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Ana Margarita Mireles entre Eros y Tánatos

domingo 13 de marzo de 2016
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Ana Margarita Mireles
Mireles: El momento en el que estoy escribiendo un poema es muy emocional.

Encontré a la poeta Ana Margarita Mireles conectada a Facebook y pasé a saludarla. Le di las gracias por el poemario Escrito en la piel de la serpiente que virtualmente me había enviado al correo hace una semana y surgió así esta conversación rica, inigualable entre el lector y la autora.

—Querida Anita, portentoso tu libro, exquisito, difícil por lo profundo, pero que va asignando, verso a verso, tu calidad poética. ¿Juegas con el surrealismo con la absoluta libertad del modernismo o neomodernismo?

—Gracias, me alegra que lo hayas disfrutado. Te diré que muchos poetas de todos esos ismos han dejado su impresión.

—¿De qué año es? ¿Reciente?

—Hay poemas desde los 18 hasta ahora y allí está la clave de tu relevancia, en ese aspecto.

—Una poesía totalmente femenina con visos de erotismo sutil, en sus versos se nota una sugerible femineidad implícita en ellos. Dime cómo lograste esto.

—No lo sé. El momento en el que estoy escribiendo un poema es muy emocional, nunca sé lo que voy a escribir, ni cómo. Más bien lo escucho, y lo fijo antes de que se disuelva otra vez en la nada. El mito de la serpiente está directamente asociado en todas las culturas al despertar del kundalini, la base de ese despertar está en la energía sexual, si entendemos erotismo como las capacidades de atracción entre seres humanos… Todos los poemas del libro son eróticos, porque hablan de las causas y los efectos de las interacciones “amorosas”, las de atracción y las de repulsión o destrucción que son las de Tánatos.

—Sé que el acto de creación es difícil. Sientes voces, de vidas ajenas, etc., pero a lo que me refiero es si ya el libro, el tema, en sí, estaba elaborado. Desde su propio título encuentro ciertas reminiscencias del Génesis bíblico en cuanto a la influencia de la mujer en el destino del hombre.

—No, cuando ya hay unos cuantos poemas, igual que llegan ellos llega el título, el hilo conductual es una zona de vivencias y un determinado estado de conciencia que las crea y luego las fija para compartirlas y viceversa… la influencia es mutua.

—La mujer como paradigma, como catarsis del desenvolvimiento humano, la transmutación de la piel en la serpiente y el alma de la mujer, ¿sientes cierta metáfora en ello?

—Bueno, tú sabes, el punto de vista precede al objeto, y yo soy mujer, no puedo evitar ese punto de vista y te digo que sí, transmutar es la metáfora perfecta. El cambio de piel, el reciclaje de la memoria, soltar para crear lo nuevo…

Lo que hace perdurar un poema es la resonancia que encuentra en los lectores de diferentes generaciones.

—También está el imago del verso, eso trascendental que se avizora sorpresivamente. ¿Lo has vivido?

—Sí, muchas veces la imagen viene flotando en las palabras, ese avizorar es el meollo del asunto poético.

—Este poemario está, puede decirse, reescrito con poemas anteriores. ¿Piensas que supera los anteriores?

—Efectivamente, este poemario es una selección de los poemas que he escrito desde los dieciocho años hasta ahora. No sé si supera a los que no incluí, tal vez haga un libro con los otros. Al final lo que hace perdurar un poema es la resonancia que encuentra en los lectores de diferentes generaciones, los actos de memoria en relevo que hacen cada vez que los leen, eso no se puede calcular de antemano. Es el primer libro que voy a publicar, solo he publicado en revistas de arte y literatura.

—Tengo aquí un fragmento del poema “El juego al vacío” que me impactó sobremanera; no es el único, te lo confieso, no quiero que lo expliques porque eso es difícil y además no se hace nunca, pero háblame de lo que evoluciona dentro del mismo.

El vacío provoca la mano. La mano despierta la piel.
La piel desata un desfile de tejedoras
que chocan unas con otras sus agujas
iluminando el cielo con un ardor metálico.

—Ese poema habla del acto de la poesía, así llega, así nos impacta, así nos reta a fijar su inmensidad.

—Buscando un poema para la antología Punto G, que estoy editando, me he encontrado, gracias a tu envío, con este manantial de un agua difícil, pero clara y nutritiva.

—Gracias, Ernesto, me hace feliz que te guste. Agrego algo: cuando digo poetas, no hago distinción de géneros.

Ernesto R. del Valle
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