalmente en la obra del grupo Noigandres; sin embargo, cuando tuve que dar algunos ejemplos de cristales concretos perfectos, que en su parquedad decían de todo, tuve que recurrir a Ronaldo Azeredo. ‘Velocidade’ y ‘Labor/torpor’ apenas recurrían a las palabras pero a mí me sugirieron tratados voluminosos sobre la situación contemporánea de la poesía de vanguardia. ‘Velocidade’ es un poema strip-tease en el que la palabra misma crea movimiento alcanzando el epítome de lo moderno: el movimiento autónomo, el movimiento que se crea de sí mismo y que no necesita de ninguna fuerza externa para sostenerse”.

Otro libro que no se puede dejar al margen es Caixa preta (o Caja negra),13 del año 1975. Es un libro poema formado por una caja y veintiséis elementos en impresión offset y perforaciones sobre papel y un disco de vinilo. La caja tiene 30,7 x 50 x 0,5 cm (abierta) o 30,7 x 23,7 x 2 cm (cerrada). Cantidad de ejemplares: mil. Este libro colectivo tiene la particularidad de combinar poesía, arte y sonido.

“Las coplas de Nico Pérez”, de Nancy Bacelo

Otro libro es Las coplas de Nico Pérez, de Nancy Bacelo,14 quien fue una escritora, poeta y gestora cultural uruguaya que realizó una importante difusión de los autores uruguayos. Este libro de coplas tiene hojas circulares perforadas. Los círculos van unidos con un anillo cromado y el lector va pasando cada círculo a través del anillo. Su texto es sencillo en cuanto al estilo. Son breves textos musicales: “Balconeé desde las ramas / de sauces y jazmineros / cambié por ellos mi cama / elegí lo que más quiero”.

De Octavio Paz hay tres libros, pero dos son llamativos. Uno titulado Vrindaban.15 Lo interesante es su caja-estuche de forma triangular en color anaranjado fuerte. Editado cuando Octavio Paz era embajador en la India. El nombre de este libro objeto, Vrindaban, proviene de un lugar ubicado al norte de dicho país, y cuyo significado es: “los bosques de la diosa Vrinda”. Según narran las leyendas y los relatos sagrados, en dichos parajes vegetales transcurrió una buena parte de la juventud de Krishna, una de las deidades más destacadas para el hinduismo. El poema nace a raíz de una visita de Octavio Paz al templo de Krishna, y se presta a múltiples lecturas, desdoblándose entre el presente vivido por el autor y un pasado mítico y divino. El otro libro es Discos visuales.16 La armazón de este libro fue algo inusual debido a que se fraguó por correspondencia; el correo electrónico era algo impensable. El año, 1968. El poeta mexicano residía en Nueva Delhi, India, y Rojo en México.

En una carta Paz explica: “Nueva Delhi, a 6 de mayo de 1968. Querido Vicente: En mi última carta, escrita hace unos días, pensé comunicarte otro proyecto de colaboración entre tú y yo… Pero antes de entrar en materia debo decirte por qué tu colaboración me parece indispensable: al ver tu pintura, primero en México y ahora en Delhi, comprendí que tú eras la única persona que podría colaborar conmigo. Nuestras búsquedas se cruzan… Se me ha ocurrido que podríamos hacer un álbum con cuatro poemas. Para evitar todo equívoco, lo llamaríamos Discos visuales”. Por su parte, Rojo ha explicado en una entrevista que su relación con el poeta no era cercana y que lo conocía a través de su poesía, o como él lo acota: “Octavio me mandó la carta antes citada donde me decía que tenía una idea y deseaba que colaborara con él a partir de unos esquemas muy precisos que hizo sobre cómo iban a funcionar los Discos visuales (precisos en cuanto a su visión poética), pero me dejaba en libertad de interpretarlos plásticamente”. En la tapa siguiente a la portada, o al estuche semejante al de los CD actuales, puede leerse el texto introductorio del libro: “Juego y ceremonia o ceremonia que a la vez es un juego, los Discos visuales proponen una lectura no lineal que cancela nuestra pasividad de lectores y nos permite participar en el proceso creador. Esta intervención complementaria y esta renuncia a la fijeza distinguen a los Discos visuales de experiencias artísticas afines, como el poema-objeto surrealista y las obras de la poesía concreta”.17

