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En el hilo del aforismo

domingo 15 de diciembre de 2024
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Franklin Fernández
En Escribir en el límite: antología de aforistas venezolanos (1783-2023), Franklin Fernández busca darle relieve a un género que ha estado un poco desterrado de los estudios académicos y del que existe escasa bibliografía.

El primer libro de aforismos (cursaba cuarto de bachillerato) que leí fue El arte de insultar, de Arthur Schopenhauer. Era una edición de papel barato y como era lógico el libro estaba todo desencuadernado y unido con cinta adhesiva sin cuidado estético alguno. Era mi biblia. Por supuesto, en ese tiempo no sabía qué era un aforismo, pero los escritos por Schopenhauer eran de una claridad quisquillosa. Sobre los críticos literarios anotó: “Hay críticos que consideran que depende de ellos establecer lo que es bueno y malo, y confunden su trompeta de juguete con los clarines de la fama”. Sin duda fue un misógino redomado: “A la mujer, como al calamar, le gusta esconderse en el disimulo, y nada a sus anchas en la mentira”.

Comparto eso escrito por Enrique Vila-Matas, quien se preguntaba en uno de sus textos: “¿Qué es un aforismo? Difícil ser preciso en la respuesta. Uno, en cualquier caso, cree saber qué no es un aforismo”. Yo también se distinguir un aforismo de una frase hecha (o de un refrán o de eso que Ramón Gómez de la Serna llamó greguerías). Oscar Wilde era un productor de citas y frases ingeniosas, pero que no calzaban los puntos requeridos para convertirse en aforismos: “Discúlpeme, no le había reconocido: he cambiado mucho”, “Cada vez que la gente está de acuerdo conmigo siento que me estoy equivocando”.

Luego descubrí a Georg Christoph Lichtenberg, que al morir dejó en un cajón una serie de cuadernos de tendero escritos con las observaciones más peculiares sobre aquello que despertaba su inquieta curiosidad. Uno de los mejores textos sobre este curioso pensador y filósofo lo escribió el escritor mexicano Juan Villoro: “A diferencia de casi todos los escritores de máximas, apotegmas o aforismos en sentido estricto, Lichtenberg no habla desde una certeza sino desde un asombro. Su escritura es fragmentaria, no porque el pensamiento busque condensar sino porque se detiene, sorprendido de lo que es capaz al entrar en contacto con la página...”. Y el lector también se ve atrapado en esa telaraña de un pensamiento que es como un relámpago de luminoso ingenio, especie de chispazo que encandila y te saca una sonrisa: “Hay ineptos entusiastas. Gente muy peligrosa”. “Comerciaba con tinieblas en pequeña escala”. “El cuchillo sin hoja, al que le falta el mango”. “Quien tenga dos pantalones, que venda uno y compre este libro”.

“Escribir en el límite: antología de aforistas venezolanos (1783-2023)”, de Franklin Fernández (2024)
Escribir en el límite: antología de aforistas venezolanos (1783-2023), de Franklin Fernández (2024).

Con Franz Kafka el aforismo adopta otras connotaciones menos suntuosas. No buscan ser geniales chispazos de sabiduría con su respectivo condimento de humor. En Kafka el aforismo es una curiosidad hermética. No buscan convencer ni plantear algún aspecto filosófico y más bien avanzan en esa espiral de la extrañeza insondable. “Todavía juegan los perros de caza en el patio, pero la presa no se les escapará por más que ahora corra ya por los bosques”. “Tú eres la tarea. Ningún alumno a lo largo y ancho”. “Una jaula fue en busca de un pájaro”.

En nuestro país se ha cultivado el aforismo, para emplear una frase manida, pero se le ha dado poca importancia. Escribir en el límite: antología de aforistas venezolanos (1783-2023), libro preparado por Franklin Fernández, intenta ubicar el aforismo como un género literario que posee una historia y por ende de esos escritores que los han escrito con destacada disciplina.

En el exordio del libro escrito por Hiram Barrios se lee: “Escribir en el límite abre un nuevo capítulo en los estudios literarios. La antología aparece en un momento en el que la brevedad se instaura como un ideal estético. Con este título, Franklin Fernández nos orilla a repensar una forma discursiva de vital importancia...”.

El libro es en sí una recopilación/pesquisa sobre los escritores de aforismos en Venezuela. La introducción que realiza Franklin Fernández sobre el aforismo clarifica al lector sobre el concepto y la evolución del aforismo. Es bastante completo el recorrido que realiza Fernández para precisar el inicio y la evolución del aforismo. En lo que respecta al concepto Fernández escribe: “Etimológicamente, aforismo proviene del término griego aphorismo, que quiere decir ‘definición’. Derivado a su vez de aphorizo (‘yo separo’), y aphorizein (‘yo delimito’), apuntando así a una concepción particular del mundo”. En lo que respecta al origen, anota: “Sea como fuere, el aforismo tiene un origen presocrático, y la nómina de precursores que lo cultivaron no sólo se limita a los siete sabios de Grecia. Demócrito, Zenón, Diógenes, Leucipo, Arquelao y Meliso... también lo cultivaron. Ellos y tantos otros filósofos griegos sobrevivieron a la caída del mundo helenístico”.

Esta antología de escritores aforísticos de Venezuela parece necesaria por muchas razones. Una podría ser que es una recopilación que busca darle relieve a un género que ha estado un poco desterrado de los estudios académicos y del que existe escasa bibliografía. Otra razón sería que trae al presente a una porción de autores que han cultivado el aforismo como una forma de reflexión graciosa (o contundente) y sin pretensiones, que intenta fijar con las chinchetas de las palabras esos pensamientos vaporosos y esas ideas huidizas vestidas de extravagancia.

Escribir en el límite recopila aforismos no sólo de narradores o poetas, sino también de algunos pintores. De igual modo Franklin Fernández ha escrito algunos criterios empleados para tan amplia selección, que a los estudiosos puede resultar caprichosa. La visión de Fernández parece inclinarse más hacia ese estilo de lo breve y así ha armado una antología que no defraudará a los lectores menos avezados sobre el tema. De igual modo divide el libro por etapas: “Albores” (siglos XVIII y XIX), “Fulgores” (siglo XX) y “Resplandores” (siglo XXI). Cada autor tiene su ficha bibliográfica bastante completa.

En lo personal he considerado el aforismo como una especie de hilo tenso donde camina, en perfecto equilibrio, un pensamiento breve. Siempre llevo conmigo una frase (¿un aforismo?) que dijo una vez mi padrastro Álvarez Domínguez, que era un sencillo carpintero de la construcción: “El mejor truco para hacer bien lo que haces es cargar en la caja de herramientas el corazón”.

Carlos Yusti
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