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El tiempo guarda la verdad

domingo 10 de enero de 2021
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El tiempo guarda la verdad, por Luz Zuluaga Tinoco • Taller de Cuento de Letralia: Antología Nº 1
Sus deseos eran desaparecer. Irse a otro planeta para no ver ni sentir nada. La sombra que siempre salía a relucir nunca la pudo dilucidar.

Taller de Cuento de Letralia: Antología Nº 1

Este texto forma parte de la antología publicada el 10 de enero de 2021 con textos de 15 autores que cursaron el Taller de Cuento de Letralia

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Él nunca se pudo perdonar por no entender a su corazón. Pensaba con seguridad que amaba y que lo amaban. Por eso sembraba sus esperanzas en toda la belleza que sentía. Nunca se imaginó que ese amor no tendría la suficiente fuerza para defenderse. Pero el tiempo es quien tiene la verdad, pensaba para sus adentros.

Todo empezó aquella tarde húmeda de un miércoles cuando Wilfrido Barcasnegras se dirigió a la universidad bajo la lluvia para averiguar si había pasado en el Doctorado de Lingüística; revisó la lista de los admitidos y sintió gran alegría al ver su nombre completo; luego, siguió revisando y, ¡oh sorpresa! Allí también aparecía el nombre completo de Margarita Lacouture. La conocía porque hacía dos años una amiga en común los había presentado; ella fue muy amable y él quedó hechizado con su educado trato. Ese recuerdo nunca desapareció.

Sea que él o ella llegaran primero a clases, siempre guardaban la silla más próxima para estar cerca el uno del otro.

Desde ese día pasaron dos meses hasta que por fin se dio inicio a las clases. La emoción era tan grande para Wilfrido Barcasnegras que ahí estaba media hora antes de lo indicado con su mejor vestido y su mejor colonia. Nadie imaginaba a qué se debía tanto regocijo, era algo mágico. Sólo él sabía digerirlo y disfrutarlo.

Una vez en el aula de clases, todos los alumnos fueron llegando y ubicándose en las sillas, mientras él hizo un recorrido rápido con la mirada hasta localizar a Margarita, quien empezaba a relacionarse con las compañeras. Realizada la inspección visual, fue directo y se sentó a su lado, haciéndose el desentendido. No habían cruzado palabras cuando empezó a sentir la mirada de ella. Cruzaban miradas y sonrisas afectuosas.

Ese primer día fue de presentación y de inducción. Por ello, todos estaban muy atentos. En el intermedio de la sesión de clase, llegó el momento de realizar un trabajo en grupo; mutuamente se buscaron para quedar juntos en el ejercicio académico. Así empezó la más bella amistad del Doctorado. Sea que él o ella llegaran primero a clases, siempre guardaban la silla más próxima para estar cerca el uno del otro. Gozaban contándose los últimos acontecimientos; coincidían en los temas sociales, políticos y culturales de su país y del mundo.

Un viernes 21 de agosto, que era el cumpleaños de Wilfrido, Margarita llegó más temprano que de costumbre a clase, decoró el salón y animó a los compañeros para compartir un rato agradable y no pasar desapercibido el cumpleaños de su amigo. Una vez frente a él; ella, al momento de celebrar, sacó de su bolso un libro que le había comprado y se lo entregó con una dedicatoria que decía: “Para Wilfrido Barcasnegras, un amigo especial, en su cumpleaños. Para contribuir en su liderazgo y dedicación a los conocimientos lingüísticos. Un abrazo”. Él se quedó maravillado y sorprendido a la vez. Disfrutaba de esos momentos únicos.

Llevaban varios meses con una simpatía mutua y única; sin embargo, él se preguntaba con frecuencia:

—Si tanto me quiere, ¿por qué no hablamos de este sentimiento?, ¿por qué rehúye el tema?

Sus deseos eran desaparecer. Irse a otro planeta para no ver ni sentir nada. La sombra que siempre salía a relucir nunca la pudo dilucidar.

Sus palabras golpeaban como si estuvieran siendo clavadas en su sien: “Vamos caminando sin prisa… todo con calma”, “yo sólo quiero por ahora mensajes alegres”. Así, iba postergando un encuentro más allá de las miradas y de las afectuosas atenciones. Ella pedía tiempo, él tenía prisa. Había un temor que lo acompañaba. Sentía que ella lo quería, pero una sombra que no alcanzaba a entender no permitía formalizar la relación.

Después de tres años, los estudios de Doctorado llegaron a su final. Ellos sólo se veían en la universidad por asuntos académicos. Allí el comportamiento de ambos era de dos personas alegres y simpáticas que se querían mucho. Wilfrido Barcasnegras, buscando respuestas a su comportamiento, empezó a seguirla por las redes sociales. Descubrió que ella estaba casada aunque decía que era divorciada. Sin embargo, aparecía en fotos que algunos amigos etiquetaban, todo el tiempo en plan de diversión, que lo empezaron a preocupar. Fueron tantas las veces que la veía divirtiéndose con otros y no con él, que empezó a sentir celos y desilusionarse.

Sus deseos eran desaparecer. Irse a otro planeta para no ver ni sentir nada. La sombra que siempre salía a relucir nunca la pudo dilucidar. No logró entender por qué, si ella estaba casada, alimentaba una simpatía especial hacia él, que lo fue confundiendo cada día. Nunca logró conocer de cerca la real situación que los separaba, ni su comportamiento. Entendió que era su problema por ilusionarse con algo que nunca existió. Por ello, optó por alejarse aunque su corazón seguía aferrado a esos recuerdos.

 

Luz Zuluaga Tinoco

Luz Zuluaga Tinoco

Escritora colombiana (Cartagena de Indias). Estudió Sociología y Filosofía y Letras en la Universidad Santo Tomás de Aquino y es Magíster en Educación por la Universidad de Cartagena. Poemas suyos han sido incluidos en diversas antologías. Ha publicado los libros Mas allá de mis fronteras (Lord Byron Ediciones, Madrid, 2014) y La vida ¡un instante! (Agencia Cultural del Caribe Ediciones, Cartagena, 2017). Preside desde 2016 el proyecto literario-audiovisual Hermanados por las Letras, de Cartagena. Obtuvo el 5º Premio en el Concurso Nº 46 del Instituto Cultural Latinoamericano (Junín, Argentina, 2015) y recibió un reconocimiento especial de esa entidad por su desempeño como coordinadora cultural durante las cuarta y quinta ediciones del Intercambio Cultural Argentina-Colombia (2015 y 2016).

Luz Zuluaga Tinoco
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