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Las noches de Parque Aragua

domingo 28 de mayo de 2023
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Las noches de Parque Aragua, por María Angélica Moreno
Una de las cosas que más amaba era ver el cielo estrellado y las luces de las casas, carros, edificios y el cartel de neón de Torigallo titilando sin parar. Sentada ahí, aprendí a identificar en dónde estaban Marte, la Osa Mayor y la Osa Menor.

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Mi sentido de pertenencia nació entre las paredes aguamarinas de mi primera casa en Parque Aragua. Sobre mis hombros, llevo a cuestas el peso de 21 mudanzas, 18 casas y 4 ciudades diferentes. Al tener estas cifras en mis manos, es difícil sentir que pertenezco a algún lugar. No he terminado de llegar a un sitio, cuando ya estoy pensando en que debo irme de ahí dentro de poco. Pensando en cuál será el próximo lugar donde podría vivir, sin terminar debajo de un puente.

Desde mi primer año de paso por este mundo comencé a experimentar las mudanzas, un hecho que se convirtió en una constante durante mis veintiocho años de vida.

Mi primera casa —donde viví hasta los once años— era un amplio apartamento ubicado en la avenida Bolívar de Maracay, justo al frente del Centro Comercial Parque Aragua. Hablar sobre este sitio es casi como una obsesión para mí. Persigo con fervor los recuerdos de mi infancia. Quizás, aún me aferro a la única casa que he sentido como propia, aunque estuviera a nombre de mis padres.

Después de mudarme de ahí en 2005, no volví a tener una habitación para mí hasta que decidí irme a Caracas en 2017. Durante ese período de constantes mudanzas debido a que a mi familia se le dificultaba pagar los alquileres, solía dormir junto a mi mamá. Los espacios podían variar. Algunas veces dormíamos en monoambientes, en otras sólo había una habitación para las dos. Tener privacidad es algo que sólo experimenté con total plenitud en mi niñez y es un tesoro que trato de cuidarlo a través de la memoria.

Se puede decir que fui una especie de Matilda caribeña, dejando a un lado las habilidades de telequinesis. Esa es la parte aburrida de la historia.

La privacidad no es algo muy habitual cuando somos niños. Por lo general, siempre hay un adulto asegurándose de que no vas a tener un impulso suicida mientras saltas de un columpio en movimiento, supervisando que dejes el plato sin sobras de comida o acompañándote hasta quedarte dormido. En mi caso, este tipo de cuidados no eran parte de mi rutina. Se puede decir que fui una especie de Matilda caribeña, dejando a un lado las habilidades de telequinesis. Esa es la parte aburrida de la historia.

Fui una niña bastante solitaria, con padres ausentes que tenían problemas con el alcohol y la ludopatía, y una hermana catorce años mayor que yo quien —a duras penas— cumplía con el rol de mis papás. Una responsabilidad que no le correspondía, si me lo preguntan. Y a pesar de ser una adolescente, hizo lo mejor que pudo conmigo.

La mayor parte del tiempo lo pasaba sola en mi cuarto o en el parque del edificio. Con el pasar de los años, éstos se convirtieron en lugares seguros. En ellos me sentía protegida. En las tardes bajaba a jugar con las niñas casi hasta las siete, y en las noches veía la televisión en mi cuarto y jugaba con mis muñecas hasta que, por fin, llegaba mi momento favorito del día: ver la ciudad a través de mi ventana.

El hecho de no tener una supervisión adulta con regularidad, me daba la libertad de hacer cosas que estaban prohibidas para otros niños, como ver comiquitas después de la medianoche mientras comía gelatina o cereal, tener las lámparas del cuarto prendidas y quedarme despierta hasta las tres de la mañana. Para muchos, hacer esto era romper las reglas de la casa. Para mí, era construir mi propio sistema de creencias a una edad temprana.

Desde la ventana de mi cuarto podía observar la avenida hasta la torre Sindoni. Para tener una vista privilegiada, solía sostenerme de los barrotes, trepar hacia la repisa y luego sacar mis piernas flaquitas por el espacio entre las rejas. Mis pies se balanceaban a una altura de dos pisos.