“Soleil de Printemps”, de Pierre Bonnard y Alfred Jarry

El libro Soleil de Printemps (que podría traducirse de mala manera como Sol abrasador de limpieza general) consiste en un pequeño volumen con forma pentagonal de 24 páginas, grapada, con cubierta impresa. La primera edición de este texto de Alfred Jarry está ilustrada con dibujos y bocetos de Pierre Bonnard.18 Copia impresa en púrpura sobre papel morado. Este libro reproduce un trabajo publicado en el primer número del Pato Salvaje del 21 de marzo de 1903. Es en sí una curiosidad impresa.

G. K. Chesterton escribió: “Los libros son también un símbolo; representan la impresión que el hombre tiene de la existencia, y pueden sostenerse al menos en esto: que el hombre que ha llegado a preferir los libros a la vida es un maniático del mismo tipo que el avaro. Un libro es, sin duda, un objeto sagrado. En él están las mayores joyas encerradas en el cofre más pequeño. Pero eso no altera el hecho de que cuando se valora más el cofre que las joyas ha empezado la superstición”. Jorge Luis Borges, gran lector de Chesterton, por supuesto, escribió: “Un libro es una cosa entre las cosas, un volumen perdido entre los volúmenes que pueblan el indiferente universo, hasta que da con su lector, con el hombre destinado a sus símbolos. Ocurre entonces la emoción singular llamada belleza, ese misterio hermoso que no descifran ni la psicología ni la retórica”. En el libro de artista y el libro-objeto se combina su carácter de símbolo y en lo que respecta a su estructura de cosa entre las cosas, pero con la particularidad que no requiere de lectores, sino de hombres y mujeres dispuestos para el juego, para ser manipuladores de un objeto y descubrir ese inquietud curiosa que despierta la belleza.

Los libros-objeto se originan como una forma de extender los lenguajes del libro común y corriente con los de la pintura, la fotografía o la escultura. Fue una manera para que la vanguardia creadora buscase nuevos derroteros, abriese fronteras, huecos o ventanas a un objeto tan pasivo y tradicional como el libro. Aunque los autos de fe a lo largo de la historia recuerdan la supuesta peligrosidad de los libros, es bueno tener en cuenta que lo peligroso son los fanáticos de mente estructurada y cerrada que perciben el mundo por el borroso ojo de la cerradura del prejuicio y la oscuridad mental.

