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María Eugenia Catoni (MaEga)
“Tanto en literatura como en pintura, los retazos almacenados emergen en el momento de la creación”

domingo 26 de julio de 2020
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María Eugenia Catoni, MaEga
María Eugenia Catoni (MaEga): “El desorden me molesta cuando quiero comenzar a trabajar”.

Para entablar este singular diálogo con la pintora y escritora María Eugenia Catoni (MaEga) me he sumergido (por la Internet) en sus pinturas, esculturas, dibujos y collages. Siempre me ha gustado su pintura, que no se ciñe a normas y que parece fluir en esa dirección de la búsqueda y el experimento. Pintura figurativa por excelencia, pero que indaga la abstracción, el collage, lo barroco, lo religioso, lo escultórico. No es un discurso pictórico plano, sino que profundiza en la fuerza alquímica del color, en esa tensión elástica de las formas.

Hay cierta complejidad en sus pinturas, cierto discurso que trata de responder esas incógnitas cotidianas, que buscan desentrañar ese mundo espiritual que utiliza el espejo de la realidad, de todos los días, para verse reflejado y distorsionarlo de la mejor manera posible.

MaEga es una creadora constante que a través de la pintura y la escritura va desarrollando su visión de hechizo sobre el mundo que la rodea.

Otro aspecto disonante de esta creadora es que se fue acercando a la escritura de historias brevísimas y de poemas. En los cuentos busca lo contrario que en sus pinturas, como es la concreción. Poda lo más posible el discurso escrito; simplifica hasta lo último el nudo de la historia, que por lo general se resuelve en pocas líneas. Lo acotado por el poeta Francisco Arévalo es pertinente: “María Eugenia Catoni es una creadora osada, completa, cultivada, que rompe el esquema visual con su obra plástica. Pero allí no termina su vorágine creativa, es una poeta consumada y narradora lanzada por las trochas de la memoria. Fue mi más sobresaliente alumna durante dos años. Como tallerista demostró disciplina y madera de creadora. Sus inquietudes cultivadas en la plástica y la literatura sin duda ofrecerán sorpresas. Mi mejor alumna siempre”.

Todo artista en su obra va dejando algo de su interioridad. Son como migas de su infancia, de aquello que le gusta o detesta. Va estructurando su épica personal, u lucha interior que siempre choca con esa realidad menos rica que aquello que pinta o que escribe. MaEga es una creadora constante que a través de la pintura y la escritura va desarrollando su visión de hechizo sobre el mundo que la rodea, sobre la posibilidad que tiene el arte para verbalizar, de alguna manera, los silencios que burbujean en el espíritu.

 

¿Cuándo comenzó a considerarse una artista (en mayúscula)?

La verdad, nunca. Siempre me he considerado una aprendiz. Lo que no quiere decir que no valore lo que hago. Soy extremadamente respetuosa de mi trabajo. El término artista me suena a espectáculo y me golpea, jajá… no me considero así. Siempre he tenido dificultad para ubicarme o ponerle nombre a lo que realizo, tal vez creadora experimental, porque siempre he estado experimentando… y no se termina, tanto en la pintura como en cualquier proceso de la vida estamos aprendiendo constantemente. Retomamos y reaprendemos todos los días.

 

¿Cuáles serían los temas recurrentes en su pintura?

Definitivamente, en principio, la mujer sagrada y profana. La cotidianidad, los sueños, la ciudad y la violencia. Y la interrelación entre ellos.

 

En ese proceso creativo de pintar, ¿algún recuerdo (o determinada vivencia) le brinda el tema para un cuadro?

Tanto en literatura como en pintura, los retazos almacenados emergen en el momento de la creación. Al principio se dan con una pureza que abruma y con el tiempo se diluyen por el ejercicio diario para reaparecer transformados en algo que ni uno mismo reconoce porque sucede un encuentro… y en ese tiempo ya eres otra.

 

María Eugenia Catoni, MaEga

¿Cómo es su ritmo de trabajo? ¿Alguna manía antes de acometer el dibujo o al momento de pintar un lienzo?

Debo tener todo muy limpio y ordenado. El desorden me molesta cuando quiero comenzar a trabajar. Una vez dentro del proceso, no veo más nada. Estoy ciega y muda, como dice la cantante, mas no sorda. Ni siquiera siento los dolores que, después de tanto trabajar, me torturan. Oigo música mientras pinto, y cuando escribo, sólo me oigo. Al dibujar a veces realizo hasta treinta trabajos sin parar, es como abrir y cerrar un grifo. En el treinta cierro, jajá. Con la pintura es diferente: realizo bocetos que a veces no supero y los considero mejor trabajo que la pintura final. Tengo muchos cuadernos llenos de ellos.

