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Uno o dos de tus gestos, el más reciente libro de cuentos de Jorge Gómez Jiménez, editor de Letralia

Escribir desde abril

domingo 26 de mayo de 2019
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Escribir desde abril, por Alberto Sánchez Argüello

Este texto forma parte de la antología publicada por Letralia el 20 de mayo de 2019 con motivo de arribar a sus 23 años.

Un pájaro camina entre nosotros en el foodcourt.
Algunos lo ven desde sus mesas. La mayoría no se percata.
Va brincando en su única pata, mientras mueve el pico roto.
Finalmente alza el vuelo, dejando una estela de dolor.
Y pienso: este es mi país.

Entrar en la página en blanco para tratar de expresar la tormenta que llevamos dentro, mientras se multiplican las cruces en los cementerios y se sedimentan de uñas los calabozos; el acto se siente poco pertinente, aunque las células de nuestro cuerpo nos digan que es necesario.

La escritura es lo que nos mantuvo cuerdos a aquellos que la descubrimos temprano. El infierno pudo ser transmutado en poema, cuento breve o novela. Exorcizamos nuestros demonios con textos, aunque en realidad sigan ahí, sujetos a la correa de Hozier. Esa experiencia pudo salvarnos, pero no la podemos extrapolar a una nación. No se puede liberar a un pueblo a través de la palabra escrita. No somos la voz de los que no pueden hablar, tampoco el intelecto que nos sacará de la barbarie.

Nos sumimos en el fracaso de traducir en palabras este horror que no nos pertenece, porque es de otros, porque es de todos.

Uno regresa tercamente a la página en blanco, pero la desesperanza nos susurra al oído que los disparos son más fuertes que las palabras. Escribir se vuelve una emulación de Sísifo, borrando discursos optimistas, libelos que supuran rabia y panegíricos inútiles. La hoja se rompe cuando vivimos como animales al acecho, escuchando atentos el mar de sonidos, diferenciando entre el rugido de camionetas, las baladas de disparos y el tañer urgente de las campanas.

Uno trata de retratar la ciudad convertida en memoria viva de las muertes, en sus calles, en sus muros, en sus marchas; pero la hoja no lo permite. Nos sumimos en el fracaso de traducir en palabras este horror que no nos pertenece, porque es de otros, porque es de todos. Tratamos de engañarnos repitiendo, como letanía, que todo está normal entre silencios y ataúdes, todo está normal entre ojos que nos vigilan, todo está normal entre fronteras que nos encierran, todo está normal en este secuestro nacional. Pero afuera, más allá de la comodidad del teclado, otros persiguen olas, borran pasos, registran huellas, secuestran caminantes.

Ante tanta insistencia en cambiar los obituarios y cubrir de silencio nuestra tierra, uno se pregunta si nuestros escritos serán capaces de proteger la memoria; la propia, que se resiente ante tanta sangre, y la colectiva que lucha por no desaparecer. Tal vez escribir no nos libere, pero nos ayuda a resistirnos al olvido, a ser humanos, a recordar.

Alberto Sánchez Argüello
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