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Tres poemas de Elodia Corona Meneses

miércoles 23 de mayo de 2018
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Tres poemas de Elodia Corona Meneses

Exilios y otros desarraigos. 22 años de LetraliaExilios y otros desarraigos. 22 años de Letralia
Este texto forma parte de la antología publicada por Letralia el 20 de mayo de 2018 con motivo de arribar a sus 22 años.
Lee el libro completo aquí

Los desterrados

Va por todos con un disfraz,
aparece ante ellos vestida de tul
relampaguea e ilumina el camino
por el que desciende.

Mira en un instante el universo,
la rodea el crepúsculo,
enciende los ojos de un cuervo taciturno
para viajar al este.

Les indica el trayecto
a las golondrinas perdidas
en el horizonte del océano
pues fueron desterradas de su hogar
pero ya no encuentran albergues para sus hijos.

El futuro les depara trabajos forzados
en territorios extraños.
Cambiaron su trino al haber perdido
su entusiasmo por la vida.
Nadie los escucha.
Están solos en un mundo indiferente
sólo la mujer de tul los arropará
en sus negras entrañas.

 

Vivir por una identidad

(Me quisieron matar o me mataron.)
Si destruyeron mi vida, mis ambiciones, mi carrera,
destaparon la violencia.
Las ideas quedan, permanecen.
Más violencia impuesta en evitarme estudiar, de mantener mi sustento.
La destrucción de las evidencias no evita desaparecer a una persona
alude a masificar la pérdida de bien avenidos
¿Por qué me temen?
¿Por joven, por inalcanzable, por buscarme un futuro?

Me quieren perder en la ignorancia si no estudio, no critico mi mal vivir

¡A eso le teme el poder!

Tú dirás, yo diré, todos los jóvenes diremos.
La paciencia se nos acaba, ya no tenemos qué perder

El futuro no lo han terminado en el milenio.
El siglo XXI no continuará sin nosotros, los jóvenes
desempleados, desescolarizados,
aunque sí encolerizados.

Hablaremos de las pérdidas por taparnos la boca a los críticos
pero no callaremos la infamia a nuestra generación.

Expulsemos a los agresores aunque no lo crean.

 

Desvarío del desarraigo

Huyo de mí, de mi agobio
por encontrar un porvenir
sacudo mi desconfianza
para seguir el camino.
Los pies me llevan al destierro,
soy un títere, un juguete
en un viaje sin retorno.
No hay función de incentivo.
Para quedarme observo a la distancia
me entrego al arbitrio
de lugares citadinos,
largas distancias; kilómetros y kilómetros
de soles nublados, ámbitos agotadores.

Pendientes, inseguros
preceden lugares desconocidos,
inciertos, aniquilan la energía
de mi permanencia, sumergen mi alegría.
Grito para encontrar el rumbo
la dirección perdida me deja exhausto,
sigo el trayecto sin llegar
a ningún lado, recomienzo la marcha.

Voy de sitio a sitio
la aventura no quita
la incertidumbre
que gravita en mi esperanza.

Confío llegar a buen término
evitar un tropezón, un precipicio,
caer en los desechos
de una ciudad perdida
de un mapa que nunca existió

Entonces terminará mi viaje
entre la frontera deshabitada
de la burocracia que inhabilita
la entrada para quedarme
en mi antigua tierra.

¿Quién decidió incluir fronteras?
Si el libre albedrío no tiene términos,
la aventura no tiene límites,
sólo el tiempo que dura la
existencia lo extingue,
nadie más lo termina.

Elodia Corona Meneses
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