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En su libro Escuchando los latidos la escritura es un escape al deseo
Luis Alberto Ambroggio y el diálogo universal de la poesía

jueves 10 de noviembre de 2022
Luis Alberto Ambroggio
Luis Alberto Ambroggio: “La escritura para mí es como la respiración”.

Pocos poetas latinoamericanos contemporáneos son tan prolíficos como el argentino Luis Alberto Ambroggio. No sólo por sus más de veinticinco libros de poesía publicados hasta ahora, sino además porque este escritor nacido en 1945 figura en antologías, revistas y otras publicaciones a todo lo largo y ancho del orbe, amén de las traducciones de su obra.

Lee también en Letralia: reseña de Escuchando los latidos, de Luis Alberto Ambroggio, por Alberto Hernández.

Miembro de la Academia Norteamericana de la Lengua Española (Anle), del PEN Club International y de numerosas instituciones literarias, Ambroggio reside en Estados Unidos desde 1967. Asegura que ha olvidado cuándo comenzó a escribir poesía y ha sabido dedicarle a la mujer buena parte de su escritura, de la que es posible apreciar una selección en la antología bilingüe Difficult Beauty, de 2009. Entre sus libros más recientes se encuentran Homenaje al camino/Tribute to the Road (2014), Todos somos Whitman/We are all Whitman (2016), En el jardín de los vientos: obra poética 1974-2014 (2014), Principios póstumos (2017) y Cantos al encuentro (2020; antología bilingüe inglés-español). Una muestra de su trabajo está disponible en la web del autor.

El año pasado apareció su libro Escuchando los latidos, poemario publicado por Valparaíso Ediciones en el que una vez más el lector podrá hacer contacto con la poesía fresca y de múltiples significantes que ha caracterizado desde siempre la obra de Luis Alberto Ambroggio. Un volumen de 78 páginas en el que el escritor dio curso, en forma poética, a sus reflexiones sobre el momento difícil que vive la humanidad.

 

Escuchando los latidos, el libro que surgió de la pandemia

—Tu libro Escuchando los latidos parece atravesado por la metáfora de una pulsión: latidos, corazones, flujos sanguíneos. ¿Puedes hablarnos de cómo nace este poemario?

—Nace en su mayoría de los pálpitos de la vivencia y enfrentamiento a esa situación anormal, totalmente extraña y diferente, a la que nos sometió la pandemia. Simplemente empecé a escribir mis sentimientos frente a las consecuencias vividas en este contexto desde principios del año 2020 hasta el año pasado. El aislamiento me permitió reconocer mejor y ser más sensible a la realidad increíble de los hechos que diariamente nos tocaban de diferentes y nunca experimentadas maneras.

“Escuchando los latidos”, de Luis Alberto Ambroggio
Escuchando los latidos, de Luis Alberto Ambroggio (Valparaíso Ediciones, 2021). Disponible en Amazon

—“La terquedad del malvado virus” es uno de los temas recurrentes de este libro. ¿Qué papel jugó la pandemia de Covid-19 en la concepción de Escuchando los latidos?

—Como digo en el prólogo de este poemario, los latidos se sienten más fuertes en situaciones extáticas de amor o frente a dificultades, tragedias inesperadas, como la pandemia del Covid-19 que nos atormenta en estos tiempos, y de allí que surcan en las experiencias y sentimientos estas respiraciones poéticas compartidas por el universo. Un modo de escape al deseo, la ilusión de respirar un futuro mejor, superando la incertidumbre. En medio del aislamiento que provocó la pandemia, me inspiré a concebir y dejar escritas estas reacciones del corazón hechas palabras. Defino en ese prólogo al latido como un breve infinito eterno, besando el aire que lo alimenta en una compleja travesía. Origen sostenido entre amaneceres, crespúsculos, lunas, estaciones y tantos otros extravíos.

 

Luis Alberto Ambroggio y la memoria escurridiza del primer poema

—“A veces le escribía sus emociones / y leía ardiente sus respuestas / en la melodía compartida / de la ilusión secreta”, dices en un poema en el que rememoras la adolescencia. ¿Cómo ha sido la evolución de Luis Alberto Ambroggio en la poesía?

—Quisiera recordar el momento exacto en que empecé a escribir poemas para gozarlo repetidamente. Sé que desde niño la poesía me atraía. Y así evolucioné hasta que, alrededor de los doce o trece años, un evento con trascendencia marca mi memoria: y es el que mi madre, notando mi preferencia por la poesía y posiblemente influida por su colega en la Facultad Nacional de Córdoba, el vallejiano Juan Larrea, me regaló una antología de César Vallejo. Luego a los catorce gané un concurso de poesía en el Instituto Secundario. Retomé la escritura poética a raíz del nacimiento de mi primer hijo. Desde la niñez, a través de la adolescencia, la madurez y la relectura, ahora mi escritura poética va a alcanzar casi los setenta años de suerte, culpa y atrevimiento. La escritura para mí es como la respiración. Algo indispensable en mi vida, mi búsqueda existencial, la vivencia en un texto de la memoria, la experiencia, el deseo. Siempre he sostenido que la escritura nos aporta una visión, un testimonio, una forma de abordar las dificultades y expresar los júbilos que nos afectan, luchar contra las injusticias, demandar lo justo, y ejercer una crítica libre sobre lo que vivimos como individuos y sociedad, otro modo de conformar la realidad, tocar la humanidad en cada uno de los que, a través de la lectura, la recrean según su propio estado de ánimo, entendimiento, interpretación y conmemoración. Pluralidad de ejes discursivos, estilísticos, movimientos. Para mí también ha significado cuestionar libremente la realidad, fomentar la imaginación, las posibilidades sin límites de nuestra existencia, contribuir de esta manera especial al esfuerzo por construir un mundo mejor.

