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Carmen Centeno Añeses
“No creo que se pueda ser sólo un investigador sin sentido de pertenencia”

domingo 26 de mayo de 2019
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Carmen Centeno Añeses
Centeno Añeses: “No siempre se entiende la necesidad de estudiar la periferia y cómo ésta dialoga con el centro e incide en sus visiones”.

Carmen Centeno Añeses (Puerto Rico) es docente e investigadora en la Universidad de Puerto Rico, Bayamón. Está adscrita al Departamento de Español. Es egresada de la Universidad de Puerto Rico (B. A., Español; M.A., Estudios Hispánicos) y del Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico y el Caribe (Ph.D., Literatura de Puerto Rico y el Caribe). Centeno Añeses es autora de, entre otros escritos, Modernidad y resistencia: literatura obrera puertorriqueña (1898-1910) (2005), Lengua, identidad nacional y posmodernidad: ensayos desde el Caribe (2007) y Desde el margen y el Caribe: ensayos de estudios literarios (2009). Ha sido conferenciante en Cuba, Chile y Argentina, y docente en el Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico y el Caribe. A su vez, ha mantenido una continua labor de difusión literaria, educativa y cultural en diferentes medios de prensa, tales como Claridad, El Nuevo Día, Diálogo, El Post-Antillano, 80 Grados y otros. A partir de su último trabajo creativo de investigación, Centeno Añeses ha compartido unas palabras que son para compartirlas contigo.

La praxis discursiva del ensayo articula la esfera social, cultural y política, es decir, las diversas esferas públicas.

—Recientemente ha recibido el premio Mención de Honor del PEN de Puerto Rico (2018) en la categoría ensayo por su libro Intelectuales y ensayo. ¿De qué trata en este estudio premiado por el PEN 2018 y cómo recorre entre la literatura y la realidad o no ficción en su estudio o investigación ensayística?

—Este trabajo tiene el propósito de aportar a la investigación y análisis del ensayo puertorriqueño y su relación con el papel del intelectual. Es el primer libro que se dedica por completo a ello en Puerto Rico. Eso sí, existen antologías y hacen falta otras. Al ensayo se le conoce en toda América Latina como pensamiento, término que ha puesto en entredicho la investigadora chilena Alicia Salomone. Eso no quiere decir que pierde importancia frente a los demás géneros. De hecho, es su praxis discursiva la que articula la esfera social, cultural y política, es decir, las diversas esferas públicas, frase que tomo de Nancy Fraser. Hay que ver la relevancia que tiene el ensayo en el periodismo, por ejemplo, espacio del que provienen figuras que todavía tienen un peso en el imaginario puertorriqueño y latinoamericano, como lo son Eugenio María de Hostos y José Martí. Por eso, primero teorizo para aclarar mi postura ante las dos formas centrales de este género camaleónico, como le llama desde México René López Villamar. Luego sintetizo la historia del ensayo puertorriqueño. Elegí, además, a seis figuras fundamentales de la ensayística del país, tales como Hostos, Nilita Vientós Gastón, Arcadio Díaz Quiñones, Edgardo Rodríguez Juliá, Áurea María Sotomayor y Marta Aponte Alsina. De esta forma mostraba la diversidad de tratamientos que pueden dársele al género partiendo de paradigmas diversos que tomaran en cuenta el carácter androcéntrico que ha tenido el estudio del ensayo, así como la problematización del papel del intelectual que interfiere en la vida pública de forma más directa y referencial que el novelista o el poeta; la hibridez en el género, el erotismo heteronormativo y, añado, la discusión de los temas llamados posmodernos que se dieron en la década del noventa y en la primera década del siglo XXI. Estudio ahí a un buen grupo de ensayistas como Rafael Bernabe, Rubén Ríos, Irma Rivera Nieves, Carlos Gil y otros.

Con respecto al androcentrismo, es muy difícil que las mujeres formen parte del canon del ensayo de interpretación cultural. Sin embargo, Nilita sí lo hizo, como también lo hace Marta Aponte Alsina en su libro, en el que caribeñiza la isla y tiende puentes como lo hiciera Áurea María Sotomayor previamente. La inserción de las mujeres en la escritura ensayística es un terreno en el que hay mucho que explorar, así como su papel en la forja del imaginario social y nacional.

