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Uno o dos de tus gestos, el más reciente libro de cuentos de Jorge Gómez Jiménez, editor de Letralia

Juan Jesús Amo Ochoa publicó este año Cuentos masticables de todos los sabores:
“Dejé de pensar que mis cuentos podían esperar a encontrar editores”

martes 28 de septiembre de 2021
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Juan Jesús Amo Ochoa y Samsagaz
“No me entretendría contando historias ordinarias”. Juan Jesús Amo Ochoa posa junto con su colega Samsagaz.

El español Juan Jesús Amo Ochoa es un apasionado del acto de narrar y su libro Cuentos masticables de todos los sabores (2021) da fe de ello. Son 166 páginas en las que reunió sus cuentos más queridos para ofrecerlos a “adultos de todas las edades”, como indica en el subtítulo, en una variedad de “sabores” que van de la tragedia a la comedia y aderezados con un dominio de la palabra que hará las delicias del lector más exigente.

Este psicólogo clínico natural de Cuenca trabaja como profesor de Enseñanza Secundaria en el Instituto de Secundaria de Mojácar. Escribe desde siempre y ya ha publicado varios libros, pero su quehacer artístico no se detiene allí, pues además es ilustrador con una trayectoria desarrollada con empresas privadas e instituciones públicas. Sobre todo esto y otros temas conversamos hoy con él.

 

Juan Jesús Amo Ochoa, el autor que quiere sorprenderse con sus personajes

Hay una metáfora gastronómica que atraviesa tu libro desde el título mismo, e incluso el índice es anunciado como “Carta de cuentos”. Son 36 cuentos variopintos —por eso dices que son “de todos los sabores”—, que adscriben a diversos subgéneros y en los que historias desgarradoras conviven con otras en las que haces gala del humor más desenfadado. ¿Bajo qué criterio llegaste a la selección final? ¿Se quedó por fuera alguna historia?

Tengo que decir que muchas historias se han quedado fuera de esta recopilación. En realidad el criterio de selección también ha sido un poco gastronómico, valga el chiste: si el cuento me gusta mucho, se incluye. Si no me parece tan bueno como para que lo puedan disfrutar los lectores, si no está del todo bien cocinado… pues entonces no se incluye.

Cuando empecé la selección de cuentos, lo que pretendía era reunir, recoger en un solo lugar, muchos de mis cuentos favoritos, que andaban dispersos y solitarios por carpetas de ordenador y archivadores de plástico. Casi desde el principio, vista la variedad de tipos, de géneros, de historias, surgió la idea del menú, de la carta de cuentos en la que el lector puede elegir aquellos que mejor casen con el talante del momento. A pequeños mordiscos y disfrutando. No hay ninguna necesidad de atiborrarse cuando lo que a uno le apetece es una tapita, con algo de beber.

 

Me llama mucho la atención la aparente facilidad con la que saltas de registro. Pienso en “Días perfectos”, cuento en el que te sumerges en lo más profundo de una tragedia, o en “Una de las mil y una”, una historia que —como sugiere el título— se acerca a Las mil noches y una noche, o en varios de tus cuentos más humorísticos. ¿En cuál de estos registros te sientes más a gusto?

El cuento, sin duda, es mi género favorito. Siempre he pensado que lo que caracteriza a un buen cuento es la capacidad de generar una emoción concreta en el lector. El cuento puede (debe) generar miedo. O tal vez tristeza. O quizá nostalgia. O, por supuesto, debe hacer reír.

Creo firmemente que hacer reír a la gente es algo muy complicado. Mucho más que asustarle o hacerle sentir triste o melancólico. Por eso, cuando uno de mis cuentos hace reír —empezando por mí mismo—, creo que es cuando más feliz me siento. Me gusta el registro cómico. Nunca pierdo de vista las demás emociones (disfruto especialmente intentando escribir cuentos de miedo) pero, respondiendo a la pregunta, me encanta hacer el payaso y provocar la sonrisa de los que leen.

