Servicio de promoción de autores de Letralia Saltar al contenido

Ciudad Zoológica

lunes 29 de mayo de 2023
¡Comparte esto en tus redes sociales!
Ciudad Zoológica, por José Alejandro Muñoz Pacheco
En la Ciudad Zoológica no sólo hay espacio para las especies anteriormente nombradas. A lo largo y ancho del territorio conviven en armonía especies representantes de todo el Metazoa.

Urbana, antología digital por los 27 años de LetraliaUrbana. 27 años de Letralia
Este texto forma parte de la antología publicada por Letralia el 20 de mayo de 2023 en su 27º aniversario
Lee el libro completo aquí

A Rosario y Oswaldo, los constructores de esta barca;
a Gabriela y Alessandro, faros que la llevaron a buen puerto.

Prólogo a la segunda edición

En el Día del Ojo del año 8 Post Mortem, en una playa del Mar de la Vacuidad, un pescador de almas se topó con una sorpresa al ocaso de su jornada. Una botella de vidrio fue arrastrada hasta la orilla por la marea, y después de examinarla, con sumo cuidado extrajo de su interior un pergamino. Por curiosidad lo desplegó, pero para su decepción, el mensaje yacía perdido en un lenguaje olvidado.

Ante la limitación de sus conocimientos, más sensibles, libres de la rigidez de la academia, y el poco interés por una baliza del viejo mundo, creyó conveniente cederlo al Monasterio para su estudio.

El hermano J, quien recibió el manuscrito de propia mano del pescador, preparó, como es mandato seglar, su reclusión en la torre oriental para producir, si así fuera posible, una traducción del texto.

A dos años de aquel encuentro, lo que presentamos a continuación, para provecho y disfrute de los estudiosos del mundo antiguo, es la segunda edición del trabajo realizado por nuestro hermano durante los intensos y extenuantes meses de reclusión en su zigurat.

Del trabajo original se respeta la integridad de la traducción. En esta edición tan sólo se añadieron notas al pie de página y apreciaciones hechas por el editor, a modo de ampliar la visión histórica y esclarecer las referencias (en algunos casos crípticas) del autor a la obra de coetáneos y antiguos.

Al hermano J, agradecer su esfuerzo y dedicación por alumbrar los rincones oscuros de la memoria perdida. Al lector, agradecer su interés genuino por cultivar mente y alma. Finalizamos este breve prólogo trayendo a colación las sabias palabras de O en las Ventanas Para El Ojo, año 0:

“Sólo los poseedores de una gran virtud pueden adentrarse al mar negro y rescatar del abismo las piedras preciosas que rompen la perpetuación de los ciclos kármicos”.

A. S.

 

A las faldas de una imponente montaña, en un valle de idas y venidas, se asienta nuestra utopía.

I

Para quien no cree en las utopías, me siento en la obligación de hacer apología de La Ciudad Zoológica.1 Mi ciudad natal, eco que reverbera en el tiempo, cumbre y cúspide de la ambigüedad.

A las faldas de una imponente montaña, en un valle de idas y venidas, se asienta nuestra utopía. Fundada hace más de cuatrocientos cincuenta años,2 gracias a su clima invariable, posición y otras variables favorables, se convirtió desde entonces, y para los siglos, en capital y centro estratégico para los proyectos del Nuevo Mundo.

Su desarrollo, como el de cualquier otra gran ciudad, atravesó desde sus inicios, y hasta el día presente, conflictos armados que bañaron de sangre sus ríos. Mártires independentistas, seres de la nada, hijos del vacío, por igual, fueron fecundados en la tierra fértil de La Ciudad Zoológica.

Pero el fin último de la actividad, lo mismo de la ciudad, es la Eudaimonia.3

Nuestra Ciudad Elevada se aproxima a ella a través de la conservación de la fauna silvestre. En otras palabras, su éxito se centra en la adopción de un sistema que permite el sano desarrollo del instinto animal.

La ciencia política, en su sentido más noble, organiza, distribuye, fomenta y rige qué ciencias son necesarias en una sociedad. Éstas, orientadas siempre a conseguir el bienestar de los ciudadanos y la búsqueda del ideal del bien común. Un zoológico no está exento de esta lógica si persigue el único bien que se busca por sí mismo. Por ende, gracias a los esfuerzos inhumanos hechos por sus dirigentes desde su fundación, las ciencias a desarrollar en cada período han variado más bien poco. Una vez comprendida la naturaleza de cada animal, sólo bastó con saciar sus instintos más primitivos.