Carlos Yusti
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Notas

  1. Para Cortázar la “Gran Costumbre” vendría a ser ese mundo codificado y sistematizado de la cultura occidental. Ese mundo plano de etiquetas, convenciones y toda la sobrevalorada solemnidad con la cual solemos vomitizar la existencia.
  2. El almanaque —publicación anual que recoge datos, noticias o escritos de diverso carácter—, vinculado en la antigüedad con la astronomía, conoció gran difusión y popularidad a través de la imprenta. Contenía el calendario, un registro de fenómenos astronómicos, predicciones climáticas, las fases de la luna y el sol, la posición de los planetas, las variaciones de las mareas, sugerencias según las estaciones para los agricultores, un calendario de festividades religiosas y los días de los santos. A medida que la ciencia fue avanzando, el elemento sensacionalista —astrología, predicciones, profecías— fue desapareciendo. Sin embargo, el almanaque popular evolucionó, convirtiéndose en una verdadera forma de literatura folclórica que, además del calendario y las predicciones del tiempo, contenía estadísticas e informaciones instructivas, sucesos históricos, preceptos morales, proverbios, consejos médicos, remedios, chistes, incluso verso y acción.
  3. “En su correspondencia, refiriéndose a La vuelta al día…, Cortázar explica que la obra “será una especie de almanaque o de baúl de sastre, pero prefiero el primer término porque no les tengo simpatía a los sastres y en cambio toda mi infancia estuvo iluminada por El almanaque del mensajero, del que quizá quede algún ejemplar en su casa (hay que mirar en los muebles viejos, en los sótanos)” (citado en: “El libro-objeto en la obra de Julio Cortázar: La vuelta al día en ochenta mundos y Último round”, María Victoria Riobó).
  4. En carta a Lezama Lima, Cortázar acota que ha escrito “una especie de ‘collage’ donde recojo y traduzco algunas de las maravillosas inscripciones anónimas estampadas por estudiantes y obreros en la Sorbona, en el Odeón, en los muros de las calles…” (En referencia al texto “Noticias del mes de mayo” en Último round).
  5. “La palabra piantado es una de las contribuciones culturales del Río de la Plata. Los lectores al norte del paralelo 32 tomarán nota de que viene de ‘piantare’, en italiano mandarse mudar, acepción ilustrada por un rotundo tango donde también se oye el ruido de rotas cadenas: ‘Pianté de la noria… ¡se fue mi mujer!’. Nótese que el que se va está ido, voz que castizamente significa chiflado; al importar e imponer a los piantados en detrimento de los idos, reiteramos los argentinos una de nuestras más caras aspiraciones que, como todo el mundo sabe, consiste en sustituir una palabra española por otra italiana siempre que sea posible, y sobre todo si no lo es. Yo, por ejemplo, de muy chico era un ido, pero hacia los doce años alguien me trató de piantado y la familia adoptó el neologismo con arreglo al sano principio precedente”.
  6. Julio Silva (1930), pintor y escultor argentino, nacionalizado francés en 1967.
  7. Pat Andrea, hijo de un artista plástico —Kees— y de una ilustradora —Metti Naezer—, nació en 1942 en La Haya (Holanda), donde cursó estudios en la Academia Real de Bellas Artes. Reconocido pintor, artista gráfico e ilustrador holandés.
  8. “La historia comenzó en Argentina, en marzo de 1975. Pat Andrea es un joven pintor holandés que llega a Buenos Aires justo el día después del golpe militar del general Videla. Allí vivió los ocho primeros meses de la dictadura, marcados por la conmoción del golpe de Estado y la feroz represión que se desató. En 1979, ya de vuelta en Europa y casi en estado de trance, trabaja en una serie de 34 dibujos que tienen como hilo argumental la sangre y los cuchillos, siempre clavados a traición, por la espalda.
    Cuando Elisabeth Franck, una galerista belga, vio los dibujos, propuso a Andrea que buscara a alguien que le firmara un prólogo, con idea de editar un libro. Andrea acudió a ver a Julio Cortázar, con quien quedó para ver los dibujos en un pequeño cuarto que el artista tenía entonces alquilado cerca de la Place Pigalle, en París. ‘Recuerdo que me pareció un tipo enorme, cuando entró tuvo que agacharse para no darse en la cabeza con la puerta. Estaba claro que era mucho mayor que yo, pero sin embargo mostraba una extraña apariencia juvenil, iba vestido con una parka, de manera muy informal. Vio los dibujos despacio, y le encantaron’.