 

En muchos de tus cuentos abordas la ciencia ficción, la narrativa fantástica, el elemento sobrenatural, en una línea que uno encuentra en autores como, digamos, Ted Chiang o Kazuo Ishiguro, en los que la singularidad temática queda supeditada a la manera como los personajes lidian con la situación en la que se encuentran involucrados. ¿Dirías que esta búsqueda es importante para ti?

Diría que sí. Parafraseando al propio Stephen King, a veces las historias, las novelas incluso, no son más que un intento de responder a un “¿y si…?”, a un “¿qué pasaría si…?”. La situación absurda, sobrenatural o fantástica aparece y lo que resta es acompañar al personaje a ver qué hace, cómo reacciona.

Creo que si el personaje está, de alguna forma, vivo, y el escritor se limita al papel de acompañante, de testigo que describe lo que va viendo, si las andanzas del personaje le sorprenden tanto como al lector, la historia será una buena historia.

Personalmente intento siempre jugar con el elemento mágico, fantástico, que puede haber tras cualquier esquina de la realidad. Lo cotidiano me parece un poco soso y como creo que la segunda función de la literatura es entretener, busco ese punto sobrenatural por dos razones: porque creo que en realidad sí existe pero no sabemos verlo, y porque si no sabemos verlo el mundo es un lugar sórdido, más bien triste y desesperadamente aburrido. No me entretendría contando historias ordinarias. Por eso intento no hacerlo.

 

Como escritor, me siento cómodo en el papel de bufón, ese personaje que, como los niños, se atreve a decir que el emperador, en realidad, está desnudo.

Hay también en tu libro una fuerte presencia del cuento lúdico, que hace evidente que tienes una gran facilidad para urdir juegos de palabras, situaciones disparatadas, discursos absurdos.

Gracias. Sí, claro. Tengo alma de payaso —en el buen sentido de la expresión—, de cómico. Soy de la opinión —creo que lo he dicho antes— de que hacer reír es muy difícil. Y también muy necesario en el mundo que nos ha tocado vivir.

Me parece que debemos hacer burla de muchas cosas que son demasiado serias y ridiculizar a todo lo que se pone en lo alto de un pedestal para que lo adoremos. La risa nos ayuda a combatir el miedo, la violencia. La risa nos permite ponernos en la piel de otros desde el cariño. Nos permite ser empáticos. Nos da la oportunidad de ver las cosas con claridad, despojadas de solemnidad. Es probable que sea la risa lo que nos define como humanos. No conozco otra especie que sepa reír como reímos nosotros.

Como escritor, me siento cómodo en el papel de bufón, ese personaje que, como los niños, se atreve a decir que el emperador, en realidad, está desnudo; para que todo el mundo, desde la risa, comprenda de pronto que es verdad, que el emperador, con todo su terror, su gloria y su solemnidad, en realidad es un señor desnudo, con tripita, entrado en años y un poco calvo además. Que todos los emperadores no son más que personas que también pueden caerse de culo al pisar una piel de plátano. Tal vez puedas ir a la guerra por un símbolo. Pero es más difícil dar la vida por un señor que tiene exactamente la importancia que le quieras dar. Es mi forma de intentar cambiar el mundo a mejor.

Ya lo he dicho antes: si puedo, me encanta hacer reír. O al menos ser capaz de provocar una sonrisa en el lector. El mundo anda sobrado de tristeza, de violencia, de malos rollos. Los verdaderos héroes son los cómicos. Los que son capaces de hacernos ver la luz incluso en los momentos más negros de la historia. Y cuando sea mayor quisiera ser uno de ellos.

 

“Cuentos masticables de todos los sabores —para adultos de todas las edades—”, de Juan Jesús Amo Ochoa
Cuentos masticables de todos los sabores —para adultos de todas las edades—, de Juan Jesús Amo Ochoa (2021). Disponible en Amazon

Cuentos masticables para todas las edades

Cuentos masticables… está poblado por una miríada de personajes distintos. ¿Cuánto de Juan Jesús Amo Ochoa hay en ellos? ¿Te identificas más con los trágicos, con los lúdicos?

