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Hablemos, de Octavio Santana Suarez

Diáspora

• Martes 29 de mayo de 2018
Diáspora, por Natalia Pérez LeónLa despedida del emigrante (1860), por Antoine Volkmar

Exilios y otros desarraigos. 22 años de LetraliaExilios y otros desarraigos. 22 años de Letralia
Este texto forma parte de la antología publicada por Letralia el 20 de mayo de 2018 con motivo de arribar a sus 22 años.
Lee el libro completo aquí

1

Todo, pero era
tan lejano el rumor.
Creía en espejismos confusos,
y vértigos sobre la chalana.

Orquídeas se ríen de mis pasos
en tu orilla de cicatriz dulce.
Nada me costaba devolverte
la crianza que me diste prestada.

Mi súplica urgente,
cabizbaja en tu tiempo
no fue suficiente. Dices:
“No me quites la mirada”

Todo, pero ahora
es más lejano el rumor.
Zumbaba como un cuatro tu aire
sobre la Piedra del Medio.

Improvisados se fueron
donde no llegaba tu vapor.
Tampoco me quedé porque
estaría siempre detrás de ti.

A veces creía en espejismos confusos
y orquídeas a la hora del agua.
La crianza que me sacaron
la comparo con tu cuerpo.

Ni lo angosto, ni la angustia.
Cruzarte y regresarte mi vida.
No me pidas eso,
que no es suficiente.

 

2

Tengo la ausencia
y el exilio que me sedujo
a sus glorias absurdas.

Tengo la ausencia y un orgullo hueco.
No existen tus sombras,
sino una prisión.

Me queda la vida cobarde fuera del mundo,
y su castigo porque quería
que resistiera un poco más con él.

Es lo mismo a que no tuviera nada,
pero no sabía que venir
era dejarme atrás.

Entonces sólo tengo la ausencia
y el ayuno amargo de mi pueblo
que se quedó.

 

3

Soy la gaviota que te buscó
en Macuto. Subiendo,
Caracas tiende la muerte
entre vestidos de tus hermanas.

El cerro te pierde, respirando azul y
olvidando tu forma.
Soy el caracol en las rocas
que afilaron la lluvia eterna.

También el viento salobre,
y tu esclavitud mezquina.
Odia el golpe que te arrastra,
pero no maldigas mi nombre.

Recuerdo tus oraciones a la luna negra
para soportar las horas.
Soy el silencio que reinaba
cuando contaste tus dedos sobre el vidrio.

Soy el sudor azabache
del sol de las colas.
También esa madre generosa
que sacó las espinas y el cuero.

No has vuelto a esta playa,
pero te juro que lo entiendo.
Soy la lancha que abrió tu camino.
Todavía lo soy, si me esperas.

 

4

La calle deja ir los ecos.
Recojo los que tropiezan a mis pies.
Pasarán señoras y carros.
Trozos de acera moldeables
por la prisa de huirle a los pasos.

Nunca sabré quiénes son
ustedes que llegan a la puerta.
Olvidaré sus semblantes
como olvidé las sobrinas y niños
que no volvieron a esta casa.

(La calle se reduce
y corretea apremiante,
sin pedirte permiso,
ni-te-da-paso,
y no le importa)

Alza su mirada
para rezar y pedir
que nunca llegue la hora
de la catalepsia,
y por eso mutan los escaparates.

La calle se mide por su necesidad,
aunque respira cada vez menos.
Gana/pierde mendigos,
revolotean los transeúntes
y todos se refugian en las crisis.

Yo, que a nadie tengo,
cierro con llave, tranco la reja
—pero quito las cortinas—,
y quiero que la calle inunde hasta el techo
para vivir también.

 

5

He perdido tanto queriéndote menos.
Olvidar es sencillo cuando ocupas
los días como flotando
en otra geografía.

Yo que me he ido,
ahora me escondo de mi niñez.
No serías feliz viéndome así,
con vestido de La Plata.

He perdido tanto queriéndote.
Desde el destierro preventivo,
boté mis cuadernos y no puedo
recordar los nombres de las muñecas.

Peor que el frío es el remordimiento.
Desmerecida, aquí nadie sabe
que fui pequeña, chiquitica,
en tu falda de estrellas.

He perdido tanto.
Extravié el gurrufío y mi gajillo
ya no tiene chapas ni cintas.
Esas las até a las maletas.

Poco sirve acordarme de ti.
Lo mismo que mi caballo de palo,
no me llevaste a ningún sitio
al que pueda regresar.

He perdido.
Sé que no te lo dije,
pero ahora
lo sé.

 

6

Somos dos abismos en la misma grieta.
Dos fosas bajo el río,
dos alisios hacia el ecuador.

Somos dos destellos lejanos
sobre el cuerpo blanco que huye
como un parpadeo de dos ojos.

Somos dos pies sin zapatos
de Este a Oeste Colombia
y Brasil de Norte a Sur.

Somos dos ladridos en la mañana,
que juntan su lucha de frente.
Sal corriendo, que te sigo.

Somos el otro continente roto.
Nos pusieron apellidos opuestos
para distinguir sin divorciar.

Somos dos países sobre una línea.
La misma boca, que tiene dos labios,
nos hizo dos alas para el mismo vuelo.

Somos dos promesas que se disipan
cuando pasan por una frontera.
Tú por tu lado, que yo por el mío.

 

7

El fantasma de La Casona
fumaba en el techo de oro.
Yo quería una cruz para
profanar las ramas colmadas.

Desde arriba deben vernos
con telescopio de noticiero rojo.
Yo quería una brisa para correr
y esconderme de sus ojos blancos.