    Cortázar acepta hacer un texto para el libro, pero anuncia a Andrea que no será ni un prólogo ni una presentación, sino un cuento que le entregó cinco meses más tarde, y que se titulaba ‘El tango de la vuelta’. El texto, traducido al holandés y al francés, se publicó en sendas ediciones de 400 ejemplares, en 1982. Fue entonces cuando la editora se planteó publicar también el libro en inglés y en español que debieron imprimirse en los años siguientes, ya que a Pat Andrea le llegaron los ejemplares ‘de autor’ que justificaban la tirada. Lo cierto es que hay un momento a partir del cual los hechos empiezan a difuminarse; Elizabeth Franck sufre una profunda crisis de la que no conseguirá recuperarse. Abandona la galería, cambia de domicilio, y desaparece durante largas temporadas”.
    Autores: Raymond Queneau, François Le Lionais. Editorial: Gallimard, París. Año de publicación: 1961. Pág.; ils.; dim.: [18] h; 29 cm. Idioma: francés.
  9. “Contra ese valor fetiche, contra el género Libro que contiene el total de los géneros literarios, la actitud del escritor del siglo XX se ofrece con una apariencia de livianísima e irreverente despreocupación hacia las formas exteriores de la creación literaria. Si tal actitud asume con frecuencia formas agresivas contra el libro, es fácil advertir que por debajo de su símbolo exterior y material se está combatiendo el alma del libro, lo que el libro representó hasta ahora como producto literario. Si el libro es siempre símbolo, la irreverencia hacia él resulta igualmente simbólica. La verdadera batalla se libra allí donde dos actitudes ante la realidad y el hombre se descubren antagónicas. Y cuando un surrealista edita un libro atando páginas sueltas a un arbusto de alambre, su violento desafío lleno de burla, mal gusto, fastidio, encubre una denuncia de otro orden, el estadio intermedio entre una etapa de destrucción ya cumplida y el nacimiento de una etapa de construcción sobre bases esencialmente distintas”.
  10. Autores: Raymond Queneau, François Le Lionais. Editorial: Gallimard, París. Año de publicación: 1961. Pág.; ils.; dim.: [18] h; 29 cm. Idioma: francés.
  11. Autor: Claude Tarnaud, L’ incendiare; Les feux du diamant. Editorial: [s.n.], New York. Año de publicación: 1961. Pág.; ils.; dim.: 1 nivel; 23 cm. Idioma: francés. Notas: Ed. de 7 ejemplares. Ejemplar número 3.
  12. Autor: Ronaldo Azeredo. Editorial: A. Volpi, S.L. Año de publicación: 1977. Pág.; ils.; dim.: [10] h; 9 cm. Idioma: portugués.
  13. Autores: Julio Plaza, Augusto de Campos, Caetano Veloso, Caixa preta. Editorial: Invençao, Sao Paulo. Año de publicación: 1975. Pág.; ils.; dim.: Material diverso: il; 31 cm + 1 disco de Caetano Veloso. Idioma: portugués.
  14. Autora: Nancy Bacelo. Editorial: Siete poetas hispanoamericanos, Montevideo. Año de publicación: 1978. Pág.; ils.; dim.: 72 p; 8 cm. Colección: Luna Llena. Idioma: español.
  15. Autor: Octavio Paz. Editorial: Claude Givaudan, Ginebra. Año de publicación: 1966. Pág.; ils.; dim.: [22] p; 14 cm. Idioma: italiano. Traducción de Carmen Figueroa.
  16. Autor: Octavio Paz. Editorial: Era, México. Año de publicación: 1968. Pág.; ils.; dim.: 4 disco de cartón; 26 cm. Idioma: español. Diseño: Vicente Rojo, il.
  17. Los cuatro objetos circulares realizados por Vicente Rojo son y no son propiamente dibujos ni diseños ni juguetes ni instrumentos conductores de poesía: forman parte de la materia misma del poema y para leerlos tenemos que ponerlos en acción: los discos superiores se hallan provistos de dos o más ventanas o aberturas; los discos inferiores contienen respectivamente cuatro poemas: “Juventud”, “Concorde”, “Pasaje” y “Aspa”. Al hacer girar el disco aparece por la ventana un fragmento del texto; un nuevo giro hace brotar otro fragmento y así sucesivamente.
  18. Autores: Pierre Bonnard, Alfred Jarry. Editorial: Collège de Pataphysique, Francia? Año de publicación: 1957. Pág.; ils.; dim.: 23 p: il; 15 cm. Colección: Collection Haha; 13. Idioma: francés.
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