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Miguel Carrasco Leyva, autor de El viaje de la memoria:
“Una sociedad democrática necesita saber la verdad sobre su pasado”

miércoles 7 de abril de 2021
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Miguel Carrasco Leyva
Miguel Carrasco Leyva: “El viaje de la memoria hace un retorno al pasado para conocer la historia que los vencedores de la guerra han querido ocultar y silenciar”.

Hace más de tres décadas, un veinteañero Miguel Carrasco Leyva tuvo la oportunidad de trabajar como lector en la Facultad de Letras de Brest (Francia), y allí conoció a varios exiliados españoles que le contaron episodios de la historia de su país que han permanecido ocultos bajo el manto de la verdad oficial. Este fue el germen de una novela apasionante, El viaje de la memoria, publicada por el sello madrileño Falsaria en el año 2017.

Carrasco Leyva (Cozvíjar, Granada, 1966) reside en Francia y trabaja como profesor de español en la Sección Internacional Española del Lycée Amiral Ronarc’h de Brest. Aunque su novela narra hechos de ficción, plantea una realidad que conocen bien los sobrevivientes de la guerra civil española: la manipulación de la historia para que se amolde a una narrativa conveniente a ciertos factores de poder. “No basta con la memoria”, nos dice en esta conversación, “es necesario conocer la verdad”.

 

Hay algo que planea a todo lo largo de El viaje de la memoria y es el dolor que permanece en el alma española. ¿Cómo llegas a esta historia tan particular? ¿Qué te hizo escribir la novela?

La guerra civil siempre ha estado presente en mi infancia y adolescencia a través de los recuerdos de mis padres, de mis tíos, de la gente de mi pueblo. Un hermano de mi padre murió con dieciocho años durante el conflicto, y el marido de una tía mía, que también hizo la guerra, siempre nos contaba cómo vivió aquellos años. Todo eso siempre anduvo rondándome por la cabeza, lo mismo que los hombres de la sierra, los guerrilleros antifranquistas de los que siempre nos referían hazañas o fechorías (dependiendo de quien hablase), y que tantos años después formaban ya parte de un mundo mítico en mi imaginación. El episodio de la novela que cuenta cuando los guerrilleros cogieron al padre de Ángel, le ocurrió realmente al mío, pero es lo único que tienen en común.

“El viaje de la memoria”, de Miguel Carrasco Leyva
El viaje de la memoria, de Miguel Carrasco Leyva (Falsaria, 2017). Disponible en Amazon

En mi pueblo, como en todos los pueblos de España, siempre se relataban muchos hechos de la época de la guerra, de los años del hambre, del estraperlo, de las redadas de la guardia civil, de los que huíamos los niños cuando los veíamos pasar, montados a caballo, por el pueblo. Todo eso va asentándose en la memoria, fermentando, fantaseando, hasta que llega el momento en que se produce un hecho desencadenante que lo saca a la luz, a veces en las conversaciones, otras gracias a la escritura. En Brest conocí a un grupo de exiliados españoles que despertaron en mí un gran interés por el tema del exilio. Yo trabajaba como lector en la Facultad de Letras, y las historias de algunos me sorprendieron sobremanera ya que nunca pensé qué tan lejos de la frontera hubiesen llegado tantos exiliados. A partir de ahí empecé a documentarme gracias a la prensa de la época. Poco a poco, la historia de la novela empezó a tomar forma.

 

Tu novela habla de una búsqueda, la búsqueda de la verdad. “Sólo espero que no nos olviden una segunda vez, que la historia haga justicia con nosotros”, dice hacia el final un personaje clave. ¿Qué tanto representa El viaje de la memoria la situación de España en el presente y respecto a su forma de manejar el dolor dejado por la guerra civil?

En la novela, el protagonista principal quiere conocer la verdad de lo que le ocurrió a su padre porque esa verdad siempre le ha sido denegada por la versión oficial del régimen. En ese sentido se hace eco de miles de personas que quieren que se haga justicia, y sobre todo, quieren saber dónde están enterrados sus familiares. La Ley de Memoria Histórica de 2007 ha favorecido la excavación de muchas fosas comunes, pero todavía quedan miles de víctimas por desenterrar. Las asociaciones de recuperación de la memoria histórica están llevando a cabo una labor extraordinaria, sobre todo porque no todos los gobiernos, central y autonómicos —según el partido que esté en el poder—, colaboran como deberían. Hay todavía una gran parte de la población española que sigue pensando que es mejor no abrir las heridas del pasado, sólo que al no hacerlo nunca se lograrán cerrar.

