Recibe 2020 con 20% de descuento en corrección de textos y corrección de estilo
Saltar al contenido

Yuri Valecillo, fotógrafo
“Me atrapó ver las imágenes surgir del papel en blanco”

miércoles 12 de agosto de 2020
¡Compártelo en tus redes!
Yuri Valecillo
Yuri Valecillo: “El mundo es cínico, el fotógrafo es irónico para compensar”. Fotografía: Grupo Li Po

El fotógrafo Yuri Valecillo pudo haber sido un eficaz escritor de ficciones novelescas, o a lo mejor un pintor de fluida destreza. También podría haber sido un artista del performance y la instalación. No obstante se decidió por la fotografía aunque escribe y sus exposiciones fotográficas tienden a ser peculiares instalaciones que en determinadas ocasiones rozan con el performance. En una oportunidad realizó una exposición, con los parámetros exigidos del curador, es decir con las fotos colgadas en la pared y ordenadas con un sentido temático o estético, pero entonces Yuri viene e inunda el piso con un montón de sus fotos, en distintos formatos, y el público asistente se sentía incómodo pisando las fotos que admiraba colgadas en la pared.

En la inauguración de un Salón Michelena, ante el boato oficial de la cultura, con presidente del país incluido, arrebató la cartera a una amiga y salió corriendo por todo el museo. Por supuesto ese incidente provocó un gran alboroto, con los militares y los guardaespaldas de seguridad tratando de atraparlo. Todo ese caos premeditado fue más emocionante que los cuadros y esculturas expuestos. Igualmente en otra oportunidad cruzó, en una balsa inflable, el río Cabriales de norte a sur. En su recorrido fue realizando una serie de fotos que daban cuentan del ecocidio que le había causado la ciudad al río y a sus riberas.

Se ha desempeñado en algunas instituciones del Estado, pero su estada en dichos cargos burocráticos siempre ha sido fugaz, debido a que pronto todo se tornaba de un gris kafkiano y esa enrarecida atmósfera le ponía sobre aviso de que era necesario salir en volandas antes de que se convirtiera en un Gregor Samsa tapiado en infinidad de papeles y comunicaciones.

Fotografía: Yuri Valecillo

Sus charlas y conferencias sobre fotografía (o sobre literatura) tienen bastante de actuación teatral: lleva un buen número de hojas pulcramente blancas en una carpeta y entonces toma las hojas (sin nada escrito) y las va leyendo. A medida que Yuri lee (en lo blanco) construye un texto inexistente, con sus puntos y comas, con sus inflexiones exactas de lecturas. Al final todos los oyentes y asistentes quieren una copia de tan inteligente y precisa disertación y sólo reciben un montón de hojas en blanco. Esto dice mucho de una mente ágil y despierta dispuesta a colocarlo todo de revés para incordiar a la administración.

La impronta de sus padres comunistas fue decisiva para que se convirtiera en un militante disidente a tiempo completo. Es pertinente lo escrito por José Carlos De Nóbrega: “Yuri Valecillo es un fotógrafo de radio no sólo local sino latinoamericano. Su ojo reporteril y artístico de raza ha compuesto imágenes fotográficas en Valencia (Venezuela), Ciudad de México, La Habana, Ecuador, Caracas, París, Curazao y el Caribe, entre muchas otras locaciones. Ha incursionado en el retrato, el autorretrato, el cuadro de costumbres y el mural épico con un sentido rebelde que excede la agitación propagandística. Incluso su serie sobre los grafitis, afiches o pintas que estampan estupendos aforismos gráficos y frases políticamente incorrectas, se circunscriben a un metadiscurso artístico sin pretensiones egóticas ni academicistas”.

Sus fotos van evidenciando lo miserable de la política, la crudeza de los desequilibrios sociales y las luchas de los ciudadanos por hacer valer sus derechos. Susan Sontag ha escrito que “la obra de los mejores fotógrafos comprometidos socialmente es a menudo condenada si se parece demasiado al arte. Y a la fotografía tenida por arte se le puede condenar de modo paralelo: atenúa la preocupación”. Yuri ha sabido lidiar con estos extremos y lo resuelve imprimiendo a sus fotos cierta dosis estética. Se podría decir que su trabajo fotográfico es un gran collage de lo humano sometido a los vaivenes históricos. Drama, comedia y los personajes más extraños y curiosos han sido retratados con sequedad, pero sin descuidar una estética que busca de alguna manera esa vigencia de la belleza a pesar de todo.

 


 

Fotografía: Yuri Valecillo

Hoy en día todo mundo hace fotos con distintos dispositivos electrónicos. ¿Tiene sentido ser fotógrafo en un mundo forjado en imágenes y en el cual todos somos un poco fotógrafos aficionados?