Esa madrugada miré el índigo,
suspendido e inocente de todo.
Yo quería una señal del limbo,
reino de los enjambres hambrientos.

Las alimañas del suelo”, dirá viéndonos,
botando su humo, sacando sus cuentas.
Buscando mangos en ese árbol
que no era nuestro, ni suyo.

Robarle a la tierra lo que la tierra hace,
y abandonarla, como cerro aragüense.
Yo quería un cuerpo amarillo,
redondo, que pareciera eterno.

El fantasma de La Casona
sigue fumando en el techo
del Reino del Oro Negro
—“este Mundo” nunca fue mío—

 

8

Vámonos lejos.
Cercano a la mentira, algún lugar
tendrá brillo de rincón nuevo.
Esa transparencia del Valle
que despierta bajo las cañas de azúcar.

Vamos a ir allá.
Ahí, donde puedas caminar sin miedo.
Deja que te sepan fuera del retrato
de los cristofués. ¿Sabes?
Allá hay otros mil pájaros por conocer.

Vámonos ya de aquí.
Allá no tienes que buscar tanto,
y nadie te busca para rebuscarse.
La tristeza será dura pero
seré escribiente de tu coraje.

Vamos juntos.
Suelta los siglos y sus querencias.
Luego no sabrás llegar a donde voy.
No espero más, y ya te dije
que no ofrezco nada.

Vamos,
que si somos los últimos ya no podré
sacarte por la puerta grande.
No puedo abrirte una trinchera,
por lo que más quieras, por favor, ven.

 

9

Esta noche persigue
la hora que pregunta por ti,
con la voz que se fue contigo.
¿Cómo se embala un miedo?

Reflectores sobre Andrómeda,
y los sietes hijos con sus siete estrellas.
Esa paciencia desnuda que la salvó
a mí no me ayudó a encontrarte.

Esta noche, en sacrificio,
visitaré la costa.
Se alza intransigente el Caribe
que no te devuelve.

El silencio, como una piedra,
me deja anclada con la sal por dentro.
¿Son tus manos con mi vacío,
o tu memoria tras mi cuerpo?

Esta noche tendré ganas infinitas
de no intentarlo otra vez.
No puedo pretender que vendrás,
ni que podré volverte a ver.

 

10

Las perlas murieron a la sombra
de las palmas secas.
Ellas pagaron estas paredes
y candelabros vacíos.

Sola y sin luceros,
la senda de tu nombre infinito
ronda por el cerro repitiéndose,
escondiendo mis dientes rotos.

Era un secreto que arañaba
con las garras de los perros.
No queda Luna aquí,
ni Media Luna en el páramo.

En las rodillas, con mis pétalos
de trinitaria, cuento los raspones.
Trepamos por las terrazas oscuras
de esta ciudad y sus pueblos.

La historia ronda por el cerro
repitiéndose, y ella cobrará
estas camas vacías
con los dientes que le debes.

 

11

No hace falta escuchar el trueno
para encender de apamate el cielo.
He visto el rayo iluminar
con amor la tierra.

Junto mis manos acalambradas,
las que esperan tu abrazo.
Encerrada en mi encierro,
espero con ellas.

Allá en la ciénaga sobrevuelan
las nubes entre gavilanes.
A ti no llegarán el Puente,
ni los aviones prohibidos.

Espero que cuentes en tus cuentos
las fiestas donde te enseñé
a comer con las manos.
Espero que no te demos vergüenza.

Nunca quisiste esta cadencia,
ni la herencia, ni este Lago.
No la querías, pero es un alivio
que igual la tengas.

Allá, extranjero,
cae como tu rayo y retumba
entre esas nubes con tu palabra.
Aquí te espero orgullosa.

Aunque no regreses
y enciendas con tu luz otro cielo,
entorna los ojos desde allá
y mira con amor tu tierra.

 

12

Desperté con la ansiedad profunda
de la despedida que no hicimos.
La ilusión de las maravillas prometió
una segunda oportunidad.
Qué estafa más grande.

No existe firmamento, ni purgatorio,
ni infinito, ni monte, ni brisa cálida.
No paras de recordármelo,
para colmo de las comparaciones odiosas
que hago a cada minuto.

Se han ido yendo cosas importantes
a medida que pasan los meses.
Sobre todo, se fue la sobremesa
y ahora me acompaña el polvo viejo
sobre-los-hombros. ¿Y tú?

Es como si te burlaras de mí.
Pero a cada rato se me hace gracioso
ver cómo te alzas o te bajas
frente a la nueva patria,
convirtiéndote en mi pasado.

Me dormí con el resentimiento
de la despedida que debimos hacer.
Ojalá te hubieses quedado con todo lo tuyo.
En cambio, vine cometiendo el error
de traerte conmigo.

 

13

Emigrante:
1. Que huye de su sombra.
…..Se escapa de su piel
…..y se rinde a los senderos.
(Emigrante)
1. Del corazón,
…..y de él, su espíritu late
…..dándole fuerza a sus pies.
(Emigrante)
1. Sentir que el alma va por otro lado.
2. Dícese del pasaporte esquivo.
3. (Lugar) entre caminos y ciudades.
(Emigrante)
1. Lucero en fuga tras sus sueños,
…..y en sus sueños nacen los viajes,
…..y de ellos los recuerdos.

Natalia Pérez León

Natalia Pérez León

Escritora venezolana (Caracas, 1994). Abogada egresada de la Universidad Católica Andrés Bello (Ucab). Ganadora del Premio a Biografía de Heroína Anónima (2008) convocado por la Alcaldía del Municipio Naguanagua y La Letra Voladora. Participó de los talleres juveniles de La Letra Voladora (Naguanagua, 2008-2010).
Natalia Pérez León

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