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Uno o dos de tus gestos, el más reciente libro de cuentos de Jorge Gómez Jiménez, editor de Letralia

Tarot de los descartados

lunes 27 de mayo de 2019
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Tarot de los descartados, por Tibisay Vargas Rojas

Este texto forma parte de la antología publicada por Letralia el 20 de mayo de 2019 con motivo de arribar a sus 23 años.

Tirada

No hace falta barajar
ajustar la forma correcta
para distribuir
las cartas ya están abiertas
sobre la mesa de este no país
salvados los escollos
del arrepentimiento
la lectura cifró a los descartados
uno a uno aparecieron
colmados de los atributos
de sus miserias
no hay salida
posibilidad de escape
para todos estos arcanos
mayores en el abismo
de la resignación.

 

El anciano: 00

Ya no hay espacio
para la arruga del abandono
de quien se sostiene
en la plegaria
la memoria criba algunos rostros
menos aquel que se asoma
a la luna del espejo
pesa demasiado
encanecido
surcado
por tanto desaliento que ya es lastre
luz que parpadea
y no será
luminaria en la memoria
de los nietos ausentes
faro que guíe pasos
sólo oscurana
dejada atrás.

 

El loco: 01

Allí está
regodeado en su excremento
los pies sangrantes
rehén de marcha indetenible
al lado de sus dioses
perros imaginarios
y aquellos que ladran
a su paso
nadie carga su vida en fardo
sus arideces
pesan en demasía
al país precipitado
el hambre no le conoce límite
ni lastimaduras
acaso en el sueño
la fugacidad de algo
quizá hogar
rostros lejanos en torno a una mesa
evasivos
como el amor.

 

El enfermo: 02

La muerte apuesta con moneda trucada
ya no es la cara o cruz
de la sala de urgencias
o el necesario reposo
en el lecho propio
una espada pende visible y ominosa
no hay escapatoria
ni del cuerpo ni de la imaginación
a la que sólo calzan fatalidades
en cuenta regresiva
la vida no es asunto
del poder adquisitivo
en un país que no dispensa
tablas de salvación como Dios manda
sino del azar
que se impone a destajo
ese asunto brumoso
llamado destino.

 

El mendigo: 03

Ya no se diferencia
el mendicante
aquí todos vestimos
el traje no casual de la necesidad
con olor de bestia sumisa
unos extienden la mano
y otros resignan el peso del cuerpo
en la cola interminable para lograr el alimento
en esta densa pesadumbre
se logra el personaje
sin mayor histrionicidad
tras haber
bajado el telón.

 

El cuidador: 04

Se ató a la silla
a la cama
a la cadena
sigue la suerte de quien asiste
bajo la ley que determine
el destino particular
sometido a un enemigo
ciego e invisible
que lo retiene en su arca nebulosa
en un pacto firmado
con la intrincada rúbrica
de la Caridad
ese acuerdo a quemarropa
impasible ante necesidades propias
y que vive a expensas
del corazón.

 

El religioso: 05

Eligió los arreos
de la fe y el amor
no hay grieta que permita la evasión
ni el descanso.
Cada día cuenta como el primero
con el pastoreo en un tiempo
implacable y obsceno
dispensa el perdón
en nombre de un custodio
invisible y supremo
asiste a las redenciones
desde el invulnerable espacio de su credo
y alivia la pena
del rebaño cercado
que mengua colgado y dócil
de su palabra.

 

El propietario: 06

Nunca había sentido arder
el costado de sus bienes
sucumbe
bajo el fuego implacable del inventario
no atina al sofoco del desprendimiento
sufre la fiebre
de quien cuenta tizones
como gemas preciosas
sin reparar en la quemadura
que ampolla sus dedos.
En este país
de sueños incinerados
atarse a un madero
es ser atizado
por el Ángel del Tiempo
y consumirse
en la desproporcionada pira
de lo poseído.

 

La mascota: 07

Ninguna puerta guarda el misterio
del regocijo
nadie vendrá
con la mano rebosante
de caricia o alimento
pues la cadena y la jaula
han cedido paso
a la holgura de algo atroz
que pudo ser libertad
si el hambre no avanzara hasta contar los huesos
la piel vulnerada de intemperie
de esa que se sufre
al espacio abierto de la ausencia
el ladrido y el piar
sin destinatario.

 

El prisionero: 08

Doblemente reo
fardo ignorado
en un país que mengua
bajo el peso del desatino
el tiempo le transcurre
a cuenta ajena
así acorte o extienda
el momento escogido para sentir
no le pertenecen su sombra
el lecho en el cual muera
el mendrugo que traga
ni el harapo que viste.
Desconoce su rostro
aun frente a un espejo
y tiene la absoluta
convicción de los suelos:
nada más abajo
pisoteado
y anónimo.

 

El crédulo: 09

Tapiado en su muro
de dureza innominada
no permea gota de cordura
apuesta enceguecido a la esperanza
monstruo de implacables fauces
el peor de los males.
No hay relámpago que ilumine
sus tempestades
arrasan en nombre de la dicha
de creerse asido
a la única cuerda en el abismo.
Así transcurre su jornada ciega
en un país minado
de hambre y abandono
aun cuando su cuerpo se triza entre rigores
excusa la vorágine
con el enfermizo anhelo
del creyente.

Tibisay Vargas Rojas
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