La fotografía tiene fecha de creación y de indiscutible desarrollo en distintas etapas, desde su invención hasta el día de hoy. Y claro, negar que la fotografía tiene sentido sería negar mi propio sentido, mi propia posibilidad de crear. Una pregunta que entra a ese colador: en un mundo lleno de palabras, con computadoras y pleno de artefactos para escribir y redactar, ¿tiene sentido escribir? Imagino y sé que sí.

La realidad nos supera, yo soy sólo un fotógrafo más y asumo mi condición de registrar lo que ocurre en mi entorno, en áreas reducidas, con menos recursos de los que las personas imaginan, sin hacer fotografías perdidas, o a conveniencia, ya que dejo que la realidad se encargue de estructurar los hechos con sus respectivos escenarios y sus actores de rigor. El fotógrafo no forma parte de nada (o a lo sumo de sí mismo), aunque quizás sólo sea dueño de ese pequeñísimo momento cuando aprieta el obturador. Me gusta que las personas hagan fotografías, eso es democratizar la imagen y la democracia tiene sus riesgos, pero me gustan esos riesgos. Envidio a los temerarios y me causan cierta suspicacia los fotógrafos institucionales, que no se salen de lo pactado con quien los contrata.

 

¿Cómo se inició en esto de la fotografía?

En los años 70 yo, un chico de diez años, o algo así, tuve la oportunidad de ver cómo mi papá y algunos amigos del recién fundado MAS, esa izquierda adelantada en Latinoamérica (llamaba a votar y no a disparar), junto a Jacobo Rugeles montaron un taller de propaganda en un anexo de la casa. En ese lugar dictaba cátedra Jacobo Borges y asistían Rubén Colombo, César Burgos, Ramón Belisario, Quintín Hernández. Por ahí los veía pintar, discutir sobre arte o política y yo con una camarita recién comprada hacía fotos y podía revelar, hacer copias en mi propia casa. Imagínate qué más podía ser, si no fotógrafo. Me atrapó ver las imágenes surgir del papel en blanco.

Fotografía: Yuri Valecillo

¿Cuáles maestros (o colegas) fotógrafos han influenciado su trabajo?

Jacobo Rugeles, debido a que me permitió apreciar un cuarto oscuro y trabajar con negativos, y de dicha experiencia lo que comprendí es que los fotógrafos de la Europa del Este desde Weegee, o sea, Arthur H. Felling, ese ucraniano/estadounidense que es a la crónica roja lo que Dashiell Hammett al género de la novela negra, la fotografía tenía cierta capacidad de poner en evidencia los hechos. Esa forma descarnada de Weegee de fotografiar escenas violentas siempre me asombró. En los actuales momentos veo a otros fotógrafos que hacen cosas interesantes como Esso Álvarez o Pascual Borzelli Iglesias, que son tipos intrépidos, constantes, sistemáticos y bastante más disciplinados que yo. Claro que la lista sobre las influencias es larga y es fabulosa, pero me gustan los fotógrafos del este europeo como Robert Cappa, Josef Kudelka, etc. Nada que ver con el realismo socialista, que ni fue realista ni socialista.

 

En sus fotos por lo general se observa una tensión social, un drama oculto, una ironía… ¿Se podría hablar de un realismo militante?

El mundo es cínico, el fotógrafo es irónico para compensar. La sociedad con sus luces y sombras. Como fotógrafo trato de no salirme de esos espacios, busco apropiarme de escenas a veces terribles y otras veces sublimes, aunque no formemos parte de ella, sólo registramos, buscamos la distancia y el ángulo, leemos a cabalidad la escena como un buen lector lo hace con un libro; vemos los puntos y las comas, corregimos el texto y lo digerimos, con la precaución de no inmiscuirnos, o ser parte de quienes reciben los garrotazos. El realismo y la militancia están destinados a quien obedece, a quien asume una dirección; los fotógrafos orgánicos son fotógrafos al servicio de quien los tiene en la nómina y no al servicio de la mirada. Es muy difícil no poner el pan en la mesa. Pero siempre existe la posibilidad de fugarnos, de salirnos con la nuestra, de vernos o de situar una línea que no es la que desea el dueño de la realidad. Siempre nos salta una chispa de valor. Siempre dejamos a un lado el vestido del miedo que nos arropa.

 

¿Es casual que muchas de sus fotos posean un toque reporteril?

Yo soy un fotorreportero, además no soy miembro del Círculo de Reportero Gráficos de Venezuela y sí del Sindicato Nacional de Trabajadores de Prensa. Creo que el círculo es un círculo vicioso y el sindicato un espiral ascendente y es imposible apartarme de la lógica reporteril que no construye la realidad, no la hago a propósito, no soy un apologista de la miseria, sólo la suscribo (y la subrayo) a la mirada de cientos por un breve momento.