 

También ha escrito poemas y breves textos narrativos. ¿Cómo concilia la escritura con su quehacer pictórico?

Desde hace varios años vengo sintiendo la necesidad de ampliar mi formato, uno ilimitado, liviano, íntimo, que aguante todo y que te enfrente con tus monstruos de una forma inmediata y que los puedas doblegar de mil maneras. Los asesinas y también los amas. Reconciliarte con tu lado oscuro es fascinante. Muchas de mis series en la pintura se basan en una investigación teórica intensa antes de llevarlas al soporte. Cuando llego allí todo es rápido y fluye hasta que el tema se agota. Por una temporada suelto los pinceles y me dedico sólo a escribir.

Siempre me ha tocado dividir el tiempo para hacer todo lo que me gusta. Ya he incursionado en cerámica, escultura, etc., y en ciertas épocas dividía el año. Ocupaba seis meses pintando y el resto trabajaba el barro. Lo hice frecuentemente, pero al final me quedé con la pintura. Así estoy en este momento y ya sospecho cuál va a ser al final mi ocupación; lo único que te digo es que siempre será el arte, sin jubilación, mientras mi cuerpo aguante.

 

¿Cómo se inició en esto de escribir?

Escribo desde los quince años y tuve esos textos guardados hasta que los retomé después de haber hecho varios talleres literarios. Más tarde me dediqué a escribir mis sueños y sólo quería dormir para soñar. Eso me llevó a descubrir aspectos importantes de mi otro lado, al que no he podido engañar nunca más. Me ayudó a reconocer lo que mis otros yos quieren y uno de ellos quiere escribir.

 

Me tardo mucho para aceptar el trabajo final. Siempre necesito de alguien más que me lea.

¿Qué autores y lecturas convocan su escritura?

A medida que escribo me obligo a leer y reconozco que no he leído mucho. Me desespera el poco tiempo que tenemos en esta vida para hacer todo lo que merece la pena. Quisiera tener una vida para leer y otra para escribir. Hay demasiado por leer. Descubrí que lo mío son los cuentos cortos de Edgar Allan Poe, Cortázar, Borges, Gabo, las distopías tipo Cadáver exquisito, de Agustina Bazterrica, y los cuentos de horror, jajá, como Ajuar funerario, de Fernando Iwasaki, con su humor negro y cruel. No me gusta perder el tiempo en novelas tan largas, salvo autores como Stephen King o el extremo clásico como El señor de las moscas, de William Golding, además de otros autores que no dejo por fuera.

Toda la poesía venezolana, sobre todo la femenina, Miyó Vestrini, Hanni Ossott. Otras como Anne Sexton, Alejandra Pizarnik (poetas suicidas), etc. Rafael Cadenas, la poesía polaca de Wislawa Szymborska.

He leído más poesía que narrativa; eso se lo debo a nuestros poetas Francisco Arévalo y Néstor Rojas.

 

El cuento breve tiene sus complejidades. ¿Cómo es el proceso de escribir un cuento corto?

Es un ejercicio más fácil que escribir un poema. Entré en eso de los concursos para hacer de la práctica un oficio. La imposición del tema es el reto para mí. Realizar un cuento que ate. Atrapada de principio a fin con un tema impuesto y además con un límite de palabras. Eso es un “tajo”.

El reto es hacerlo más corto. Dos míos, el primero de cinco palabras:

El niño cada noche escribe

Sueño bañarme sin mi tío.


Mamá Inés dice que Miguel huele mal

Todas las tardes los niños juegan a ver quiénes esconden más lentejas en sus cuerpos. Están germinando.

A veces las historias llegan en ráfagas, y hay que estar con el lápiz en la mano. Por supuesto, están las técnicas recomendadas por los grandes del cuento corto. Pero como todo en el arte, aprendes para olvidar y luego crear tu técnica. Yo estoy aprendiendo y mi técnica se parece mucho a la que utilizo en la pintura. Es mixta y con mucho collage. Pero aprendí a limpiar. Por lo tanto me tardo mucho para aceptar el trabajo final. Siempre necesito de alguien más que me lea. Dejo reposar mucho el cuento, y cuando lo vuelvo a leer si me sigue gustando y no le cambio nada ya lo dejo en paz.

 

¿Su trabajo pictórico tiende a la poesía o sus poemas tienden a lo pictórico?

