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Guillermo Arriaga
“Soy fundamentalmente un creador”

• Domingo 18 de octubre de 2020
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Guillermo Arriaga
Arriaga: “Mi forma de escribir es muy caótica, no pienso en las historias, no sé ni de qué se trata”. Fotografía: Phil Konstantin

El reciente ganador del premio de novela Alfaguara 2020 por la musculosa obra Salvar el fuego, y reconocido por guiones de películas con veinte años de haber sido estrenadas, como Amores perros, o por la fuerza de la narrativa en El salvaje, o por su capacidad para destellar obras que nos impactan, ha sido invitado a la Feria Internacional del Libro en Pereira por segunda ocasión. El año pasado, antes de la pandemia, pude conversar con él. Su carácter sencillo pero diciente, fue oportuno para que nos contara sobre algunas de sus obras, su vida familiar, la política y otros ejes. He acá cómo, antes de su premio, el fuego del diálogo permitió reunir algunos leños.

—Para cualquier creador habrá unas condiciones que lo hacen sostener su trabajo. Te he escuchado de manera muy animosa decir que crees fervientemente en el amor, pese a que muchas de las historias que se cuentan y las películas podrán tener su contraparte, ¿qué otras convicciones tiene Guillermo Arriaga?

—Mira, creo mucho en la voluntad de los seres humanos, creo en el ser humano, creo que los seres humanos podemos hacer cosas que nosotros mismos creemos que podemos hacer, entonces sí creo en la voluntad, sí, creo en la fuerza de alguien que se decide a hacer las cosas; eso es algo que a mí me motiva, obviamente las variantes del amor, la amistad, el amor filial, el amor fraternal, el amor de pareja.

Vengo obsesionado con conocer las estructuras narrativas, cómo descubrir dentro de cada historia una estructura distinta.

—¿Y en cuestiones políticas?

—En cuestiones políticas yo siempre he estado hacia la izquierda, pero hay algo que me hace reaccionar y es que desconfío por completo de los políticos, yo no creo en la política, cada vez se siembra más mi anarquismo, entonces por eso mi desconfianza a la política.

—Leonardo Padura me compartía hace muy poco que Latinoamérica está muy desencantada y en parte ese desencanto es por sus políticos.

—No, no creo que esté desencantada, estamos desencantados con los gobiernos, no con Latinoamérica. El otro día me decía un español, es que mi país es fallido, no, es un gobierno fallido, en el país seguimos trabajando y seguimos amando y seguimos jugando fútbol, no es un país fallido, ¿por qué confunden un gobierno con un país?

—Se cumplen veinte años de Amores perros, un relato de mucho interés porque nos mostró cómo el nuevo cine latinoamericano cuenta historias. Decías que Amores perros fue saldar una deuda con un accidente que tuviste, un antes, un durante y después de un accidente. ¿Qué balance haces de ese ejercicio?

—A mí lo que me ha dado mucha lidia con Amores perros es que he visto escuelas de cine en la India, en Bélgica, en Alemania, donde es la primera película que pasan. He visto directores que me han dicho: Amores perros, la estructura de como está escrita, me cambió la forma de pensar el cine. Estoy muy contento de que esas estructuras permitieron un cambio en cómo se hace, no solamente el cine, sino ahora también hay series que hacen un poco esto, me da gusto haber sido parte de ese proceso.

“Salvar el fuego”, de Guillermo Arriaga
Salvar el fuego, de Guillermo Arriaga (Alfaguara, 2020). Disponible en Amazon

—De todo lo seductor en Amores perros, las historias se encuentran, entrecruzadas, con unos puntos de coincidencia que además de estar en el cine también son de la vida real.

—Sí, eso lo vengo haciendo desde mi primer libro, desde el Retorno 201, que lo escribí entre los veintitrés y los veintisiete años; cualquiera que lea ese libro verá que vengo obsesionado con conocer las estructuras narrativas, cómo descubrir dentro de cada historia una estructura distinta. Entonces lo hago desde que era novelista, desde que era cuentista, desde mis primeros cuentos. Empecé como novelista y regresé a la novela. Entonces, lo quise hacer en Amores perros, en 21 gramos, en Los tres entierros, en The Burning Plain, en Babel, cada historia lleva su propia estructura. La estructura de Amores perros es completamente distinta a la de 21 gramos; la de 21 gramos es completamente distinta a la de Los tres entierros. Lo que yo quise fue demostrar que también en el cine se pueden describir los estilos narrativos distintos.

