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Humo y poesía
(a propósito del libro Humo Sólido)

domingo 9 de septiembre de 2018
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Humo Sólido

Cualquier proyecto literario (para el papel o la Internet) está impregnado por el azar, el traspié fortuito y el albur conspirativo del universo. Comienza con individuos reunidos por carambola en un espacio determinado. Lo único en común que los congrega es una fe volátil por la palabra escrita, aunque no lo sepan.

Unos son poetas; otros garabatean, con letra temblorosa de resaca, en cuadernos, su primera novela, y algún otro se entretiene con el ensayo tratando de sacarle chispas a un género opacado de tanta revista arbitrada. También están esos seres que en vez de escribir el poema lo viven a cada momento y dejan todo su talento como manchas informes en la tensa pared de los días y por alguna calleja se alejan, sin obra, sin nada en los bolsillos, pero con la plenitud pulimentándole las pupilas.

En Ciudad de México surgió un proyecto literario inusual llamado Humo Sólido. Se trataba de una hoja volante, un tanto impulsiva.

Muchos planes literarios surgen en un café (o en la mesa de un bar) donde las moscas de la improvisación revoletean a cada tanto y el humo del cigarrillo dibuja formas efímeras. No hay reglas. Tampoco existe un fichaje de miembros. Todo se concatena de manera fortuita. Sin burocracia. Lo más probable es que a medida que se avance surgirán los desacuerdos y las discusiones. La deserción de uno que otro será inevitable, pero de igual modo vendrán nuevos adeptos. Todo fluye.

En Ciudad de México surgió un proyecto literario inusual llamado Humo Sólido. Se trataba de una hoja volante, un tanto impulsiva. Por un lado traía la fotografía de un poeta fumando. Era una fotografía que descuadraba ese cliché de “autor en pose trascendental”. En el reverso estaban los poemas impresos. El lema de la publicación era bastante característico: “Cuando ya todo esté prohibido”. En los créditos los promotores del proyecto: Mario Guzmán y Daniel Olivares Viniegra. Acompañados por una serie de colaboradores como Cristian Galicia, Jesús Garrido Gatica, Roberto López Moreno, Ulises Zamora, Yuri Valecillo y otro(a)s.

La distribución de Humo Sólido era gratuita y en algunas ediciones llegaron a imprimir de cinco a ocho mil ejemplares. Esta hoja volante tuvo iniciativas primigenias en publicaciones como La Hoja y Genio y Figura, o como lo acota Mario Guzmán rememorando esos accidentados inicios: “Cuando fundamos esta hoja de poesía fuimos invitados por Yuri Valecillo a realizar una publicación más, porque ya teníamos impresas La Hoja y Genio y Figura, que eran de interés por la fotografía y por la poesía. Autores connotados formaron parte de la ilustración de esas páginas, gracias al deber y a la lente de Yuri Valecillo. Bebimos güisqui y café con Jesús Garrido y al final fumamos unos tremendos puros. Sólo faltaba un lema que le diera sentido, eran como dije tiempos difíciles, creo siempre lo han sido…”.

Humo SólidoSe editaron varios números y el lema de Humo Sólido (intuición de mi parte) quizá se deba a ese fantasma que recorre el mundo de corrección política y de censura moderada como esa que te prohíbe fumar en sitios públicos. Hoy existe una creciente gazmoñería e intolerancia, metidas en las uñas de la cotidianidad, que sólo se puede combatir a través de la literatura a contracorriente e insolente. Otro aspecto a destacar de dicha publicación era que no dependía de ningún organismo cultural del Estado (o universitario) para editarse.

Que los escritores de Humo Sólido salgan fumando fue una premeditación alevosa. Si antes poetas y escritores (o cualquiera que buscara pasar por erudito) salían retratados ante enormes bibliotecas, ahora lo hacen exhibiendo sus vicios, evidenciando con ello que aparte de escribir son individuos con virtudes y defectos. Sin magia. Sin musa. Todo descarnado. Además subrayaba la construcción de castillos en el aire, de lo etéreo de todo como el humo.

Esta primera etapa de Humo Sólido concluye en un libro antológico: Humo Sólido. Cuando ya todo esté prohibido. Antología / Volumen 1 (Primera época). El libro recopila el trabajo poético de Jesús Garrido Gatica, Cristian Galicia, Daniel Olivares Viniegra, Roberto López Moreno, Paul Ulises Martínez Zamora, Uriel Reyes Deloya, Mónica Martz, Mario Guzmán Pérez, Marizela Ríos Toledo y Jorge Contreras Herrera.

Lo bueno de este libro es que no es rígido en la selección de los poetas, cuyos estilos y edades son bastante diversos. En un Pre-ludio al libro se lee: “Pertenecientes a muy distintas generaciones, los autores de Humo Sólido comparten entre sí, y también hacia los demás, una renovada y perenne fe en el fenómeno palabra-poema-creación y su puesta en escena mediante la lectura en vivo…”.

Algo de fugitivo tenía la hoja suelta de Humo Sólido y ese espíritu fugaz se mantiene en el libro, como acota en el prólogo Hans Giébe: “La naturaleza del humo es esencia de lo fugaz, cual la mutabilidad de sus formas que se diluyen en el viento. Desde aquel encuentro prometeico que tuvimos con el fuego, la historia del hombre no ha sido más que la sublimación de su más absurda insignificancia. Cree que es amo y señor de las realidades, cree que su poder imaginativo es más poderoso que la esencia de las cosas, y quizá sí lo sea, pero a la vez todo es apenas humo”.

Cuando el lenguaje se disfraza de poesía, de populismo encadenante y de utopía realizable en media tarde, el escritor tiene que devolverle a las palabras su corazón detonante.

La hoja de Humo Sólido se imprimió por encima de todos los obstáculos posibles. En esta era digital las publicaciones en papel de seguro se volverán algo raras, objetos invaluables. En la presentación del libro, Mario Guzmán dijo: “Ahora nos toca celebrar la palabra impresa, celebramos la creación de la imprenta, celebramos el offset, tal vez sean los últimos impresos que podamos exponer porque la industria editorial tal cual la conocimos está desapareciendo. Por esto es que presentamos estos hombres, estos soñadores, estos hilvanadores de sueños de humo, estos remendadores de palabras, estos poetas. Hicimos un viaje largo, muchos aguaceros cayeron sobre nosotros. Hubo tormentas y hubo arcoíris, pero al final la nave de humos sigue entre mares de entelequias y bizarros caprichos…”.

La palabra poética busca los caminos sinuosos en publicaciones no tradicionales para darle una oportunidad al lenguaje, para que las palabras recobren su vigor expresivo y su espiritualidad. La escritora Siri Hustvedt ha escrito: “Cada momento político tiene su particular clima retórico. El lenguaje importa no sólo porque expresa la ideología dominante en un periodo, sino porque crea, altera y determina nuestra percepción del mundo”.

Cuando el lenguaje se disfraza de poesía, de populismo encadenante y de utopía realizable en media tarde, el escritor tiene que devolverle a las palabras su corazón detonante, sus nervios de bisturí para diseccionar la realidad y desenmascarar esa falsa grandilocuencia del poder en todos sus estamentos.

Hay un humo que no se desvanece en el aire y ese humo permanente es el de la palabra escrita, de esa palabra solitaria edificando constantemente nuevos mundos desde esa insobornable/ingobernable trinchera que llaman imaginación.

Carlos Yusti

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