Bien observado. Es cierto que entre los cuentos seleccionados hay varios que tienen un fuerte componente autobiográfico. Muchos se basan en experiencias propias, en situaciones que recuerdo de la infancia. En especial los cuentos de miedo. Yo era un niño con una imaginación muy viva, desbocada, que pintaba exquisitos terrores cuando se apagaban las luces. En algunos de los cuentos se intenta transmitir al lector esas sensaciones puras, afiladas, casi dolorosas de la infancia.

En el resto de los cuentos se encuentran paisajes, imágenes, lugares, referencias, canciones, películas que salen de ese substrato oscuro del fondo de nuestras mentes y que está formado por nuestras propias experiencias, recuerdos, lecturas… En ese sentido, es imposible que no haya algo de mí en cada cuento.

Pero luego está esa manía mía de imaginar, de destapar la caja de la fantasía, de lo inesperado, de lo chocante o de la payasada. Distinguir entonces cuánto es real y cuánto imaginado es bastante más difícil. Desde este punto de vista, creo que hay más autobiografía en mis historias amargas o heladas que en las divertidas.

Quizá signifique eso que en el mundo real es fácil encontrar material para temer o para llorar y que hay que escarbar con mucho afán para encontrar motivos para reír. Espero que no sea así, la verdad.

 

Ante el amplio abanico temático y estilístico de tu libro, tengo que preguntarte: ¿de qué autores te has nutrido? ¿Cuáles han sido tus lecturas?

Esa es una pregunta muy difícil de responder. O muy fácil: todos los que han caído en mis manos.

Soy un lector infatigable y leo desde que tengo memoria. Al principio, todo lo que pasaba cerca de mí, como si fuese una especie de agujero negro libresco. Luego, es verdad, con los años he ido discriminando (demasiado para leer, demasiado poco tiempo) eligiendo los autores o temas que me agradan. Hay mucha ciencia ficción, muchos cuentos, mucho terror. Soy muy fan de gente como Stanislav Lem, Roald Dahl, Tom Sharpe, el mencionado Kazuo Ishiguro, Neil Gaiman y por supuesto Terry Pratchett (aprovecho para felicitar a la gente que los traduce al castellano para disfrute de todos). Hay en mí mucho de Tolkien (pues claro, dirán los que me conocen), aderezado con Stephen King. Y también mucha novela de aventuras. Hay Baroja, García Márquez, Vargas Llosa, Pérez-Reverte, Murakami o Quevedo. No voy a hacer una lista de mis autores favoritos, porque está en permanente actualización y siempre estoy descubriendo gente nueva que me encanta.

Pero sí que insistiré en que (otra opinión personal) para poder escribir bien hay que leer, leer y leer. Y cuando te parezca que has leído bastante, leer un poco más.

Creo que a estas alturas es posible (eso me dicen mis lectores favoritos) que tenga ya un estilo propio, personal y reconocible (este eres tú, me dicen). Pero no hay que rascar mucho en la pintura para encontrar ecos de toda esa gente que he mencionado y posiblemente algunos más que he olvidado mencionar y a los que pido disculpas desde el agradecimiento.

Juan Jesús Amo Ochoa
Juan Jesús Amo Ochoa: “Los relatos favoritos de algunos de mis lectores varían en función de la edad de los mismos”.

Varios de los relatos incluidos en el libro han obtenido premios literarios. Más allá de eso, ¿has tenido contacto con tus lectores? Atendiendo al subtítulo de tu libro, “para adultos de todas las edades”, ¿has podido comprobar si sus lecturas cambian dependiendo de la edad que tengan?

Por desgracia, fuera de mis “lectores cero” no he tenido mucho contacto con los lectores de los relatos. He recibido felicitaciones cuando se ha ganado un concurso y algunas personas me han comentado lo que les ha divertido tal o cual historia. En tiempos, los lectores tenían la costumbre de comentar en mi blog El Manifiesto Gris, y me daban su opinión sobre tal o cual historia. Me bastaba.