No me gusta el término “no ficción” que se usa en el mundo anglosajón. El ensayo es un género que también crea una representación de la realidad. De aquí su vínculo con el resto de los géneros. Su intención, sin embargo, es lograr, en el caso del periodístico, respuestas inmediatas de los lectores. En el de erudición, como lo llama Pedro Aullón de Haro, también busca incidir en las ideas vigentes, ya sea mediante el estudio de la memoria, como lo hace Díaz Quiñones, o estableciendo relaciones con el Caribe como lo realiza Marta Aponte Alsina. Su forma misma, sin embargo, no le hace tan fácil el llegar a los lectores. Hay que poner de relieve que ambos tipos cultivaron el tema identitario y acompañaron al surgimiento de las naciones latinoamericanas. En la actualidad existe un ensayo que cuestiona la nación como el provocador libro del mexicano Jorge Volpi, El insomnio de Bolívar, y en Puerto Rico el de Carlos Pabón, Nación postmortem.

Como es un campo de estudio tan amplio, me dedico al ensayo humanístico, cosa que señalo en el prólogo, ya que existen el ensayo sociológico, el filosófico, el teológico, entre otros, y ese inmenso ensayo que es el periodístico y que se ha trasladado del papel para invadir las redes sociales de Internet y sus distintas plataformas digitales. Ese tipo de ensayo, el de los blogs, amerita otro trabajo.

—¿Cómo surgió la oportunidad de trabajarle? ¿Qué relación tiene Intelectuales y ensayo con su trabajo creativo-investigativo anterior y hoy?

—Ya con anterioridad había trabajado el ensayo en mi primer libro, un estudio cultural titulado Modernidad y resistencia: literatura obrera puertorriqueña (1898-1910), publicado por Callejón, con los textos de Luisa Capetillo, Ramón Romero Rosa y Venancio Cruz. Titulé ese capítulo “La toma del ensayo” porque ese asalto al género y al medio público resultó sustancial para la expansión de sus ideas feministas, anarcosindicalistas y defensoras de los derechos de los afropuertorriqueños.

También antes de este texto yo había incursionado en el ensayo debatiendo sobre la identidad y lo nacional desde las páginas del semanario Claridad. De ahí salió parte de mi libro Lengua, identidad nacional y posmodernidad. He sido una defensora del idioma mediante el ensayo y de que existe una identidad puertorriqueña no esencialista ni excluyente. En ella caben puertorriqueños nacidos fuera del país, las mujeres no son invisibles, sus miembros son de todo color y de toda preferencia sexual. Ya pronto saldrá mi libro La belleza no existe, que recopila ensayos mediáticos y reseñas de libros. Escribo, además, ensayos dedicados al tema de derechos humanos, una de mis grandes preocupaciones.

El mejor modo de aprender, crecer y madurar es leer y estudiar buenos libros y no cegarse ante la escritura de compañeros de los que se puede diferir.

En este sentido, Intelectuales y ensayo es un libro que siento de manera especial porque reúne distintos componentes que me tocan muy de cerca: la mujer como pensadora de la nación, que es el caso de Nilita y de las que queremos meditarla y cambiarla; la memoria que nos salva de la historia falsa del colonialismo; el afán de Hostos por publicar en periódicos de toda América Latina; el erotismo como elemento liberador en la sociedad heteronormativa y patriarcal; el diálogo con el Caribe y las polémicas sobre lo nacional, siempre las polémicas, como aquellas tan fructíferas de la casa en que me crié en Aguadilla.

—Si compara su crecimiento y madurez como persona, investigadora y escritora, ¿qué diferencias observa en su trabajo creativo-investigativo o no de entonces (previo) con el de hoy?

—Pues, el mejor modo de aprender, crecer y madurar es leer y estudiar buenos libros y no cegarse ante la escritura de compañeros de los que se puede diferir. Creo que he crecido al hacer lecturas teóricas, por ejemplo, sobre la memoria y el género, que me han permitido elaborar nuevas interpretaciones como lo hago tanto en Intelectuales yensayo como en mi último libro, Narradoras del Caribe hispano, en que echo mano de los estudios de género y de la antropología sexual para estudiar parte de la escritura femenina del Caribe. Aunque siempre he tenido creencias feministas, me parece que los estudios de género elaborados por el posfeminismo expanden nuestra exégesis del discurso literario, sobre todo el narrativo, que ha colocado al erotismo en un lugar prioritario, y es que se trata de cómo se tocan los cuerpos femeninos y de qué pueden sentir los mismos.

—Carmen, ¿cómo visualiza su trabajo creativo-investigativo con el de su núcleo generacional de escritores e investigadores con los que comparte o ha compartido en Puerto Rico?

—Bueno, considero que he tenido un empeño en conocer más la intelectualidad latinoamericana, a la que estamos unidos de muchas formas, a pesar de que no me libro de recurrir a bibliografía estadounidense o europea como los demás investigadores, lo que no es negativo. Lo que sí objeto es el mirar exclusivamente sólo al norte: la producción anglosajona y la europea. En mi primer libro utilizo bibliografía mexicana y chilena junto a intelectuales diaspóricos residentes en Estados Unidos y estadounidenses y europeos. En Intelectuales y ensayo recurro más a los latinoamericanos: Carlos Altamirano, Rafael Rojas, Alicia Salomone, Adriana Arpini, Rogelio Pérez Perdomo, Dora Barrancos, Eduardo Devés Valdés, Graciela Queirolo, Aníbal Quijano, Arturo Escobar, Santiago Castro Gómez, etc.