Algunas de mis pinturas parecen narraciones; he querido callarlas, es como si hablara demasiado; igual es con la escritura, las letras salen a borbotones. Es el modo de tranquilizarme, sacando todo, quedo vacía, en blanco. Pueden surgir trabajos muy buenos y también malos. El dibujo es espontáneo, allí hablan las imágenes. La limpieza que hago después que escribo es la parte más exigente y la que me ha enseñado a eliminar el ruido innecesario y a dejar sólo lo importante.

 

¿En poesía cuáles poetas considera sus referentes?

Mira, tanto en narrativa como en poesía creo que la pregunta es temprana para mí. Estoy aún buscando mi voz y me falta mucho por leer y por escribir. Te pido por favor que me leas y me digas a quién ves allí. Es posible que veas a alguien que yo no veo. Me gustaría que me vieras a mí. Creo que eso es lo que todos queremos.

 

María Eugenia Catoni, MaEga

¿En qué trabaja en la actualidad?

Estoy en un descanso de la pintura. Estar un tiempo escribiendo me hará retomar los pinceles con otra visión que aún no descubro hacia dónde va. Debo cerrar este ciclo, quiero sorprenderme al comenzar el próximo. Hay un proyecto de un mural en un colegio muy conocido de la zona, que se paralizó por la pandemia. Y en literatura tengo cuatro libros que vengo trabajando hace tiempo. Uno de cuentos breves que sería una antología. Son más de veinte cuentos que han estado en concursos internacionales. Los otros tres son poemarios. Uno dedicado a mi bisabuela Adela: “Píntame las uñas con estrellitas moradas, abuela”. Otro sobre el miedo: “Me da miedo decir que tengo miedo”. Y por último el que nació con la peste y la cuarentena: “Mi entorno me in-burbuja o embruja, como quieran”. Todos en espera de financiamiento para publicar, si no los mando antes a algún concurso.

 

¿Cómo funciona eso de ser una pintora en tiempos de Internet y pandemia?

Me he convertido en una asidua visitante de Instagram. Allí tengo dos cuentas: @maega_arte y @maegapoesiacuento, esta última más nueva. Por allí movilizo mi trabajo; no es fácil, sobre todo por el pésimo Internet que tenemos; vivo colgada de un wifi vecino. Es un período largo que nos ha hecho reflexionar sobre la manera de enfrentarnos a tantos obstáculos y limitaciones por la situación política y económica del país, y agregada la pandemia todo se ha agudizado. Hay que replantearse los proyectos para sobrevivir. La ciudad para mí ya se había desdibujado antes de la pandemia, es una ciudad tomada por los zamuros, y no era agradable salir. Yo ya vivía en cuarentena desde antes de la cuarentena.

Un poema de María Eugenia Catoni (MaEga)

Hebra desnuda

Olfateo hermosura mientras llenas mis puntos cardinales
erizada sonrisa despliega el amanecer alcanforado
me brindas el café, lo tomo sin apuro para no olvidar mañana
te tuve sin límites y conocí tus pliegues de canto rosado
hebra desnuda o como quieras, aúlla
transformado vuelvo siempre por ese azul inquisidor que
maltrata mi alma con su lenguaje pervertido
frenético lamer de perro viejo
te amo aun sin reconocerte.
duelen costras tibias en solitarios laberintos cuando
burlas el cortejo húmedo sin los pasos de mi sombra.

María Eugenia Catoni, MaEga
(Caicara del Orinoco, 1953)

Actualmente vive en Puerto Ordaz, estado Bolívar, Venezuela. Desde hace más de treinta años desarrolla el arte de la pintura, escultura, cerámica y manifestaciones afines. Miembro de la Asociación Venezolana de Artistas Plásticos (Avap), la Asociación de Escritores Hispanos (Aehis) y de Utopía Centro de Arte de Guárico. Participó en exposiciones nacionales e internacionales y recibió reconocimientos en algunos estados de Venezuela. Paralelamente incursiona en la literatura. Ha cursado diversos talleres de creación poética y narrativa. Fue reconocida en el primer concurso de poesía de Utopía Centro de Arte, en Valle de la Pascua (2019), y finalista del V Premio Internacional de Microrrelatos organizado por la Fundación César Egido Serrano (España). Poemas y cuentos breves de su autoría forman parte de diversas antologías y han sido recogidas en publicaciones literarias. En 2015 publicó la plaquette titulada Primer mordisco, con el taller El Pez Soluble. Tiene inéditos tres poemarios y una antología de cuentos breves.

Carlos Yusti
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