 

La verdad de lo ocurrido es fundamental, y mientras haya víctimas directas o indirectas que necesiten recordar y saber, se seguirá buscando.

Eso, el ocultamiento de la verdad sobre su padre, es algo que descubre pronto el protagonista de la novela, Ángel Espinosa, y esto lo acompañará toda su vida hasta la madurez, cuando regrese a Brest, “una de esas ciudades a las que siempre se acaba volviendo”, como dice en algún punto de la obra. Veo en esto un reflejo de la historia de España, que aún hurga en su pasado en busca de respuestas. ¿Qué nos puedes decir al respecto?

La importancia de la memoria para los supervivientes y las familias de los muertos es vital, quieren recuperar la historia de los vencidos de la guerra civil, sacarla a la luz y hacer justicia buscando la verdad sobre todos ellos. No basta con la memoria, ellos siempre la han mantenido viva aunque no haya sido así a nivel oficial. Sin embargo, contra ese olvido la memoria sola no es suficiente, es necesario conocer la verdad.

Eso es precisamente lo que hace el narrador-personaje de la novela: buscar la verdad para que se haga justicia tantos años después. Y aquí es donde la novela se inscribe dentro de la lógica de la memoria histórica: encontrar la verdad, lo que la historia oficial del régimen ha querido ocultar, y al mismo tiempo, rendir homenaje a esa gente olvidada que luchó por unos ideales tan humanos como son la democracia y la justicia.

La verdad de lo ocurrido es fundamental, y mientras haya víctimas directas o indirectas que necesiten recordar y saber, se seguirá buscando. Si hay gente que necesita recordar es porque no ha olvidado. Por otra parte, ¿cómo es posible que una sociedad avance mientras tenga en suspense un pasado que está ahí como una espada de Damocles? Una sociedad democrática necesita saber la verdad sobre su pasado, y no debe dejar que la ignorancia de éste se convierta en una amnesia colectiva.

 

Es interesante en tu novela cómo saltas de un tiempo a otro, convirtiendo el pasado en un presente narrativo y permitiendo al lector asistir directamente a los hechos. ¿Qué retos te planteó esta estructura?

La novela supone una gran analepsis, un retorno al pasado para conocer la historia que los vencedores de la guerra han querido ocultar y silenciar. Por ello mismo, la estructura de la novela, a imagen de la memoria misma, no es cronológica, cuanto más que no se trata de una sola memoria, sino de la memoria de varios personajes en un intento de esclarecerla y no dejar ningún detalle sin explicar.

La elección del narrador fue esencial para lograr dar cuenta de todo ese proceso. Ángel es una especie de catalizador en su esfuerzo por arrancar del olvido a los vencidos y rescatar su voz. Esas voces, múltiples, podemos encontrarlas en la novela puesto que gracias a ellas el narrador reconstruye el pasado para recuperar la memoria colectiva (que se ha querido silenciar) en una especie de investigación que se impone a él a medida que va encontrando exiliados españoles.

En este sentido, el final de la primera parte de la novela es muy revelador: “…aquellas palabras, recónditas y trágicas de mi madre, se me imponían como si yo también hubiese vivido los hechos que referían y no hiciese más que recordarlos, rememorarlos, para que no cayesen en el olvido”.

 

¿Cuánto hay de Miguel Carrasco Leyva en El viaje de la memoria?

No se trata en absoluto de una novela autobiográfica, sólo me he servido de los lugares en los que viví en una época de mi vida y que me han servido de referencia para situar la acción de la novela tanto en el tiempo como en el espacio: el viaje desde mi pueblo a Brest y el hecho de trabajar como lector en la facultad en 1989, el ambiente del Petit-Montmartre y de otros bares, la exposición de pintura en la galería Passerelle, algún que otro personaje…

 

¿Cuánto tiempo te tomó escribir esta novela y cómo llegaste a su publicación?

Tardé poco más de un año en construir el armazón de la novela. Una vez definido éste, la escritura me llevó unos cuatro años. Mi trabajo como profesor me quita mucho tiempo, así que sólo pude entregarme a la novela realmente durante las vacaciones.

