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Fernando Araújo Vélez
“El fútbol es un mecanismo distractor y una herramienta de los grandes poderes para seguir idiotizando”

domingo 3 de julio de 2016
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Fernando Araújo Vélez
Fernando Araújo Vélez: “Quisiera volver a la época donde el fútbol solo era un juego”.

El Caminante es la columna que domingo tras domingo leemos en El Espectador de Fernando Araújo, encontramos en ella la voz de un inusitado narrador: relatos anodinos y anónimos que hablan de un joven disgustado, del malestar de una época, de la nostalgia y de la alegría de lo que fue, de la víctima, de la presunción de inocencia, ah del amor y de sus (im)posibilidades. De la ciudad, del poder, en fin, es una prosa contando con detalle. Luego su rol de editor también lo combina con el de investigador y de ir juntando la astucia de recoger piezas y volverlas ese encuadernado artefacto que llamamos libro. En ellos el fútbol es su tema recurrente: Pena máxima, El fútbol detrás del fútbol y ahora: No era fútbol, era fraude, en el que pone el rostro en quienes se han jactado y acabado con ese bello deporte que antes fue una poesía y ahora es un negocio de mercaderes, en el que los demás quedamos hipnotizados. Para escribirlo, como nos dice, necesitó un poco de rabia e indignación.

En el fútbol hay mil historias como las hay en el boxeo y en la literatura o en todos los aspectos de la vida.  

Los poderes encontraron una espectacularidad en la que se transacciona toda serie de suertes, incluidas las emociones nuestras. Lo que no se ve en una trasmisión o en la euforia de un estadio se puede presenciar en su libro: los pases y las alianzas, los descalabros y el foco de corrupción de unos señores y unas mafias enquistadas no sólo en el dios redondo, sino también en otras esferas de la vida. El tráfico de jugadores, el desvío de recursos, las confabulaciones para beneficios personales así como para convertir el juego de la pelota en una pesadilla. Los contubernios con la política y sobre todo las mafias, son las visibilizadas. Fernando juega a la ofensiva, con toques directos a meternos goles a la conciencia.

—¿Por qué en ti el fútbol ha sido un tema de trabajo recurrente?

—Desde niño soy fanático y escribí mucho de fútbol; gran parte de lo que soy y de lo que pienso tiene que ver con una revista de fútbol que compraba cuando era niño que se llamaba El Gráfico, y ahí encontré que escribían de otra manera sobre fútbol y otros deportes. Y como era Argentina, esa revista me llevó a Cortázar, a Borges, a Serrat, porque ellos no tienen ningún problema en citar toda esta clase de personajes dentro de sus artículos así sean de fútbol, de boxeo o de automovilismo. Y también me fue metiendo dentro de otra manera de escribir que no era la de la noticia, cuando empecé a escribir tenía el oído educado para escribir un poco, para intentar escribir como ellos. Mirando más allá del fútbol, mirando que lo que ocurre en una cancha es el resultado de una cantidad de circunstancias que se van dando con el tiempo. Un partido de fútbol es el resultado de cincuenta mil acciones y de cincuenta mil historias que hay detrás.

—Lo que quiere decir, Fernando, es que como varios periodistas, pienso en Villoro, y en Caparrós, el fútbol también ha forjado un modo del periodismo cultural.

—Sí, o sea, yo dentro de mis peleas también tengo una contra esas divisiones o esos géneros. Yo creo que en el fútbol hay mil historias como las hay en el boxeo y en la literatura o en todos los aspectos de la vida y que es cuestión de ir a descubrirlas. Pero no sé si sea cultural, deportivo o judicial. Yo creo que un texto debería tocar todos los aspectos de la vida sin necesidad de encasillarlos.

—Bueno, nosotros hemos tenido el fútbol como parte de nuestra identidad y casi que moldea nuestras emociones; pero se reconoce poco lo que hay detrás del fútbol y lo pones en una etiqueta bastante diciente: “No era fútbol, era fraude”.

—Lo que en un comienzo era un juego, hubo una cantidad de fuerzas que se terminaron uniendo para sacar provecho tanto en el aspecto económico como en el aspecto político, y lo ensuciaron. Ya el fútbol honesto es el que se juega en un barrio. Todo lo demás se encuentra contaminado o por lo menos es sospechoso. Los grandes poderes ganan demasiado con el fútbol; entonces por eso se dieron cuenta de que con el fútbol podían hacer una carrera política, financiera, y alrededor de eso explotan otros hechos. Llegamos al punto de explotación de la patria. Es el gran negocio de hoy, “la patria”, y hay que vender el fútbol como sinónimo de patria. Y no nos ponemos a pensar que el fútbol no es la patria.