—Lo haces con tu novela El salvaje, una obra que hace también un ejercicio de hibridación narrativa; hay un elemento que suelen decir mucho de ti y es que eres muy milimétrico a la hora de contar, parece que fuera una matemática de la narrativa.

—Al contrario, es completamente caótico, mi forma de escribir es muy caótica, no pienso en las historias, no sé ni de qué se trata, lo voy descubriendo sobre la marcha, entonces si dices milimétrica es por puro azar, no creas que soy tan… Se va dando de una manera orgánica, lo voy escribiendo, se me van escribiendo y lo voy sacando, o sea es complejo porque tienen sus bemoles, pero no, realmente no. Hay una obsesión por escribir. Lo que hago primero es sacar la historia, que salga completa, y luego empiezo a corregir el lenguaje, a ver si esto funciona, si esto no funciona, la estructura fundamental sale de una.

—¿Una es cuánto tiempo, una es qué proceso?

—La novela que escribí, Salvar el fuego, terminarla me llevó tres años y medio, otro rato reescribiéndola, eran setecientas páginas, la reescribí, le corté trescientas y vuelvo a arrancar. Quedó de más de seiscientas.

—Es un trabajo dedicado a la profesionalidad de la escritura que se va dando, se va desarrollando y puliendo.

—Para mí es muy importante que un lector dedique su tiempo y su dinero a mi obra; entonces, quien compra un libro mío ha hecho un gran esfuerzo por comprarlo, y quien lo lee ha hecho el esfuerzo de comprarlo y leerlo, o ir a la biblioteca, ha hecho un esfuerzo. Tengo que esforzarme por respetar su tiempo.

—Cuéntanos sobre tu cotidianidad. Mencionas que hay una historia detrás con la casa de los animales, tu casa, hay también un aspecto como todo curioso de las casas de los escritores y su cotidianidad…

—Cuando no viajo, porque viajo un montón, estoy en Pereira, tengo que ir a Morelia, voy a Madrid… todos los días desayuno, como muy sano en mi casa, lo hago desde siempre, soy un tipo bastante familiar en ese aspecto; me duermo casi todos los días de 4 a 5 de la mañana y despierto alrededor de las 10. Procuro en las mañanas hacer algo, tengo una fortuna de entrevista todos los días. Casi siempre voy a la entrevista, como el libro ha salido en muchos países, llega gente de Alemania, de Holanda, Francia, Italia, y así, hago unas cuatro entrevistas por semana o voy a ver a alguien, un amigo, un café, y luego regreso a comer a la casa, termino de comer y a escribir hasta las 4 de la mañana.

Si la gente no leyera Jean Rollin no tendría ahorita tres millones de libras esterlinas de fortuna, si la gente no leyera no hubiera sido un éxito Cincuenta sombras de Grey.

—Literatura, cine y vida y en general el arte, se entrecruzan o están muy…

—No me creo hacer literatura, yo he querido escribir cine como si fuera literatura y yo he tratado de traer estructuras de literatura en el cine; me parece injusto que a un dramaturgo de teatro nunca le pregunten si el teatro tiene que ver con la literatura, por el hecho de que es un literato. Soy fundamentalmente un creador, soy un productor creativo, no soy el productor financiero.

—¿Qué es Salvar el fuego, tu nueva novela?

—Ha sido el trabajo más fuerte que he hecho en mi vida, te darás cuenta de por qué, la gente que la ha leído le ha llamado la atención, les ha gustado, es una novela grande, voluminosa, espero que a la gente le guste, pero la gente que la ha leído ha dicho que la lee como si fuera una novela cortica que se va de un solo jalón.

—Cómo es cuando hay un mundo que tiende a la inmediatez, a lo más rápido, toda la cultura que han creado las redes sociales, que nos han generado como el momento 140 caracteres a hacer novelas como El salvaje y Salvar el fuego, con amplitud en términos de espacialidad. ¿Cómo lo haces?

—Mira, la gente sí lee, no tendremos los mismos seguidores que Twitter. Sí hay un espacio de reflexión que muchas personas lo necesitan, si la gente no leyera Jean Rollin no tendría ahorita tres millones de libras esterlinas de fortuna, si la gente no leyera no hubiera sido un éxito Cincuenta sombras de Grey. Se trata de llevar literatura de calidad para que los lectores también se interesen por ella.

—¿Te encuentras trabajando en algún proyecto cinematográfico?