Luego, gracias a la ayuda de algunas plataformas de escritores, incluidos informes de lectura, conseguí publicarla en Amazon. Unos meses después conocí Falsaria que proponía algo bastante mejor, y logramos la edición actual. Gracias a esta editorial mi novela se imprime bajo demanda y está a la venta en casi todas las tiendas online y cualquier tienda física también puede obtener el libro, tanto en España como en Latinoamérica.

 

¿Cómo fue el proceso de investigación para escribirla?

Como ya he dicho antes, el desencadenante fue cuando conocí a los exiliados españoles en Brest, entre los que también había muchos inmigrantes. A partir de ahí empecé a documentarme gracias a la prensa de la época que encontré en las bibliotecas. Entonces descubrí que unos veinte mil refugiados españoles habían llegado a las costas bretonas huyendo de la barbarie de la guerra, hasta un submarino republicano averiado que un comando franquista intentó robar dando lugar a una situación rocambolesca. Incluso el periódico ABC cubrió esta noticia.

Por esos años también se publicaron varios libros sobre la guerrilla antifranquista. Gracias a ellos me documenté sobre cómo vivían, cómo iban vestidos, cómo actuaban… Particularmente me interesé por los maquis de las sierras de Granada, aquella partida que cogió a mi padre y a sus acompañantes para obtener información sobre el número de guardias civiles que había en las fiestas del pueblo de donde venían, fue una de las más activas en la segunda mitad de la década de los cuarenta. El jefe y una gran parte de los miembros de la agrupación fueron apresados, pero hubo una partida que logró huir hasta Francia desde el sur.

Hablemos un poco de Miguel Carrasco Leyva como escritor. ¿Escribes a diario o de acuerdo a como te lleguen las ideas? ¿Tienes una rutina para hacerlo?

Como ya dije antes, mi profesión no me deja mucho tiempo libre para escribir, excepto los fines de semana y las vacaciones. En Francia disponemos de dos semanas cada mes y medio de clase. Luego están los casi dos meses de verano. Esos son los momentos que aprovecho para escribir. Me gusta sobre todo trabajar por la tarde. Por las mañanas suelo releer lo ya escrito para corregir, para retocar o para buscar nuevas ideas, nuevas escenas. Ese trabajo me parece fundamental para retomar la escritura con tranquilidad por la tarde.

 

Esto de escribir es tan necesario como el aire que respiramos. Tengo prácticamente terminada una novela ambientada en Perú.

Estudiaste Filología Francesa en la Universidad de Granada y eres catedrático de Lengua Española. ¿Cómo incide tu formación profesional en tu trabajo literario?

La enseñanza del español en Francia está muy relacionada con la cultura y la historia de nuestra lengua. Es la base del interés que despierta en este país. Ello permite trabajar los textos esenciales de nuestros principales autores, lo cual me ha permitido vivir con gran intensidad los hechos contados y apreciar la riqueza de nuestra literatura. Ese trabajo diario con los textos es lo que más ha influido en mí, lo que más me ha aportado. Para transmitir a los alumnos la belleza de un texto, su mensaje, tienes que sentirlo tú mismo; es más, tienes que vivirlo en tu interior. Es necesario que los alumnos sientan que el contenido corre por tus venas para que el pacto entre profesor y alumno tenga realmente un sentido.

 

¿Qué lecturas sientes que te han marcado?

La verdad que son muchas y sobre todo han sido mis primeras lecturas. Cuando hablo de esto siento que soy injusto porque es imposible nombrarlas todas. De adolescente leí mucho a Delibes, a Galdós, a Marsé, a Vargas Llosa, a Cortázar y a Neruda; más adelante, en mi época de universitario, a Muñoz Molina y a Patrick Modiano. Por supuesto que hay muchos más, pero no deja de ser curioso que los libros que vuelvo a leer pertenezcan a estos escritores. A veces cojo uno de sus libros al azar y leo algunos fragmentos —como el que pone un disco para apreciar la música por unos momentos—, para saborearlo y me dejo hechizar por el encanto de las palabras.

 

¿Estás trabajando actualmente en algún nuevo proyecto?

Sí. Esto de escribir es tan necesario como el aire que respiramos. Tengo prácticamente terminada una novela ambientada en Perú, fruto de mis dos viajes por este país. Y también estoy en la fase de documentación para otra novela sobre la guerra civil, pero esta vez más anclada en España y menos con el exilio.

Jorge Gómez Jiménez