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Esso Álvarez:
la fotografía como memoria política y social

jueves 30 de marzo de 2023
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Esso Álvarez
Al venezolano Esso Álvarez, quien se considera un comunicador antes que un fotógrafo o un artista, le gusta poco que le incluyan en la lista de artistas de la fotografía. Yuri Valecillos

Hoy cualquiera con un dispositivo celular puede ser fotógrafo. No obstante, un reducido número de “dinosaurios”, en el mejor sentido, se entiende, que trabajan la foto desde todos sus aspectos (algunos todavía ingresan al cuarto oscuro y sumergen el papel en algunas sustancias químicas para descubrir la magia ineludible de la imagen surgiendo en el papel), la tienen no como un pasatiempo de aficionados, sino como un encuentro exacto con la realidad y la memoria.

Conozco a varios de estos “dinosaurios” que se preocupan por convertir la foto en un pacto con la belleza, la memoria y la creatividad. Intentan que la fotografía sea el pulso de ese instante preciso que lo congela todo y trasciende el tiempo. Entre esos dinosaurios es necesario mencionar a Esso Álvarez.

Fotógrafos como Esso Álvarez tienen la suerte de estar en esos momentos que se podrían denominar como cruciales y que de alguna manera escriben una nueva página de la historia; son el ojo que todo lo ve desde la tribuna mientras los leones del poder hacen su espectáculo.

Esso ha captado en sus fotos todo ese fasto teatral de mesianismo al que recurren con incandescente histrionismo muchos de nuestros politicastros de saldo y ocasión.

Como muchos otros fotógrafos, Esso Álvarez ha retratado el poder con todas sus máscaras, con esa inconfundible “quincallería verbal”, la expresión de Uslar Pietri refiriéndose a Rómulo Betancourt y su multisápida monserga discursiva, que vende cuentos de hadas, sin hadas, claro, al mayoreo. Del poder político con sus personajes más conspicuos y los buscones más grotescos de todos los calibres. Esso ha retratado toda esa parafernalia de guardaespaldas, de adláteres vampíricos succionando el brillo artificial que brinda un poderoso, vistiendo la sotana o el uniforme que sea. Esso ha captado en sus fotos todo ese fasto teatral de mesianismo al que recurren con incandescente histrionismo muchos de nuestros politicastros de saldo y ocasión. Como buen fotógrafo en sus fotos puede leerse (entre líneas) una ironía, una burla a todo ese oropel que el poder derrocha en sus tumultuosos encuentros o en sus exclusivos y protocolarios festejos.

Esso Álvarez es oriundo de Maracaibo, estado Zulia, Venezuela (1960). Especie de investigador visual, coleccionista algo ecléctico y a ratos editor y promotor cultural. Su trabajo como fotoperiodista y editor gráfico en diversos medios de comunicación impresos data desde 1983 hasta 2008. Sus fotografías se han exhibido en exposiciones colectivas e individuales. Y su trabajo fotográfico ha obtenido varios reconocimientos dentro y fuera del país. También ha sido profesor en la Universidad Nacional Experimental de las Artes, Unearte, Ceca-Armando Reverón. Su exposición Estética del poder, que reúne una antología de fotografías (1980-2013), fue expuesta en la Galería de Arte Nacional, Caracas, en julio del año 2016, y en marzo del año 2017 se exhibió en el Museo de Arte Contemporáneo del Zulia dentro de la programación del festival Foto Maracaibo 2017.

Esso Álvarez: la fotografía como memoria política y social, por Carlos Yusti
Fotógrafos como Esso Álvarez son el ojo que todo lo ve desde la tribuna mientras los leones del poder hacen su espectáculo.

En su conjunto las fotografías sobre el poder, más que presentar una estética, dejan al descubierto ciertas características que se acercan más al ritual, con su pompa incluida, con una puesta en escena que cuida los detalles cuyo credo es el engaño y la estafa. El poder carece de ética y estética. Existe más bien un manejo sutil de la realidad que, si se mira bien, está rozando el espectáculo de feria ambulante más que de la política en el mejor sentido. Esso retrata en sus fotos fragmentos de esta puesta en escena, que siempre cambia de escenario, pero la cual mantiene intacta su mecánica ritualista, sus fórmulas adaptables para captar la atención del público, sea éste grande o de petit comité. Lo que sí tiene una estética es la manera como Esso retrata a los personeros del poder, su manera de capturarlos/pillarlos en sus andanzas rocambolescas, las cuales van de la mano del sainete o de la ópera bufa.

En esa exposición antológica Estética del poder estaban reunidos buenos y malos, tiranuelos y humildes, politicastros de oficio con su caradurismo de siempre y niños con toda su inocencia sin afeites. Todos en armónica y extraña conciliación. Lo escrito por Margarita D’Amico es bastante exacto:

Por eso en la exposición se respira convivencia, conciliación, entendimiento, solidaridad, integración, conexión, actitudes positivas todas, muy útiles en la época en que vivimos. Estamos inmersos en tiempos de gran complejidad, que también son tiempos para contar, mostrar, entender lo que está pasando, y esta es una buena noticia. En suma, Esso le quiso hacer un homenaje al país, un homenaje a la fotografía analógica, al blanco y negro, la convivencia, la conciliación. Y lo logró. No sólo con grandes figuras del poder político, económico y cultural, sino también con imágenes de gran ternura, el poder de los niños que juegan en viviendas humildes.

