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El viaje de la memoria, de Miguel Carrasco Leyva

miércoles 24 de marzo de 2021
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“El viaje de la memoria”, de Miguel Carrasco Leyva
El viaje de la memoria, de Miguel Carrasco Leyva (Falsaria, 2017). Disponible en Amazon

El viaje de la memoria
Miguel Carrasco Leyva
Novela
Editorial Falsaria
Madrid, 2017
ISBN: 9788416882410
410 páginas

1

Aquella España dolida, la empujada a salir de su mapa. Aquella España cuyo acento ha marcado la pronunciación de la historia sigue latente en las páginas de todos los tiempos. No deja de ser la España de la poesía, la tierra de los relatos donde se funden los horarios, los recuerdos enviados a diferentes geografías. Y fue la España de la Guerra Civil la más golpeada, la herida a muerte, la que luego de tanta espera y periplos se levantó para escribirse como si fuera la primera vez de la conjugación de sus verbos, tan bien revelados como la sangre que quedó esparcida ante la mirada del mundo.

Los personajes de esa patria golpeada siguen hablando. No terminarán jamás de describir la forma y extensión de sus cicatrices. No dejará de recordar, pero tampoco dejará de cantar. Y desde esos personajes, anónimos o con nombres propios conocidos, se cuenta lo que mucha gente no supo, lo que muchos españoles no pudieron encontrar en las páginas rotas de sus pueblos, caseríos y ciudades.

La historia tiene sentido en la búsqueda de lo que esconde, de lo que está debajo de la tierra o extraviado en los recuerdos. Una capa de silencio o de olvido es parte del tiempo, de esa recurrencia que se revela después como noticia, como novedad, también como culpa.

En El viaje de la memoria, de Miguel Carrasco Leyva, pesa mucho el extravío de la verdad, hasta que ésta se hace en boca de gente que forma parte del exilio, tanto del material como del anímico. La España de la Guerra Civil, la que todos ya sabemos que forma parte de la herencia de los que hablamos castellano, sigue allí, en lo que no ha sido dicho. En lo que se dice y se descubre. En esta novela, los personajes, los más viejos, los que estuvieron y vieron la muerte, está la verdad, la que posteriormente sale a flote y se hace materia de relato en esta historia que conmueve, que atiza fuerte el fuego del pasado, que remueve los códigos del dolor y la vergüenza por las tantas injusticias cometidas.

La memoria que viaja, el periplo de lo que falta por saberse, la travesía de secretos y balbuceos del tiempo. La novela nos descubre, nos hace visibles como sujetos lectores. Nos hace parte de esa tramada realidad que aún vive en muchos españoles, herederos de aquellos ruidos, estruendos, maldiciones, cadáveres, silencios que ahora son relatos, segmentos de la existencia casi dejada a un lado mientras el tiempo corre.

Esta novela es también una biografía de los anónimos, de los vivos y los muertos, de los sacrificados y reflejados en el espejo del exilio. Una biografía de ese país que sigue siendo una memoria compartida.

Y también es la novela de la duda en el personaje que busca la verdad y finalmente la encuentra.

 

El viaje de la memoria, páginas que contienen la nostalgia de los exiliados, los que tuvieron que huir para no ser exterminados.

2

Un prólogo es parte de la novela, se hace novela. El peso del tiempo sublima el de la memoria. Quien habla, quien narra en primera persona, se instala en el Brest de un pasado que tiene anclaje en el presente, pero igual podría ser que el presente sea el mismo pasado, toda vez que la memoria es inamovible, puesto que permanece en la existencia de quien no olvida: es también tiempo y espacio. Sólo se mueve para cambiar el contenido de su anatomía.

España y Brest, en Francia, donde se ha instalado parte de una familia que se hizo más extensa hasta convertirse en una comunidad, como la que llegó a la América española. El anclaje temporal permite abrirle espacio a lo que va y viene en los recuerdos: fijación que no deja de proveer al lector de datos, precisiones, eventos dolorosos, sospechosos algunos hasta convertirse en resquemores. O verdades.

Ángel, el personaje narrador, protagonista, especie de testigo de sus propias acciones para dejar constancia de las ajenas. Antonio, el tío abuelo, el que dejó la patria para instalarse en el extranjero y vivir de todo lo que luego sería parte de la historia a relatarse. Isidro, el primo médico que lo recibe, quien vive con Antonio, y Louise, su hija, pintora que irrumpe afectivamente en un Ángel cautivado por su belleza, su manera de ser abierta y desprejuiciada.

Otros personajes, como ramas adventicias, completan el cuadro de esta historia que Miguel Carrasco Leyva nos entrega en su novela El viaje de la memoria, páginas que contienen la nostalgia de los exiliados, los que tuvieron que huir para no ser exterminados.

Es decir, el encuentro con la familia perdida, y el abandono de la madre en la España franquista, la España que vivió una guerra en la que se mataban unos a los otros para confirmar la idea de que la porfía por el poder absoluto, antidemocrático, es más importante que la vida.

 

La mirada de Ángel representa la renovación de una estrategia para no perder la que traía, la que había dejado.

3

Estratificada, la novela recrea todos los tiempos: el pasado remoto se inserta en un pasado “presentizado” que deviene pasado dudoso a través del rumor según el cual el padre de Isidro habría traicionado la causa por la que luchaban. Las versiones se conjugaron y lograron que el curso del relato se alimentara y de esa forma propiciara en el personaje una suerte de retrato movido en el que su padre era parte fundamental de una historia merecedora de contarla, de sacarla a flote y de desmentir las voces que atendían al rumor.

El presente, calificado de pasado en el lector que ha usado la memoria para ubicarse en aquel tiempo de confrontaciones, sigue siendo una acción relevante: el presente es ya futuro en el pasado que se memoriza, que se escribe, que se novela y se vierte crónica familiar, la de esta obra que resume las tantas que se han escrito sobre ese episodio español históricamente literario.

 

4

Prólogo y epílogo, cabeza y cola de un relato que podría continuar, que no termina, porque los personajes siguen viviendo en la memoria del lector. Prólogo, en presente, como el mismo epílogo. Pero presente revestido de pasado que encuentra lugar en el futuro del que interviene como lector, que pasa a ser también personaje, sujeto de acción mientras lee.

Desde el prólogo:

Volvía a Brest al cabo de tantos años que me parecía llegar a una ciudad desconocida y casi desierta…

La memoria, borrosa, comienza a redibujar los rostros que había dejado atrás. La mirada de Ángel representa la renovación de una estrategia para no perder la que traía, la que había dejado, no sólo en su pueblo de España, sino la que una vez había destacado en la primera vez en Brest. Ahora que regresa son dos memorias. Dos viajes.

Desde el epílogo:

Tantos años luchando como si fuese posible evitarlo, tantas veces postergando decisiones de las que en realidad no podemos eximirnos porque nos corresponde a nosotros y a nadie más, tanto tiempo esquivando la memoria cuyos engranajes insoslayables siempre acaban por absorbernos…

Entre el prólogo y el epílogo, entre el segundo viaje y la reflexión, están las peripecias, las acciones, los eventos que construyen, reconstruyen y “deconstruyen” la realidad, transformada en una ficción tan bien hilvanada que nos habilita, como lectores, a creernos ser la voz que habla, la voz que relata, la voz que cuenta, la voz que engancha y no suelta hasta la última línea de esta novela publicada por la Editorial Falsaria.

Alberto Hernández
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