 

II

A través de los siglos de nuestra corta historia, el pensamiento animalista y la industria han ido siempre de la mano. El Desarrollo Endógeno Instintivo (DEI), sistema de organización económica, ha probado su eficiencia naturalista al resistir el paso del tiempo. A pesar de los embates de guerra, hambruna y aislamiento, las disposiciones no han variado sustancialmente. Por eso el apelativo de Ciencias Perennes. Aquí un recuento de las principales ciencias que se desarrollan dentro de esta utopía:

  1. Ciencia del Vox: para la formación de colonias, panales y ootecas. Gracias a la complejidad y espectro tan amplio, la ciencia del Vox divide sus funciones en tres grandes industrias:
    A) Hornos de Cal:4 aquí se instruye por igual a Formícidos, Antófilos, Áfidos y otras especies eusociales y obreras que constituyen el núcleo de nuestra polis. También a Blatodeos, Psicódidos, Arácnidos y otros depuradores naturales de las cloacas del tercer estrato. Lo mismo da, se instruya en escuelas, trabajos o templos. Todas las especies antes nombradas son también el alimento favorito de Coccinélidos y Reptiles. Como dice un dicho muy antiguo “se matan dos pájaros de un mismo tiro”.
    B) Cubos de Rubik & Necker: gracias al innovador y democrático sistema de nuestros Pavo Cristatus, los medios de comunicación son saturados con pequeñas piezas de información, de corta duración, colores muy diferentes y origen diversificado, llamadas Cubos. Es virtualmente imposible armar el rompecabezas y extraer luz: los algoritmos están diseñados para mostrar a cada uno según su naturaleza. Nuestros animales se conforman con armar sólo una de las paredes del cubo y tener la razón cada uno en su caverna.
    C) Ojos de Medusa: para convertirlos en piedra y alimentar los prados de la ira.5 Esta utopía es tal, por no enmascarar con eufemismos y sublimación los instintos animales: esta es una industria que provee las herramientas para la supervivencia urbana. Las cucarachas desarrollan la secreción vomitiva; las arañas aprenden a tejer telarañas; los geckos y caimanes, escamosos y de sangre fría, consentidos de nuestra directiva, son entrenados para depurar el exceso de depuradores mientras se enriquecen de sus nutrientes.
  2. Ciencia del Ex Profeso: para la producción de carroña. La idea novedosa es la de favorecer la formación de enfermedades. Pústulas, necrosis, metástasis, muerte súbita y subliminal, ansiedad y depresión, son sólo algunos de los productos favorecidos por Laboratorios Represión. Empresa que cubre por sí sola las grandes cuotas de consumo de carroña gracias a sus sucursales Puchero y Sonrisa, afirmadas en el este y oeste de la ciudad, respectivamente. Las grandes beneficiadas son nuestras aves patrias: los Catártidos.
  3. Ciencia del Panem et: para la producción de miel y azúcar. Todas las semanas, a lo largo y ancho del territorio, se inauguran nuevos hormigueros y panales donde hormigas y abejas, disciplinadas para el trabajo riguroso y sin contemplación, puedan abastecerse de provisiones que las mantengan provisionalmente satisfechas. A su vez, estos espacios sirven para que nuestros ciudadanos tengan un sano esparcimiento entre congéneres. De aquí también se provee a los Dípteros, frecuentemente olvidados: acostumbrados a alimentarse de heces, ven como mejora sustancial y cualitativa un poco de azúcar y miel en sus platos.

A lo largo y ancho del territorio conviven en armonía especies representantes de todo el Metazoa.

Pero la amplitud y diversidad de especies e industrias dificulta la tarea del panegirista con miras a un texto lacónico. Por eso la importancia de la aclaratoria: en la Ciudad Zoológica no sólo hay espacio para las especies anteriormente nombradas. A lo largo y ancho del territorio conviven en armonía especies representantes de todo el Metazoa:

Mantodeos: religiosamente lascivos; religiosamente castradoras.