El poder desde distintas facetas con sus figurones y figurines de rigor. El individuo como animal político, donde a veces destaca mucho más el animal. El hombre como ser social en su rol de comparsa o de protagonista. No sin razón Luis Velázquez escribe: “Álvarez transfiere a la fotografía su sentido de responsabilidad y compromiso con el ‘hombre’ en cuanto ser social de dimensión histórica, lo que hace que la obra se cargue de verdad, conciencia y sensibilidad, características distintivas de los relatos que ofrecen las dinámicas sociales”.

A Esso le gusta poco que le incluyan en la lista de artistas de la fotografía y no es casual que sus referentes sean fotógrafos como Josef Koudelka, Manuel Álvarez Bravo, Korda (Alberto Díaz Gutiérrez) o Paolo Gasparini. Esso lo ha expresado muchas veces: “No me considero fotógrafo y menos un artista, soy un comunicador”. Y en sus fotos se nota su sentido periodístico, ese tono reporteril que busca captar los momentos inesperados, terribles y mágicos que la cotidianidad trae metida en las uñas.

Esso Álvarez: la fotografía como memoria política y social, por Carlos Yusti
El periodismo le permitió a Esso Álvarez estar presente en los lugares más inusuales y con los personajes menos cotidianos. En la gráfica, el retén de Catia. Esso Álvarez

Esso estudiaba Ingeniería Agrónoma, pero hacía fotos con una cámara de bolsillo y ahí comenzó todo. Su mamá le dijo que como fotógrafo de seguro se moriría de hambre, pero si eso le permitía ser feliz ella le daría todo su apoyo. Luego de muchos avatares y antes de terminar su carrera de Ingeniería se cambió a estudiar Comunicación Social, se compró una cámara fotográfica profesional y decidió que utilizaría la cámara para escribir con imágenes las metáforas que escribía su entorno. Esso Álvarez también ha dicho: “Quizás porque vengo de las ciencias, de la exactitud, de resultados concretos, mientras que en el arte no; el único poder que tiene el materializador de ideas es su propio acto creativo dado con las herramientas que tiene a su alcance”. El periodismo le permitió estar presente en los lugares más inusuales y con los personajes menos cotidianos. No obstante, nunca ha olvidado de dónde viene y que para dedicarse a la fotografía como profesión ha hecho otro montón de oficios menos sublimes.

Con sus fotos Esso Álvarez ha hecho un dibujo sinuoso de la vida.

En la actualidad Esso sigue explorando las posibilidades comunicacionales del arte y ha experimentado con el collage, la pintura e incluso ha escrito uno que otro texto sobre fotografía, pero siempre desde esa grada del observado inquieto y acucioso. En este fragmento de su crónica-entrevista sobre Korda se percibe su nítido pulso periodístico:

Con su humor autóctono Korda dijo, de entrada, en nuestro cuarto y último encuentro, que la entrevista costaría quinientas fulas (500 dólares americanos). Mientras, él, uno de los fotógrafos emblemáticos del proceso revolucionario cubano, degustaba de su infaltable elixir etílico y nos invitó a compartir con sus recuerdos medianamente ordenados en una atmósfera con olor y sabor a tabaco: botellas vacías de Vat 69, las memorias amarillentas atesoradas en los recortes de prensa y las imágenes de las transformaciones fisonómicas de Cuba en los últimos 50 años.

Con sus fotos Esso Álvarez ha hecho un dibujo sinuoso de la vida, de la memoria viajando hacia la historia. Ha tratado de ser un espectador honesto. Con sus fotos no juzga y sólo intenta fijar la realidad desde su estética particular de reportero gráfico.

En una noche cualquiera estábamos en un café compartiendo con otros amigos y Esso dijo (palabras más, palabras menos): “La foto busca revelar aquello que se esconde a simple vista. Lo sencillo en ocasiones se encuentra tejido con intrincados y tenues hilos de complejidad”. También en esa oportunidad Esso habló de muchas otras cosas. De la luz y la sombra que entran en la fotografía como otros invitados más de la realidad circundante. Habló de sus encuentros con Korda en La Habana. Del país que parece en la actualidad una foto movida. De la realidad morosa/morbosa que fluye por la cloaca de las redes sociales. De la fotografía como un Funes memorioso que intenta fijar los detalles de una realidad siempre cambiante y no siempre prístina.

Ese verso escrito por Carlos Augusto León sin duda resuena en la memoria sanguínea de Esso: “El alba sigue pura / sobre los hombres”. Sin duda que en las fotos realizadas por Esso esa pureza del alba se divisa entre líneas, esa metáfora de los individuos curtidos de luces y sombras garabateando sobre la pizarra de los días, de la mejor manera posible, eso que denominan historia.

Carlos Yusti
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