Publica tu libro con Letralia y FBLibros Saltar al contenido

Lecturas portátiles

domingo 18 de febrero de 2024
¡Comparte esto en tus redes sociales!
Aldo Manuzio
Al italiano Aldo Manuzio (1449-1515) le debemos el formato del libro de bolsillo.

En mis días adolescentes sacaba a pasear mis lecturas. Así como algunos vecinos llevaban, con engreído orgullo, sus mascotas, iba yo tan creído con mi libro sobre el pecho. No era pose, además distaba bastante de ser un “sobaco ilustrado”, de esos que presumen de ser lectores y apenas se quedan en el texto de la solapa. Me gustaba leer y mi sitio preferido era el sofá de la sala, pero a veces la casa familiar se convertía en una jaula leonera de gritos y arañazos. Lo mejor era salir a la calle hasta llegar a una plaza para desentenderme de todo a través de la lectura.

El ejemplar de bolsillo fue el aliado de mi aventura de lector callejero. Fue el invento, por allá en el año 1480 y algo, de un impresor italiano llamado Aldo Manuzio. Su nombre real era Teobaldo Manucci, pero como le gustaba ese bando de la antigüedad clásica se hizo llamar Aldus Pius Manutius. Su vida transcurrió en un tiempo de cambios excesivos. El Renacimiento se abría paso y la mirada se vuelve hacia el saber clásico y a esos autores como Homero, Plutarco y Lucrecio. Se desempolvan y reimprimen sus textos originales, sin contar que Cristóbal Colón “descubre” América, lo que ensanchaba el mapa del mundo y con ello se reordenan muchas ideas con respecto a la Tierra y a su lugar en el cosmos.

Manuzio no era artesano y mucho menos comerciante. Era, para ser exacto, un hombre de letras con un interés estético polifónico y que sentía gran curiosidad por la literatura clásica. Dicha curiosidad e interés lo lleva al mundo de la impresión. Aprende el oficio sobre la marcha y, como era un humanista a carta cabal, con un innegable espíritu artístico, introduce innovaciones no sólo de impresión, sino en la promoción y difusión del libro.

Publica a Sófocles en un tamaño que denomina parva forma (pequeña forma) y que Roberto Calasso considera como el primer libro de bolsillo.

Instalado en Venecia, concreta su proyecto: publicar el mayor número posible de libros de calidad y a bajo costo. Cambia el formato del libro usando dobleces en el papel. Publica a Sófocles en un tamaño que denomina parva forma (pequeña forma) y que Roberto Calasso considera como el primer libro de bolsillo, el primer “paperback” que cabe sin dificultad en un bolsillo. Manuzio antes del libro de Sófocles editó un libro inusual titulado Hypnerotomachia Poliphili, cuya traducción sería “Batalla de amor en sueño” y que en la edición en castellano es Sueño de Polífilo. Era una especie de novela amorosa distinta que juega con el idioma y mezcla palabras latinas e italianas, creando un lenguaje extraño y novedoso; de igual modo contiene un buen número de admirables xilografías. Por estas y otras características el libro fue recibido con muchos prejuicios y se creó a su alrededor una especie de atmósfera malsana con comentarios y críticas nada favorables. Croce escribe un comentario lapidario: “Si ese libro no hubiera sido tan serio, largo y pesado, se podría interpretar como una caricatura del Humanismo”. Con Manuzio la actividad de imprimir libros dejó de ser un rústico negocio para devenir en un insólito arte. Lo escrito por Roberto Calasso es preciso: “Por eso Manuzio fue capaz de alcanzar dos resultados opuestos: por un lado, crear un libro como la Hypnerotomachia Poliphili, que jamás tendría igual, y es casi el arquetipo del libro único. Por otro, concebir un libro completamente distinto, como el Sófocles, que en cambio sería copiado millones y millones de veces en todas partes, hasta hoy”. Pero la creación del libro de bolsillo fue revolucionaria debido, como bien acota Calasso, a que cambió la forma de editar libros y por ende la manera de leerlos. Esos grandes libros que necesitaban de un escritorium se hicieron más ligeros con ese invento de Manuzio.

Ese invento del libro de bolsillo resultó tan ingenioso que hoy los adminículos para leer libros electrónicos han copiado su formato, con el aditivo de que ahora ya no cargan un libro, sino toda una biblioteca variada en su interior.

Entre mis primeras lecturas portátiles estuvo Montaigne. Infaltable entre esos clásicos imprescindibles. Leí por supuesto a Stendhal y su novela Rojo y negro, en una edición con portada colorida espeluznante y en un papel de barato amarilloso. La novela se desencuadernaba a cada golpe de emoción de mi parte, pero valió la pena. El lobo estepario, de Hermann Hesse y en esas ediciones españolas más esmeradas de Alianza Editorial, supuso un puñetazo del cual no me recupero todavía; aunque intenté leerla de nuevo, pero ya la magia se había perdido, es decir, había madurado. Después de profusas lecturas realizadas en muchos libros de bolsillo, que hoy se apiñan en mi biblioteca, viene ese escozor en los dedos, esa urgencia de asir un lápiz o el teclado, para hacer ese viaje sin igual hacia la literatura. Viaje con el equipaje lleno de libros de bolsillo.

No existe deleite mejor que leer libros de bolsillo. Palpar cómo poco a poco se desgastan, se despegan sus hojas, sus portadas se manchan de café; libros de lleva y trae que se consiguen en los sitios más insospechados o que los amigos se los roban y en ocasiones los solicitan prestado y no los devuelven; en fin, los libros de bolsillo ya no son libros, sino otro hábito que hemos adquirido y hemos ido perfeccionando con los muchos libros portátiles leídos. Amén, Aldo Manuzio.

Carlos Yusti
Últimas entradas de Carlos Yusti (ver todo)

¡Comparte esto en tus redes sociales!
correcciondetextos.org: el mejor servicio de corrección de textos y corrección de estilo al mejor precio