—Esto quiere decir, Fernando, que en el fútbol han perdido los jugadores, los hinchas, y que si bien encontramos que cada vez cobra mayores valores técnicos, por las estrategias, por los planteamientos de los partidos, lo que hay detrás del telón es muy turbio y, como lo haces en el libro, partes de cómo los dirigentes del fútbol son quienes lo han ensuciado.

El fútbol no existiría si los hinchas no fuéramos tan idiotas.  

—Por supuesto, los dirigentes en primera medida, y hablo de dirigentes deportivos pero también de políticos, empresas y todo tipo de dirigentes, se metieron en el fútbol para sacar tajada (y las han sacado gigantescas), para ensuciarlo y creo que lo que menos les importa es quién gane. A los políticos sí les importa quién gane porque eso avala sus campañas políticas. A los demás les importa la plata y que su producto se venda: que se vendan más transmisiones de televisión, que la gente consuma más fútbol. Es un producto indudablemente y pues ya sabemos que detrás de las grandes cantidades de dinero se empiezan a ver grandes personas de todo tipo que llegan ahí y quieren sacar provecho por las buenas o por las malas. Con una pistola o con plata, y han ensuciado también al periodismo tristemente. Para mí el fondo de todo esto es que el mundo giró, cambió, y hoy las mafias se han apoderado de ese mundo en todos los aspectos: las mafias tienen gente en el periodismo, en las altas cortes, en el Senado, en los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial; en las grandes empresas, en las pequeñas, en el entretenimiento. Las mafias están en todas partes y desde que haya mafia todo es sospechoso.

—Fernando, ¿y de qué juegas en este escenario, con este libro, cuál es tu posición en el campo, si pensamos que el libro fuera una estrategia para jugar un partido de fútbol?

—Digamos que es un sistema muy ofensivo, muy agresivo, que por medio de la ofensiva decirle a la gente, o concientizar un poco sobre lo que en realidad ocurre y que somos como hinchas unos idiotas útiles de todo esto. El fútbol no existiría si los hinchas no fuéramos tan idiotas. Nosotros podemos apagar el televisor, o podemos no ir a un estadio o ir y abandonarlo. Tenemos mucho poder pero para eso tenemos que concientizarnos. En el fútbol el libro jugaría muy a lo Marcelo Bielsa, que es uno de los hombres más importantes en el fútbol, para mí.

—Fernando, pero el fútbol no tiene botón de apagado. Pareciera que se convierte en una máquina cuyo mecanismo es difícil de igualar. ¿A qué época, si quisiéramos jugar con ese “caminante” que es Fernando con la columna los domingos, a qué época del fútbol quisiera volver o protagonizar Fernando?

Cuando fue la toma y la retoma del Palacio de Justicia transmitieron un partido de fútbol, cada vez que hay un problema ponen un partido de fútbol.  

—Yo quisiera volver a la época de un club inglés que se llamaba Corinthians, que fue de donde salió el Corinthians de Brasil, y aquel equipo inglés era amateur, no aceptan penaltis, si se lesionaba un jugador del equipo contrario ellos también sacaban un jugador. Quisiera volver a la época donde solo era un juego, sin la competencia exacerbada. Pongámonos a pensar que quien gana no es mejor que el otro en nada. Yo por ganar un partido de fútbol no soy ni más bonito, ni más inteligente ni más persona ni nada. Como jugábamos antes que solo era por la diversión de jugar y se quedaba por las noches pensando en el gol que hizo o que no se efectuó. Sin enrostrarle al otro. Pero sin duda por supuesto que hay una cantidad de factores que hace que eso ya no sea así y es difícil desactivar ese botón que dices. Nos meten en la cabeza que el fútbol es la patria, que la competencia, que ser exitosos, ser el mejor. Todos esos son mensajes dañinos para el ser humano y productivos para el sistema. Les sirve que creamos eso para vender más. Y no nos damos cuenta de lo esencial.

—Fernando, te quiero hacer una última pregunta: el fútbol mueve nuestras pasiones y parece que recabara en los instintos más bajos y más altos del ser humano. ¿Crees —como algunos escritores— que mientras se juega un partido de fútbol están sucediendo los planes más maquiavélicos para el contexto social?

—Ha habido muchas historias que avalan eso: el fútbol es un distractor, es el opio del pueblo. Cuando fue la toma y la retoma del Palacio de Justicia transmitieron un partido de fútbol, cada vez que hay un problema ponen un partido de fútbol, matan a Galán y a los dos días hay un partido de fútbol. El fútbol es un mecanismo distractor y una herramienta de los grandes poderes para seguir idiotizando porque no les conviene que la gente piense. Mientras la gente está distraída seguimos con el pan y el circo y en este caso el fútbol es el circo y hasta que no tomemos conciencia no vamos a poder desactivar ese botón, parece imposible. Pero por lo menos podemos tomar un poquito de conciencia.

John Harold Giraldo Herrera
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