Saber que el objetivo de hacer reír o sonreír se ha cumplido me llena de satisfacción y, lo reconozco, es algo que me encanta que me digan. Animo a cualquiera que lea mis cuentos a que escriba una breve reseña o un comentario con su opinión. Prometo contestar.

En relación con la segunda cuestión, entiendo que un buen cuento, una buena historia, debe tener varias lecturas. Cada lector, en función de sus experiencias, de sus gustos o de su edad, podrá llegar a capas distintas y disfrutarlas en consecuencia. En cierta ocasión he abominado de la idea de cuento infantil ya que creo con firmeza que los cuentos se pueden y deben disfrutar a cualquier edad. Niños, padres y abuelos pueden disfrutar de una buena historia, cada uno desde su nivel, y si el relato no tiene una lectura para cada edad, es que no es un buen relato. De ahí lo de “adultos de todas las edades”. Uno se merece buenas historias a cualquier edad.

Sí he podido comprobar que los relatos favoritos de algunos de mis lectores varían en función de la edad de los mismos. A los veintitantos tienden a gustar más cuentos como “Eibhlín” o “Tres árboles”, mientras que mis lectores más mayores se decantan por cosas como “Una de las mil y una” o quizá “Ella, esperando”. Me faltan datos para hacer un estudio más profundo.

 

Cuento breve, cuento extenso, novela corta o novelón tienen para mí únicamente una diferencia cuantitativa.

Tienes otros libros publicados, ¿puedes hablarme de ellos? ¿Tiene Cuentos masticables… alguna relación con lo que has narrado antes?

Cuentos masticables… es, en la actualidad, mi cuarto libro publicado.

Tengo una novela de fantasía titulada Los cinco guardianes que se publicó en el año 2004 y luego una serie de dos libros en los que se recogen los cuentos que tienen como protagonista a un personaje al que quiero mucho que se llama Papá Conejo. El primero se editó en el año 2015 y el segundo se ha editado este año 2021.

También este año 2021 apareció una novela corta titulada El viaje del Bardo, de la que he recibido muy buenas críticas. Todos estos libros pueden encontrarse en Amazon y en Kindle Unlimited, haciendo clic aquí o buscando Juan Jesús Amo Ochoa, como autor. También me han dicho que se distribuyen en librerías.

Recientemente he publicado en tapa dura una especie de edición coleccionista que agrupa todos los cuentos de Papá Conejo publicados hasta la fecha, lo que haría un total de seis libros publicados.

En relación con la pregunta, el punto de conexión entre todos ellos es la idea de cuento. Cuento breve, cuento extenso, novela corta o novelón tienen para mí únicamente una diferencia cuantitativa (seguramente los puristas y los viejos académicos no están de acuerdo con esta idea, pero…).

A veces una historia pensada como cuento cobra vida y se extiende durante muchas más páginas de lo imaginado, se adentra en el territorio del relato breve y traspasa las fronteras del país de la novela.

Otras veces, como sucede en los cuentos de Papá Conejo, son un personaje, sus amigos y el peculiar lugar en el que se mueven los que se obstinan en aparecer relato tras relato, creando su propio universo de aventuras. No es, propiamente hablando, una novela; sin embargo, todos los relatos acaban formando un libro, con entidad propia. Y su propio club de fans, ya que lo menciono.

Yo creo que los cuentos de Papá Conejo (para adultos de todas las edades también) son muy divertidos. Y que en general, todos mis libros tienen por ahí un lector incauto que los espera con el corazón abierto ignorante de que al leerlos, probablemente, cambiará su vida para siempre.

Realmente me gustaría recibir esos comentarios, esas reseñas y opiniones al respecto. Si consigo hacer reír, o solamente sonreír —ya lo he dicho—, me encantará saberlo.

 

Suelo realizar ilustraciones para mis relatos o novelas. O al menos dibujo una portada. Me gusta la idea de lograr que mis lectores vean lo que yo estoy viendo cuando estoy en una historia.