Contemplar la ciudad me parecía hipnotizante. Aunque a altas horas de la noche no había tanta actividad en comparación con el día, una de las cosas que más amaba era ver el cielo estrellado y las luces de las casas, carros, edificios y el cartel de neón de Torigallo titilando sin parar. Sentada ahí, aprendí a identificar en dónde estaban Marte, la Osa Mayor y la Osa Menor.

También fui testigo de los niños de la calle hurgando entre los basureros, caminando sin rumbo, durmiendo sobre cartones al frente del edificio y drogándose mientras aspiraban un trapo viejo. A veces los veía en el día cuando iba a la panadería de la zona, pero en las noches veía otra faceta que desconocía. Aunque ninguno se percató de mi existencia, sentía que, al observarlos, podía darles un poco de compañía. O tal vez ellos eran quienes me acompañaban. Depende de donde lo mires.

En la cotidianidad no había cosas tan interesantes, pero muchas veces al ver esa rutina sentía como si estuviera viendo una película.

La primera vez que vi a un travesti y a una mujer trans fue en una de esas madrugadas. Bien entrada la noche, las veía caminar como si de una pasarela se tratase. Algunas lucían atuendos hermosos, bragas azules con escarcha y el cabello rubio ondulado. Se quedaban un rato de pie en las paradas de autobuses, esperando la llegada de quienes se detenían a buscarlas. Luego ellas se montaban y no las volvía a ver hasta un par de días después. En ese momento no entendía el contexto de lo que sucedía. Pensaba que eran chicas saliendo tarde de las fiestas, pero al crecer entendí aquel escenario.

Además de la dinámica en las calles, por otro lado me gustaba ver cómo transcurría la noche en los apartamentos de mis vecinos. Si era más temprano, los veía preparar la cena, limpiar los platos, hablar solos, ordenar el cuarto o la cocina. Si era de madrugada, a veces prendían la luz y tomaban agua, luego regresaban a dormir. En la cotidianidad no había cosas tan interesantes, pero muchas veces al ver esa rutina sentía como si estuviera viendo una película. Con personajes que estaban cerca de mí y, al mismo tiempo, había una gran brecha entre nosotros.

Este lugar me permitió ver cómo transcurría la vida más allá de las paredes aguamarinas de mi casa. Amplió mi perspectiva y conocí otras realidades ajenas a la mía; incluso, en esas noches también descubrí que el silencio tiene un sonido propio. O al menos, ese silencio en las noches de Parque Aragua: un zumbido profundo que, de repente, se interrumpía con el transitar de un carro a toda velocidad. Y luego regresaba el silencio para llevarse todo su paso.

María Angélica Moreno
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Comentarios (13)

Excelente publicación. Tuve y tengo familia allí por los bloques, unos se mudaron otros siguen allí, pero incompletos, sin sus hijos o sobrinos y nietos y siempre les visitaba y visito, en nuestra infancia CC Parque Aragua era uno de mis lugares preferidos, tenían el cine y Maxy’ s entre otros grandes lugares. Ya nada es como antes. Pero esperemos que nuestras vidas vuelvan a renacer como cuando éramos niños. Saludos desde Maracay.

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Cierto….. la tienda x departamentos Maxys”s, el cine casi al lado d Clip”s, , American”s Pizza, El restaurant vegetariano encima d la peluquería Fashion q aún esta frente a la Pastelería, La Taormina para almorzar y la Diamond en el sótano, años más tarde el Salón d Billy en el último piso y la eterna Marapan sitio d encuentro d estudiantes, d ejecutivos y familias. Definitivamente el CC d aquellos tiempos dejó bellos recuerdos en los estudiantes universitarios q llegamos d otros estados y q nos quedamos enamorados d está Ciudad Jardín.

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Excelente relato. Maracay es una ciudad cuyos rincones están llenos de Historia y de historias. Siempre he pensado que es como una inmensa máquina del tiempo, hay lugares que te trasladan a otras épocas, otros ámbitos. Pero también he descubierto que sólo pueden narrarse cuando se miran desde lo íntimo, lo introspectivo

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Hola, Eduardo. Muchas gracias por leer.
Concuerdo contigo, los lugares que tienen un gran significado para nosotros solo pueden narrarse desde esa perspectiva.