Fotografía: Yuri Valecillo

Usted requiere de la calle para hacer sus fotos. En estos días de cuarentena y pandemia, ¿cómo ha enfrentado su trabajo fotográfico?

La vida continúa. Llevamos tapabocas y tenemos los ojos abiertos; quizás más abiertos que nunca, más abiertos que jamás. Trabajamos y hacemos menos amables las cosas, describimos sin palabras y vamos junto a los otros como una manera de vivir y con algo de miedo largo, esperando que el coronavirus nos pase de lado o que la muerte no nos atrape con tanto dolor, con tanta angustia.

 

Escribe incendiarios textos políticos para Aporrea. Estos escritos giran en torno a esa camarilla militar-civil que gobierna el país. ¿Se podrían considerar estos escritos como notas al pie de sus fotografías?

Creo que el sitio Aporrea es un experimento fabuloso y allí escribo lo que me viene en gana (hasta que la administración se fastidie y comience a pedir, de buenas maneras, que publique silencios),1 es de esos espacios que se perciben como bastante libres; son como una cátedra de lo que deberían ser los medios libres. Escribiría en El Correo del Orinoco, o Ciudad Valencia, pero la abyección servil de la noticia que desinforma no me cuadra. Es que en la nación que me tocó nacer vemos a chicos que antes le corrían al servicio militar para no hacer el servicio, pero que ahora, en su madurez, son milicianos y se sienten orgullosos de su presente y claro, obviando su pasado, lo esconden, lo enturbian. Yo con mis errores y ellos con sus horrores.

Fotografía: Yuri Valecillo

Imagino que las broncas e insultos de la gente denominada de izquierda (entre comillas) deben ser bastantes cuando leen sus escritos en Aporrea. ¿Es así o me equivoco?

La “izquierda” latinoamericana durante muchos años fue, a fin de cuentas, sólo sueños húmedos, mientras en Europa mejoraba el nivel de vida y la batalla civil (o el debate civil) regía y construía sus destinos, en nuestro subcontinente se colocaba en el santoral a los comandantes, y aquéllos tenían a Albert Camus y nosotros a Marulanda, aquellos a Sartre y nosotros a Moncada Vidal, aquellos a Picasso y nosotros al “flaco” Gustavo haciendo pintas en una calle olvidada. De ahí que el insulto venga volando, no es de extrañar. Además se cubren con seudónimos. La militancia que me insulta al parecer desearía reeditar aquella triste historia del Frente Ricardo Franco en Colombia, deberían indagar en esa tenebrosa historia o en la crónica de estos largos días. Creo que la izquierda uruguaya y algunos segmentos de la izquierda de otros países latinoamericanos se están librando de ese lastre de confundir cojones con cerebro, autoritarismo con disciplina, y burocracia con democracia.

 

¿Cuáles son sus proyectos fotográficos a futuro?

Colombia la veo cercana, en lo territorial y en lo de los afectos. Quizás un viaje a esa nación me ayude a vislumbrar otras cosas, otros detalles, otras búsquedas. Los fotógrafos no formamos nuestra vista para ver escenarios previsibles, sólo vamos tanteando el futuro, vamos buscando luces para ver y sombras para caminar, son espacios desconocidos y extraños, o como decía el gran John Maynard Keynes: “A largo plazo todos estamos muertos”. La vida del fotógrafo, apreciado amigo, transcurre en parpadeos y no en segundos, minutos u horas. También me interesaría un viaje a Francia o Vietnam, este último destino me interesa sobremanera para ver el trabajo de los vietnamitas en la guerra, salirnos del guion de los fotógrafos americanos que cubrieron el conflicto y ver cómo lo sufrieron los fotógrafos de Vietnam.

Fotografía: Yuri Valecillo

Yuri Valecillo nació en Valencia en 1960. Desarrolla su actividad de manera continua en el diseño gráfico. Publica actualmente en más de veinte medios de Europa y América Latina, cuenta con 41 exposiciones individuales de fotografía y más de cincuenta portadas de revistas y libros, colaborador incesante en medios de Venezuela y América Latina, habla y lee francés, expositor de la Cátedra de Fotografía para la Revista Generación (México). Ha impartido cursos y talleres de fotografía en la Universidad de Carabobo (Venezuela). Coordinador de Fotografía de la revista Rino (México), Colaborador de la revista El Cotidiano (UAM), Cofundador de la Revista Generación, cuenta con varios escritos publicados.

Carlos Yusti
Últimas entradas de Carlos Yusti (ver todo)

Notas

  1. Como efectivamente ha sucedido. Yuri recibió un correo electrónico donde la gente que coordina Aporrea le ha mostrado amablemente la puerta de salida. Al parecer la camarilla militar-civil pasó su respectiva notificación de miedo a la página web en cuestión. Gajes del oficio.
Recibe 2020 con 20% de descuento en corrección de textos y corrección de estilo