Si mis personajes no están vivos no sigo escribiendo

Eres psicólogo clínico, trabajas como profesor en un instituto de secundaria de Mojácar e incluso tienes experiencia profesional como ilustrador. ¿Qué rastros pueden encontrarse de estas ocupaciones en tu obra literaria?

En cierta ocasión respondiendo a esta pregunta contesté que no. No hay mucho eco de mis ocupaciones profesionales en mis historias. Ni como psicólogo, ni como orientador. Al menos directo o deliberado.

Seguramente si rebuscamos un poco en ese humus oscuro del que brotan las historias y que está formado por ese sedimento de nuestras experiencias, lecturas, recuerdos y demás, algún tipo de relación saldría. No puedo negar lo que he estudiado, lo que he hecho para ganarme la vida durante muchos años. Pero esa relación no es deliberada. No busco ese tipo de inspiración para mis relatos o mis novelas.

Quizá la faceta de ilustrador sí tiene una influencia más clara. Ya he comentado antes que tengo una imaginación muy viva, con un fuerte componente visual. Veo paisajes, veo lugares. Incluso me han comentado que algunos de mis relatos son bastante cinematográficos —salvando las obvias distancias.

Suelo realizar ilustraciones para mis relatos o novelas. O al menos dibujo una portada. Me gusta la idea de lograr que mis lectores vean lo que yo estoy viendo cuando estoy en una historia. Cuando dibujo o pinto, suelo dar imagen a mis historias. Lo que pasa es que no siempre puedo incluir esas ilustraciones en la edición final.

 

Me ha sorprendido tu respuesta. Cuando leí el libro, se me hizo evidente en la configuración de tus personajes (incluso en los que protagonizan relatos humorísticos y bajo una mirada superficial pudieran parecer menos complejos) la mano del psicólogo, del profesional que trabaja con la conducta.

Pues sin embargo es cierto. Intentaré aclararlo: estudié Psicología porque me pareció la combinación perfecta entre la Filosofía (que en el instituto me fascinaba) y la Biología (que era la carrera que yo quería estudiar) centrada en el estudio de la más misteriosa agrupación de materia del universo conocido, que es nuestro cerebro humano. He disfrutado mucho ejerciendo como psicólogo y me lo paso muy bien trabajando como orientador en un instituto con chicos y chicas de doce a dieciocho años. Creo que soy un privilegiado por poder dedicarme a un trabajo tan variado, interesante y entretenido.

Y es verdad, no puedo negar que eso es lo que estudié y que a eso me dedico.

Pero lo cierto es que, a la hora de escribir, ese reflejo que señalas no es deliberado, no está planificado ni hay intención de construir personajes desde un punto de vista psicológico, desde el punto de vista del profesional que trabaja con la conducta.

La deformación profesional existe: me gusta observar a la gente, me gusta observar el comportamiento de los animales, no puedo evitar hacer hipótesis sobre sus motivaciones o sobre las causas que mueven sus conductas.

Pero a la hora de escribir, todo eso queda deliberadamente apartado.

En mi caso los personajes surgen de forma autónoma. Me suelen sorprender y mi función como escritor es más acompañarles y contar lo que veo que hacen más que ser el titiritero que los mueve. Si el personaje no está vivo, si soy yo quien tiene que manejarlo, no suelo seguir escribiendo, no sería un buen relato. Muchas veces les dejo a ver cómo resuelven ellos mismos los problemas en los que se meten. A veces se atascan y la historia no fluye hasta que encuentran ellos mismos una solución. Puede sonar un poco raro, pero buena parte de la diversión que encuentro en el hecho de escribir viene de esa capacidad de sorprenderme, hacerme reír, asombrarme que tienen los personajes.

También tienes razón: al fin y al cabo, el que los observa y los describe ha estado muchos años dedicado a la Psicología.

 

Como escritor, ¿trabajas de acuerdo con algún tipo de disciplina u horario? ¿O escribes en cuanto te asalta una idea?