—Mis hijos son directores de cine, entonces escribí la primera parte real de la trilogía de Amores perros y la trilogía de occidente que se llama Cielo abierto y se las he dado para que las dirijan, entonces estoy produciendo éstas y estoy produciendo películas, tratando de levantar una película aquí en Colombia y en la India, en Brasil.

—Qué opinión te merece que Latinoamérica tenga un boom, no como en su momento literario, que generó una corriente, sino que hay un boom de escritores, de cineastas, hay una amalgama muy diversa de creaciones.

—Este es un continente con unas paradojas muy fuertes y tenemos que contar esas paradojas, pues son muy vitales. Mis amigos viven en situaciones económicas muy comprometidas y están de buenas, y siempre están inventando cosas y no están perdiendo el tiempo en tonterías, y pues yo creo que eso alimenta la narrativa latinoamericana, tanto en cine como en artes visuales, novela, teatro…

—Y en cuestiones de contingencias sociales y políticas, ¿qué podrías decir que ha desencadenado que haya más creadores?

—Lo que pasa es que esto es un continente en efervescencia, somos muy efervescentes, son contradicciones que tratamos de superar: la injusticia, la miseria, la corrupción, la impunidad, pero también lo hacemos con música, con baile, con alegría, y yo creo que eso nos hace vitales porque hay países donde no hay efervescencia y se han convertido en bastante nihilistas y descreídos, y también tenemos esperanza de que algo bueno pueda suceder.

—Estamos en esas. La parte de la construcción psicológica de tus personajes, tiene su propio universo que nos puede dar muestras del mundo que tenemos, de sus realidades, de los conflictos personales; terminan siendo muy simbólicos, se recuerdan, ¿cómo construyes psicológicamente tus personajes?

—No sé; mira, cuando estudié la carrera de Comunicación me especialicé en Psicología, hice mi maestría en Historia, quería tener por lo menos contacto con formas de pensar y algo que fue muy valioso para mí fue ir a hacer mis prácticas a hospitales psiquiátricos, o había uno que tenía que ir a lugares muy pobres, presentarme, y decir: vengo aquí, les conté historias. Me ayudaron, más que tener herramientas para hacer personajes, me ayudaron a tener historias. Es lo que estoy buscando todo el tiempo, historias, por eso estudié Historia; me chocó, por cierto, no me gustó nada, en el estudio estaban muy obsesionados por la metodología, la hermenéutica, la lingüística y la interpretación del documento, yo quería era de historia.

Tendemos a creer que los gobiernos son los que nos representan, tampoco creo en eso de que tenemos el gobierno que nos merecemos.

—¿Por qué un mundo que va tanto al psicólogo más que antes —en tu vida ya también nos contabas que tus hijos habían hecho un curso, les habías pagado para que estudiaran para psicología—, esta parte psicológica crees tú que nos afecta y puede de alguna manera transformarnos?

—Lo que hicieron mis hijos fue parapsicología, no psicología, fue la capacidad de darle a su cuerpo una forma de ver que no estaba contemplada, según su maestro tenemos terminales nerviosas que son capaces de ver; son explicaciones biológicas, no mágicas; pero yo, por ejemplo, nunca me haría una terapia psicológica, jamás, gente que me quite el núcleo o el modo con el que escribo, no; lo he platicado con una amiga mía psicoanalista y le he comentado: imagínate que de repente mi psicoanalista lo que me hace escribir se pierda, yo mantengo en la familia, pagué universidades y pago las gasolinas y todo, pero escribiendo más me vale tener mucho cuidado con lo que se encuentra ahí adentro.

—Colombia es un país muy diferente al resto, cuando aquí no hemos tenido la posibilidad ni siquiera de tener un gobierno alternativo; cuando te preguntan por Colombia, ¿qué dices?

—Colombia para mí ha sido siempre un país que me alimenta, es un país profundamente vital, con muchas manifestaciones de arte en todos los niveles, desde el más popular. Tendemos a creer que los gobiernos son los que nos representan, tampoco creo en eso de que tenemos el gobierno que nos merecemos. Alguien decía por ahí (no sé si sea cierto, un inglés) que sólo los mediocres se meten a hacer gobierno. Me parece injusto porque hay gente que no ha sido mediocre, por ejemplo, no creo que Angela Merkel sea una mediocre, ni tampoco creo que Mandela haya sido uno, ni creo que Benito Juárez fue un mediocre, pero sí hay una tendencia a un gobierno social muy burocratizado y con muchos intereses y con demasiada corrupción en todos los países.

John Harold Giraldo Herrera
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