Un abrazo.

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Hola María Angélica , no te conozco pero de verdad gracias por ese relato , por equis o Y no podía dormir y lo que escribiste de pana q me trajo una nostalgia y a la vez tranquilidad y satisfacción por haber vivido a pleno el PARQUE ARAGUA en sus 90’s y tempranos 2000 . Lo viví de carajito y de adulto , y de verdad ofrezco disculpas sinceras por la siguiente expresión pero COÑO QUE RECUERDOS !!!! Lo que dicen los panas en sus comentarios me lleno de nostalgia las tiendas maxis el clips que fue todo un Boom cuando llegó a Parque Aragu tenía maquinitas de Atari y siempre fulll , del lado de la otra calle había una heladería pequeñita se llamaba extravagancia las mejores barquillas , y al lado un Chip N’ Cookies , 4 mesitas y listo , la 1era feria de “comida ” de Maracay , en discos Mora vendían las enrrdS par todo concierto q fuera en Maracay , la tienda Arpegio pa los rockeros y la gran Taberna Alemana ….. Al lado de dorsal por el lado del estacionamiento había una heladería que siempre estaba vacía pero a mi viejo le encantaba uno del helado de crema con maní y sirope de chocolate tenían ahí lo único bueno se llamaba fruti cream , de pana gracias por traer todos esos recuerdos extraño durísimo mí ciudad ….. Saludos mis panas maracayeros Gracias de pana

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Guao!!
Todo lo que revivimos es impresionante, como la mente humana trabaja… Después de leer el relato de María Angélica y tu comentario, es como empezar a revivir todos los recuerdos… c.c. Parque Aragua tiene tanto, que ya prácticamente debería ser considerado patrimonio cultural de Maracay.
Y es fascinante saber que, a pesar de no conocernos, tenemos tanto en común… Tanto que le debemos a Parque Aragua ;-)

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Así es Mariana , es tanto así que cada vez q no logro dormir me llego acá y vuelvo a leer el relato de María Angélica , con tu comentario incluido por supuesto . Gracias por responder a mi comentario , también me sentí identificado con el tuyo ….. María Angélica ( a quien no conozco pero ya le tengo cariño 🤭🤭 ) no se imagina el bien que le hizo a mí stress y consecuente insomnio con ese relato y claro tú también con tu respuesta . Gracias a Dios ya falta poco para volver después de casi tres años sin pisar Maracay …… 9 de Agostooooo !!!!!! De una me bajo en la esquina de la FF. Aéreas con Fund. Mendoza a ” Devorarme ” un Pepito de ahí Maelo …… Feliz Noche !!!!! María Agélica una vez más ….. Gracias 🫂🫂

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Hola, Willy.

Mil gracias por tus hermosas palabras, valoro mucho que te hayas tomado el tiempo de leerme. Me alegra saber que este texto te dio un refugio en tus noches de insomnio. La lectura también es una forma de acompañarnos.

Espero que la pases bonito en tus vacaciones y disfrutes de ese tiempo en nuestra ciudad.

Te envío un abrazo y bendiciones para ti.

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Me engancho el relato , ameno, me hizo recordar mis propias vivencias en MARACAY muy ciudad preferida, la amo y al C.C.Parque Aragua el primer mol que disfrute al lado de mis padres y hermana. Sus tiendas, Bancos, dulcerías,cine , sus estacionamientos y urbanismo circundante… excelente ..

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Hola, Arelis.
Agradecida por tu comentario, me alegra que te haya gusto.

Un abrazo.

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Excelente escrito. Me encantó haberlo encontrado. Me recuerda a mo infancia. Sigue cosechando éxitos María Angélica 🌹

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Hola, Mariana. Muchísimas gracias. :)
Te envío un abrazo.

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Muchas gracias por leer. Parque Aragua también es uno de mis lugares favoritos.
Un abrazo. :)

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