Lepóridos: fértiles reproductores del exceso. Ambos grupos son los favoritos de la industria hotelera, de bienes raíces, derecho y entretenimiento sexual.

Selacimorfos: reducen todo a la mentalidad ganadora; el pobre es pobre porque quiere. Son los mimados de los gimnasios y sofistas.

Primates: tricksters y juguetones, son los payasos que animan a nuestra ciudad. Son los principales aportadores a la ciencia del Panem Et, sobre todo en lo concerniente al espectáculo.

Hipopótamos: creen ser grandes depredadores por estar obesos. Se la viven inmersos en su estanque. Favorecen las industrias del turismo y relacionadas al Panem et.

Poríferos, Decápodos, Suidos, Cetáceos… ¡es que hay tantas!

Todas estas y muchísimas otras más son tenidas en cuenta, cada una con igual importancia, por las industrias y nuestra dirigencia. Todo sea con el fin de satisfacer y orientar todas las razas al fin último de La Ciudad.

 

III

Pero no todo es color de rosa. Incluso en una utopía hay fantasmas y sombras.

Las cuotas de sacrificio han de ser mencionadas ya que, si las ciudades aledañas no dieran a diario todo por nuestro proyecto, vidas inclusive, ésta tal vez jamás se hubiera concretado.6 ¿Es justo y necesario el sacrificio de millones de almas por la consumición de un ideal? Nosotros creemos que sí.

Pero como sobre este aspecto hay muy poco que decir, pasemos al siguiente. Aquí haré mención de los grandes enemigos del paraíso.

Primero las Aves: a excepción de los Catártidos, que vuelan libremente, todas las demás especies son voces cantantes de falsas utopías, y todas son conservadas en jaulas aisladas del resto. Su canto es ahogado bajo el domo que cancela el sonido.

Segundos los Equinos: todos se han ido. Se fueron y no miraron nunca atrás, ya que a los pocos que se atrevieron a conspirar se les amputaron las patas y fueron carroña.

Luego están los Elefántidos: estos son contrabandistas que transportan animales entre cuadrantes del plano cartesiano. Todo esto lo hacen a través de su trompa. Se llaman a sí mismos libertadores y monjes porque la extensión de su cuerpo es cincel, flauta o lápiz. No cumplen una labor utilitaria en nuestra sociedad y viven en los márgenes. Somos justos al no exiliarles, y sin embargo, muchos de ellos prefieren irse. Los restantes, no pocos, viven en cloacas y agujeros y se conforman con refugiarse en sus propias utopías del cuadrante III.

Similares a ellos son los Úrsidos: admirables personajes, hibernadores natos. Acumulan honradamente los suficientes recursos para su subsistencia y se tienden a dormir. Su rugido no se escucha porque sueñan el largo sueño en sus cuevas.

También se encuentran los Canis Lupus: reunidos en pequeñas manadas, cuidan lealmente los unos de los otros, pero su exclusivo círculo no admite nuevos miembros. Aúllan a la luz de la luna y por eso nadie les escucha.

Si hay un enemigo al que hay que destruir, así la vida se nos vaya en ello, esos son los Felidae.

De los Bóvidos, Camélidos, Caprinos y otros grupos: sólo decir que llevan el peso del mundo a sus espaldas. Pero no se trata de otra cosa sino de bestias de carga desprovistas de ánimo. Transportan indistintamente lo debido y lo indebido en su lomo y lo transmiten a las nuevas generaciones. Esto es característica propia de los rumiantes.

Pero si hay un enemigo al que hay que destruir, así la vida se nos vaya en ello, esos son los Felidae: Les Enfants Terribles. Descendientes directos del León de Judá, son la antípoda de los eusociales. De carácter individual, osados e indomables por naturaleza, cada uno vive bajo su propia ley, algunos inclusive llevan la Marca de Caín en sus ojos. Son la plaga más grande y difícil de erradicar que ha caído sobre alguna ciudad. Tan pronto matamos a uno nacen dos más. Y los esfuerzos y recursos que se necesitan para atrapar a un animal de tal sigilo y destreza no son poca cosa.

A ellos oponemos Les Bons Enfants: los Canis Lupus Familiaris. Bestias de corazón noble y fáciles de entrenar, y los únicos capaces de ganar el corazón de los Felidae y domesticarlos.

