“El amor fingido del comandante Antúnez”, de P. G. de la Cruz
Saltar al contenido

Mientras arden los olivos

martes 31 de mayo de 2022
Mientras arden los olivos, por Eloi Yagüe Jarque
Los pies de mi padre ya no caminan / sólo yo vago entre las ruinas / añorando a los que ya no están. Fotografía: Linus Sandvide • Unsplash

Este texto forma parte de la antología publicada por Letralia el 20 de mayo de 2022 en su 26º aniversario

Yo caminaba
entre ancestrales olivos hoy talados
buscando a mis padres, a mis hijos, a mis abuelos,
a todos los que me hicieron

Vivíamos en este lugar ahora desolado
sembrábamos con las manos y respirábamos el mismo aire compartido
tomábamos la escasa agua sin derrocharla
alcanzaba para todos, éramos limpios
y luminosos y el olor de la leña quemada
anunciaba la comida bendita
con los alimentos que habíamos cosechado
y los animales que habíamos criado

Nos sentábamos alrededor de las fogatas
y comíamos en silencio celebrando el sabor de cada bocado
todos los alimentos eran parte de nosotros y dábamos gracias
por tantas bendiciones pues eran dones
que nos habían sido deparados y nosotros los engrandecíamos
con el sudor de nuestra frente, de nuestras manos callosas
y felices de cortar y sembrar, de dar y compartir
los frutos de la amada tierra que nunca nos faltaron
porque éramos un pueblo elegido

Hoy vago entre ruinas humeantes
entre inmemoriales olivos ya talados.
buscando a mis padres, a mis hijos, a mis abuelos,
a todos los que me hicieron.
y el humo que se eleva es el de las fosas comunes
donde echaron los cuerpos de todos los que amamos

Aquí compartíamos
el pan, el vino, las aceitunas
mi padre sacaba higos y dátiles de un talego
y los repartía entre los más pequeños
llamándolos por sus nombres, sin olvidar a ninguno
A veces traía leche de cabra y miel de abejas
que había intercambiado en las caravanas
a los esbeltos tuaregs que hacían campamentos en los oasis
Mi padre llegaba con arena en las cejas y en la barba.
curtida la piel por la intemperie
traía ocasos en sus ojos y amaneceres en las pupilas
No hablaba casi porque estaba fatigado
y Zahira le preparaba un baño de pies
ella frotaba sus sandalias para limpiarlas del polvo
y él hundía sus pies muy blancos y tersos
con sus dedos bien formados
en el agua clara del aljibe
sólo entonces descansaba
adormecido por el rumor de los niños
que jugaban a su alrededor.

Los pies de mi padre ya no caminan
sólo yo vago entre las ruinas
añorando a los que ya no están
llorando lo perdido
mientras arden los olivos
y el humo escapa al cielo.

Eloi Yagüe Jarque
Últimas entradas de Eloi Yagüe Jarque (ver todo)