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Milagros Figueroa y esa historia en letra pequeña

domingo 5 de julio de 2020
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Milagros Figueroa y esa historia en letra pequeña, por Carlos Yusti
Milagros Figueroa combina el relato oral con la anécdota y el arte de hacer muñecos.

La Gran Historia acumulada como un montón de trastos, con su etiqueta de fechas y datos, en los libros oficiales de historia, por lo general, le hace sombra a esa historia otra, menuda y de todos los días con sus héroes y villanos de rigor, donde lo trágico (o lo cómico) de los hechos hacen sus mínimos aportes para que los engranajes de esa historia inventariada en los libros de la Academia de la Historia comiencen a mover sus bien aceitadas piezas.

Milagros Figueroa no es historiadora certificada, pero de algún modo ella ha recopilado buena parte de esa historia mínima, cotidiana, que también tiene su espacio, su tiempo, sus personajes y sus peripecias.

Para darle protagonismo a esa historia, fraguada tras bastidores, o desplazada a un segundo plano, Milagros Figueroa se vale de dos elementos, si no novedosos bastante peculiares: la oralidad y los muñecos(as) que representan, desde la fidelidad de la caricatura, a los distintos protagonistas de esa historia que en los libros es apenas una nota comprimida a pie de página. Más que muñecos(as) son la ilustración de la historia desmigajada en relatos, anécdotas, datos curiosos y situaciones desmedidas que rozan lo mágico.

Lo interesante de todo esto es que Milagros Figueroa tampoco es muchas otras cosas, pero confecciona muñecas, es coleccionista y su colección de juguetes es bastante ecléctica. De igual forma lee de todo y se mueve en el mundo cultural con gran soltura y clase. También está su tenacidad a contracorriente entrelazada por su pasión por esa historia (tejida en los vaivenes de las ciudades, en la memoria de sus habitantes, especie de metáfora necesaria para comprender nuestro devenir), que la han llevado a convertirse en una investigadora de la historia (a secas). Por supuesto, de esa historia interconectada en una red de voces en la que se mezclan verdad, imaginación e ideario poético para darle carne fidedigna a esa menuda esencia de lo que somos como pueblo y ciudadanos.

Milagros Figueroa combina el relato oral, que le permite flexibilizar la narración y así poder condimentarla con ese histrionismo necesario para sacarla de su entesamiento, aparte de los datos fidedignos, con la anécdota, y todo el imaginario posible se combina con el arte de hacer muñecas(os) y de esta manera plantear, desde lo teatral, la amenidad y el contacto directo con el público oyente, una historia más rica y florida, pero tan importante y exacta como la escrita en los libros de historia.

Milagros Figueroa y esa historia en letra pequeña, por Carlos Yusti
Para Milagros esta recreación buscaba despertar en los niños una motivación distinta hacia la historia.

Uno de los trabajos que realizó Milagros Figueroa, conjuntamente con Ana María Marín y con quien escribe, fue recrear la histórica batalla de Chirica, que tuvo como escenario el cerro de El Gallo. La propuesta era realizar una maqueta con los soldados realistas y los soldados patriotas. Como es lógico, estarían los personajes principales que participaron en la batalla. Todo este trabajo se hizo en una escuela pública con alumnos de cuarto, quinto y sexto grado. Los niños fueron los encargados de elaborar los soldados involucrados en esa histórica refriega, aparte de realizar toda la escenografía, la cual incluía el cerro donde sucedió el encuentro.

Para Milagros esta recreación buscaba despertar en los niños una motivación distinta hacia la historia, que no la percibieran como esa historia soporífera y atragantada de fechas de los libros de textos. Que los niños fuesen los artífices de la recreación de una batalla que fue hito de nuestra historia.

Además de este trabajo, con niños en algunas escuelas, está al frente como coordinadora de las actividades de la Casa de Cultura Héctor Guillermo Villalobos (Los Olivos, Puerto Ordaz) diseñando actividades y talleres de toda índole.

También ofrece conferencias heterodoxas sobre la historia en mayúscula y acerca de la historia de la región Guayana, recreando con su estilo personal de muñequera a los personajes de la cultura y el arte, descubriendo la historia cercana repleta de absurdo y magia.

Cierta vez la invitaron a dictar una charla en Ciudad Bolívar y en ella sucedió un incidente que bien vale la pena. Después de toda esa formalidad cultural, tan estirada y oficial, le toca el turno a Milagros Figueroa. El tema de la charla: Manuela Sáenz. Todo el mundo esperaba una disertación sobre las virtudes de heroína tan googleada en la Internet. Por su parte la conferencista estaba centrada en decapitar todos esos lugares comunes que la han simplificado a ser “la libertadora del Libertador”, “la amante díscola y esposa del doctor Thorne” o la aguerrida mujer que escribió apasionadas cartas de amor y toda esa palabrería hueca que casi la convierte en una santa. Milagros Figueroa desmonta todos esos tópicos y entonces saca la muñeca que representa a Manuelita, trabajada con delicadeza y con ese fino esmero de artesanía. Con la muñeca de Manuela cuenta Milagros Figueroa las vicisitudes de su vida y llega al punto central, a ese momento sin igual cuando Manuelita conoció al Libertador Simón Bolívar. Los asistentes a la charla ya están cautivados, hechizados con la historia que narra Milagros Figueroa: “Cuando Manuela Sáenz vio a ese hombre con su uniforme de gala, no tan alto, pero con esa estatura poderosa de la gloria, de piel blanca y con esa fulgurada belleza, enseguida le dijo a su corazón; a ese hombre…”. Milagros no pudo concluir la frase ya que una señora del público se levantó y a voz de cuello gritó: “…Ese hombre tiene que ser mío, a ese hombre me lo echo yo”. Las risas inundaron la sala y Milagros Figueroa acotó con aplomo: “¡Claro!, eso mismo en el fondo de sus entrañas pensó Manuela y desde ese momento se dio a la tarea de seducirlo con su inteligencia bravía más que con su belleza, desde ese instante selló su destino amoroso con claridad y sin prejuicios”.

Cuando lo cotidiano se torna algo volátil y el discurso de las ficciones es más trascendente que el relato de la historia oficial, surge esta historia narrada con todos los elementos ficticios, entrelazados con los hechos reales, para brindar un relato menos almidonado de la historia, de esa historia que vivimos a diario como una poética de la intrascendencia. Esa historia de letra pequeña en la cual nos cocinamos todos a fuego lento.

Milagros Figueroa y esa historia en letra pequeña, por Carlos Yusti
La batalla de San Félix según Milagros Figueroa.
Carlos Yusti
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