“Intelectuales y ensayo”, de Carmen Centeno AñesesNo me siento apegada a una generación, y lo digo porque comencé a publicar cuando estaba en los treinta. Sólo sé que hay mucha gente que yo admiro como investigadores y analistas, periodistas, y que pertenecen a distintas generaciones. Ahí están Ángel Quintero, Gervasio García, Luis Rivera Pagán, César Rey, Marcia Rivera, Rubén Ríos, Juan Gelpí, Manolo Núñez, Carlos Rojas Osorio, Daniel Nina, Joel Cintrón Arbassetti, Jossiana Arroyo. Entre los que se dedican mayormente a la crítica literaria se encuentran Myrna García Calderón, Ivette López, Mari Ramos, Mercedes López Baralt, Miguel Ángel Náter, Fernando Feliú, Áurea María Sotomayor, Rosa Guzmán Merced, Liliana Ramos, Eugenio García Cuevas, Raúl Guadalupe, Wanda Cosme, Zaira Rivera, Leticia Franqui y Luis Felipe Díaz. Yo verdaderamente creo que existe en Puerto Rico una maravillosa inteligencia y que se está dando un gran diálogo intergeneracional. Lo que nos falta a todos y todas es mayores subsidios para poder producir. La creación de una red de investigadores como la que existe en Chile, en Argentina, en México, sería un proyecto de verdadero apoyo a la investigación que potenciaría muchos estudios literarios y, por supuesto, a otras ramas del saber. Es importante dar a conocer que los investigadores trabajamos la mayor parte de las veces sufragando nuestros trabajos.

—¿Cómo concibe la recepción a su trabajo creativo-investigativo dentro de Puerto Rico, y la de sus pares, bien sean escritores e investigadores u de otros géneros en los que trabaja o de los que hace crítica o investigación literaria?

—La recepción de los libros de investigación en la crítica literaria en Puerto Rico no es algo sobre lo que se pueda opinar con facilidad o tal vez sin incomodar. La recepción depende del lugar de enunciación, de a cuál mundo académico perteneces o a qué núcleo intelectual. De igual forma si el tema que tratas es rentable o si estudias a alguien canonizado por otra crítica. No es lo mismo escribir de un autor académico o consagrado que de literatura obrera. No siempre se entiende la necesidad de estudiar la periferia y cómo ésta dialoga con el centro e incide en sus visiones. Se olvida, para ejemplificar, que una poeta como Alfonsina Storni sostuvo relaciones con el sindicalismo. Yo creo que esto nos afecta a todos los que escribimos investigaciones. No existe aquí la cantidad de congresos que se celebran en Argentina, Chile, Estados Unidos, España. No se da el mismo respaldo a los viajes que en esos países. En cuanto a la recepción de mis textos, sé que mi libro Lengua, identidad nacional y posmodernidad ha sido utilizado en cursos en la Universidad de Puerto Rico y en la Interamericana, y que Desde el margen y el Caribe fue asignado en un curso en el Centro de Estudios Avanzados. Por lo general, he recibido buenos comentarios de mi obra, pero no le rehúyo a los negativos. Éstos nos invitan a polemizar fraternalmente y a repensar lo que hacemos.

—Sé que usted es de Puerto Rico. ¿Se considera una autora puertorriqueña o no? O, más bien, una autora de literatura o de investigaciones, sea esta puertorriqueña o no. ¿Por qué?

—Me considero puertorriqueña y caribeña porque desde un punto de vista antropológico la identidad existe como manera de configurar nuestro espacio, nuestras querencias, nuestras artes, entre otros elementos. Creo que se encuentra sobre todo en la memoria compartida, como lo expresa Anthony Smith en su libro National Identity. Yo no creo que se pueda ser sólo un investigador sin sentido de pertenencia. Que ésta puede ser bicultural o estar abierta a otras identificaciones es igualmente cierto. Aquí nos hacemos cada vez más caribeños. El supersincretismo del que habla Antonio Benítez Rojo nos define. Hay alrededor de quinientos lugares chinos de comida; existen sinagogas y mezquitas, además de que ha crecido la religiosidad afroantillana, lo que convive con el pensamiento y las prácticas del cristianismo ya hace tiempo asentadas.

Es difícil desvincularse de nuestra identidad. Es algo que nos marca desde que nacemos.