Ay de mí. Soy muy mal ejemplo para los escritores en general. Soy muy poco disciplinado y no tengo un hábito regular de trabajo (normalmente, todas mis restantes obligaciones interfieren y no suelo encontrar espacio o tiempo para escribir). Las historias van hirviendo dentro de la cabeza hasta que no me queda más remedio que atender a la necesidad de plasmarlas y entonces sí, entonces suspendo otras actividades, me encierro en mí mismo e intento escribir de tirón todo lo posible en sesiones maratonianas, a ser posible seguidas.

Soy un escritor por arrebatos.

Mantengo todas las ideas cociéndose en mi cráneo. Pocas veces tomo notas previas, pero tengo por ahí un par de libretas en las que a veces apunto ideas, argumentos o comienzos en la ilusionada creencia de que algún día volveré a ellos.

Antiguamente tenía un cuaderno en el que escribía en cuanto me daba el pronto creativo. Pero tengo una letra infame y me da mucha pereza tener que pasar a limpio todo lo escrito. De modo que ahora empleo una tablet, con un teclado, que me permite mucha libertad, me permite aprovechar ratos muertos o esperas. Creo que soy una persona que no se aburre, la verdad sea dicha.

 

Descubrí muchas formas de autoedición. Decidí que los relatos se escriben para ser leídos, por cuanta más gente mejor.

Vamos para dos años en una situación inédita para las generaciones presentes. ¿Cómo ha incidido la pandemia en tu trabajo?

Dentro de todas las formas en que las cosas podían haber ido mal, me considero afortunado en la forma en que hemos vivido o nos ha afectado la pandemia. Ha requerido mucha energía emocional y mucho tiempo, pero, en general, creo que la hemos llevado bastante bien y sin demasiados efectos secundarios (hablo en plural porque tengo la fortuna de que puedo incluir a casi toda mi familia en estas frases).

El confinamiento no supuso tener más tiempo. Soy una persona bastante introvertida y realmente mis hábitos cambiaron muy poco. Salvo los viajes, claro. Seguí trabajando, seguí leyendo, seguí escuchando música y tocándola, dibujé, hice fotos, grabé videos. Intentamos seguir activos y creativos y creo que al final —si es que podemos hablar de un final— lo sobrellevamos de la mejor forma posible.

Sí que ha supuesto un punto de inflexión en el sentido de que está en la base de la publicación de los tres libros que publiqué este año de 2021.

Dejé de pensar que podían esperar a encontrar editores o gente que confiara en el proyecto. Dejé de pensar que podían esperar en un cajón. Dejé de pensar que ya habría tiempo después para que vieran la luz. Descubrí muchas formas de autoedición. Decidí que los relatos se escriben para ser leídos, por cuanta más gente mejor. Pensé que si a mí me siguen haciendo reír, quizá puedan aportar algo a otras personas. Y me lancé a ello. Y en eso estamos.

 

¿Trabajas actualmente en algún otro proyecto literario?

Sí. Un poco a trancas y barrancas tengo tres historias entre las manos que han pasado la barrera del cuento y están en territorio novela. Son historias de fantasía e imaginación que me gustaría dejar terminadas pronto —signifique eso lo que signifique. Paso de una a otra según el momento y, en realidad, ya voy con retraso en una de ellas. Pero bueno: soy poco disciplinado, aunque estoy aprendiendo a tener ese punto de egoísmo que hace falta para centrarse en el proceso creativo, dejando a un lado las infinitas y constantes demandas del mundo que nos rodea.

Es una especie de lucha contra uno mismo. Y como me conozco muy bien y se cuáles son mis puntos débiles… pierdo.

 

¿Y quién es el muchacho que te acompaña en la foto que encabeza esta entrevista?

El muchacho que me acompaña en la foto es mi colega Samsagaz. Somos familia desde hace tres años ya, y junto con Aurora, mi pareja y algún que otro humano son las personas más importantes de mi vida. La familia va más allá de la sangre, de los genes y de la especie. No concibo la vida sin la compañía de estas personas honoris causa con cuatro patas y tanto pelo.

Jorge Gómez Jiménez