Ha probado ser un método eficiente, pero el peligro acecha y nos observa.

Cuenta la leyenda que El León,7 hijo de una estrella distante, peregrinó por la Vía Láctea en busca de algún tesoro. Fue de planeta en planeta y en la Isla del Cielo, tras conseguir las Minas de Salomón, tuvo la epifanía de un fin y las rechazó para bajar a la tierra y garantizar la paz del futuro.8

Ya en nuestro plano, nos declaró la guerra y conspira activamente para hacer caer La Utopía.

Se dice de Él que medita, que ama, que es sabio y justo, y mora en el centro de la montaña. Pero que resida allí si gusta. ¡La incendiaremos y no quedará rastro!

Si un día el osado desciende centelleante buscando lo que no se le ha perdido, liberaremos de ser preciso a las criaturas del averno.

¡Muerte a los enemigos!

¡Que viva La Ciudad Zoológica!

 

Nota de un barquero en el Mar de la Vacuidad

Me topé con este manuscrito hace poco tiempo. En la escala real de las cosas, no se trataría sino de un suspiro. Habrá sido uno de los cientos o miles de millones con los que me he topado. Sin embargo este era uno de esos que al tacto queman.

Escribo en lengua castellana después de mucho tiempo. Habrá sido ayer que se derritieron las aspas del molino, pero eso poco importa. Esto lo hago con un propósito.

Esta sátira no es más que uno de los cristales de un espejo roto. Allí abajo en el fondo del mar se encuentran perdidos los otros mil y un fragmentos. Éstos emergerán un día. O tal vez no. Tal vez algún día se logre reunirlos, pero de no ser así ¿acaso es otro nuestro destino?, ¿no es acaso una empresa fútil e infantil pretender lo eterno?

No es que no admire la belleza de las palabras, pero en el último umbral no queda más que admitir que no se tratan más que de una ficción.

A muchos he transportado que fueron ego antes que cualquier otra cosa. Ni sus nombres recuerdo.

Por eso ¿qué más da que interprete o no?, ¿qué más da que transporte o no?

Yo lo hago porque es lo que hacemos los barqueros. Vamos de puerto en puerto cruzando baratijas y bagatelas.

Los monjes dan vestidos y ornamentos a un mensaje que puede reducirse a una expresión. No es que no admire la belleza de las palabras, pero en el último umbral no queda más que admitir que no se tratan más que de una ficción.

Aquí yacerá, por lo que dure el tiempo, la única verdad tras este texto:

 

 

 

 

José Alejandro Muñoz Pacheco
Últimas entradas de José Alejandro Muñoz Pacheco (ver todo)

Notas

  1. Las descripciones respaldan la teoría de que La Ciudad Zoológica se trata en realidad de la antigua ciudad de Cauchemar, sepultada bajo la ira de Dios en el año 2xxx del calendario juliano.
  2. La concordancia de fechas hace pensar que el escrito se produjo en la década de los 10 o 20 del siglo XXI d. C., ya que para ese entonces la ciudad de Cauchemar estaría a la mitad de su quinto centenario.
  3. Referencia a la Ética Nicomáquea de Aristóteles. A lo largo del escrito, el autor también hará referencia a otra obra del estagirita como lo es la Historia Animalium.
  4. Posible referencia a un grupo de “profetas del surrealismo” resignados a vivir en el ostracismo. Recordados por la conceptualización y lucha social en sus obras.
  5. Posible referencia a un antiguo profeta cruelmente asesinado. Recordado hasta el sol de hoy por la osadía de soñar y amar en el Valle de las Sombras.
  6. Durante El Recubrimiento, las ciudades aledañas fueron explotadas para mantener la paz en la capital. P, historia de una pesadilla, M, 8, p. 23.
  7. P indica que pudiera tratarse de un símbolo de sabiduría perdida, o el surgimiento de una figura histórica de gran importancia. P, historia de una pesadilla, M, 8, p. 73.
  8. Posible referencia a un trovador y profeta extranjero. Hermano en la patria de la lengua materna.
¡Comparte esto en tus redes sociales!
correcciondetextos.org: el mejor servicio de corrección de textos y corrección de estilo al mejor precio