También me siento universal y entiendo que caminamos hacia un mundo en el que se romperán las fronteras, en el que los emigrantes tendrán derechos en todas partes. La investigación y el saber nos nutren a todos y todas por igual. Hay caribeñistas en Argentina y Chile. En este último país estudian a Ana Roqué de Duprey. En el primero a Edgardo Rodríguez Juliá. Definitivamente no creo en nacionalismos excluyentes y fascistas. Un ejemplo de una investigadora que ha descollado internacionalmente sin perder su sentido identitario es el de Luce López Baralt. El estudio de las fuentes semíticas en la literatura española no la ha apartado de sus raíces culturales. Más bien, nos ha brindado otros senderos de estudio de nuestra propia cultura.

—¿Cómo integra su identidad étnica y su ideología política con o en su trabajo creativo-investigativo?

—Es difícil desvincularse de nuestra identidad. Es algo que nos marca desde que nacemos. Soy puertorriqueña y caribeña y lo que hago está mediatizado por ello sin caer en el etnocentrismo. Es difícil para mí escribir sobre literatura, tema hermano de la historia y de lo social, e ignorar el estatus colonial de Puerto Rico. En primer lugar, los autores no permiten ese olvido, tanto los mayores como los jóvenes. Eso se ve por igual en Magali García Ramis como en López Bauzá. En la poesía joven, Cindy Jiménez nos ha regalado un excelente poema de resistencia: “Muerte a la poesía lírica”, en el que pone en escena a la Junta de Supervisión Fiscal. Gran parte del corpus literario puertorriqueño está marcado por la crítica al colonialismo. Eso no quiere decir que el tema esté siempre presente. En mi trabajo no puedo dejar de pensar en que esta literatura es fruto de un país colonial y por eso mi empatía con aquellas corrientes teóricas que han puesto énfasis en la deconstrucción del eurocentrismo, el desarrollo, y el colonialismo, como lo son las teorías poscoloniales, las subalternistas, parte de los estudios culturales y los propios estudios de género, sin desvalorizar las aportaciones en el campo de la crítica latinoamericana.

—¿Cómo se integra su trabajo creativo-investigativo a su experiencia de vida? ¿Cómo integra esas experiencias de vida en su propio quehacer de escritor e investigadora hoy?

—Mi experiencia de vida está marcada por muchas cosas: por la lucha por la independencia de Puerto Rico que viví desde muy joven, por mis creencias religiosas impregnadas de la teología de la liberación, y mi deseo de aportar a la causa de los derechos humanos. Por eso he visitado barrios y caseríos. Me he atrevido a entrar a lugares periféricos por los que no transitan los académicos generalmente. Yo no me crie en ellos, pero ellos son parte de mí. Ellos también hacen al país. De ellos proviene buena parte de la música popular, de los deportistas y artistas. Ver las tertulias que se forman en las esquinas, los murales que adornan las paredes de Playita y Las Monjas, escuchar y ver reír a alguien que no puede ir al dentista y tiene dientes caídos, me ayuda a ver al otro, a entender mejor mi país y los modos en que la gente sobrevive a pesar de las carencias y desdichas. Escuchar y mirar al pueblo es importante para mí.

—¿Qué diferencia observa, al transcurrir del tiempo, con la recepción del público a su trabajo creativo-investigativo y a la temática del mismo? ¿Cómo ha variado?

—Pues, yo he trabajado cosas distintas: la investigación literaria de fines del siglo XIX y comienzos del XX en diversos géneros; el tema de lo identitario en la literatura; la comparación del ensayo contemporáneo en los países del Caribe hispano, la narrativa femenina de ese mismo Caribe, el erotismo en Marta Aponte Alsina, la obra de autores como Luis Rafael Sánchez y Arcadio Díaz Quiñones, la propia crítica literaria. Como también incursiono en diversos medios de comunicación, en los que he escrito sobre literatura, educación y derechos humanos, eso permite que haya aumentado la proyección de mi obra que ofrezco al público lector desde la creencia en que hago un trabajo necesario: estudiar esa parcela cultural que es lo literario desde una perspectiva interdisciplinaria. Tengo siempre presente que el saber es un asunto colectivo, que se nutre de otros, que nada se crea en un vacío. Tal vez esa actitud me haya ganado el respeto de alguna gente.

—¿Qué otros proyectos creativos tiene recientes y pendientes?

—Seguiré trabajando el ensayo. Lo creo un género abandonado. Me siguen interesando las narraciones femeninas y, por último, siento pasión por la poesía y el erotismo. Por eso termino con estos versos de Kattia Chico: “Los hombres desnudos son criaturas de flama / erizos que de súbito girar prenden el aire / con voces de su luz cutánea y ágil”.

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