—“Si el corazón / no mira por los ojos / no palpita”, dices en otro poema. Hay muchas referencias a los sentidos en este libro. ¿Qué puedes decirnos al respecto?

—La visión poética se distingue de las otras visiones (política, económica, etc.) por expresar los sentimientos más allá de los pensamientos. Siempre creí que un poeta es un ser humano que mira con su corazón, que se encanta, se inspira, se envuelve con la palabra para expresar el asombro, la búsqueda, las emociones, en la brevedad mágica de los versos que encarnan el ayer, el hoy y el mañana de la vida en sus sentimientos. Inspiración, ocurrencias, suspiros, con la espontaneidad, inocencia, creatividad, rebeldía, imaginación, características de la infancia y la sinceridad potente del texto poético bajo la máscara de los caprichos del lenguaje, como lo documento en mi libro de ensayos El arte de escribir poemas (apuntes para no llevar necesariamente el apunte).

—Dedicas un poema al libro ignorado, ese que “desaparecerá en vapor o rutina”. Sé que es un tema sensible para ti que tienes toda una trayectoria dando a conocer a otros poetas en distintas instancias. ¿Puedes hablarnos de esto?

—Es un tema que llevaría horas de discusión. Por una parte, Alejandra Pizarnik sostenía que “la poesía es el lugar donde todo sucede” y de allí mi aprecio por los poetas y sus obras. Por otra parte, dicen los expertos que los libros de poesía no se venden mucho. Sin embargo, coincidiremos en que la curiosa riqueza del poeta consiste en el poder dialogar universalmente desde la intimidad, encuentros, viajes, desarrollando una mirada y una sensibilidad especial, una capacidad de expresarse con libertad, viviendo con otros, en otros. En este sentido, las sorpresas son asombrosas: el poema vuela más allá del libro ignorado. Juan Mairena (Antonio Machado) calificaba a la poesía como “la palabra en el tiempo”. El poema aquí aludido sólo expresa la frustración del contraste.

 

La mujer está en mi poesía como una presencia polifacética desde la madre, las fuentes de amor en diferentes etapas de la vida y figuras femeninas icónicas.

La mujer como figura poética

—“Hemos conquistado la distancia / bajo tu ejemplo y compañía”, le declaras a tu madre en un poema que le dedicas, y que entronca con otro titulado “Heroínas”, en el que escribes: “Benditas sean ustedes mujeres / llenas de gracia, / madres, amantes, heroínas”. ¿Qué papel juega la mujer en tu poesía?

—Los críticos señalan una presencia protagonista de la mujer en mi poesía. Una presencia polifacética desde la madre, las fuentes de amor en diferentes etapas de la vida y figuras femeninas icónicas como Cleopatra, Godiva, Camille Claudel, Marilyn Monroe; figuras bíblicas como María Magdalena; figuras míticas como Dríope, Lilith; figuras históricas de la actualidad como Lady Di y muchas más que inspiraron mis textos a lo largo de mis más de veinticinco poemarios. En este libro específicamente los dos poemas mencionados reflejan esa presencia vital de la mujer en la realidad y el testimonio existencial.

—Julio Valle-Castillo, en el prólogo, establece la influencia que sobre tu obra ha tenido Rubén Darío. ¿Puedes hablarnos de tus influencias?

—Mi lectura inicial se centraba en filosofía: Aristóteles, Platón y sus diálogos, Kant, Hegel y Nietzsche, siguiendo la preferencia de mi madre. En poesía, cuando joven, me inspiraron las lecturas de los clásicos, Homero, Virgilio, Dante, poetas del Siglo de Oro y escritores franceses. En clases de literatura comencé a escribir junto con poemas de un romanticismo decadente o modernistas de Bécquer y Amado Nervo. Luego, a mediados de los setenta, tuve un encuentro revelador con Jorge Luis Borges en la Universidad de Georgetown que relato en Poemas desterrados. Además de Borges, de César Vallejo, como señalé anteriormente, inciden en mi obra las lecturas de Cernuda, Salinas, Aleixandre; y más recientemente, Rafael Alberti, Ángel González y Gonzalo Rojas. Entre los de habla inglesa: Edgar Allan Poe, T. S. Elliot, William Carlos Williams y, sobre todo, Walt Whitman (de allí mi libro Todos somos Whitman). Debo agregar que no existiría como poeta sin ellos y sin poetas como Rilke, Kavafis, Pessoa y Octavio Paz. Con respecto a Rubén Darío, su influencia es fundamental, por cuanto considero Nicaragua, la Nicaragua de Darío, como una de mis patrias, y he participado con ensayos en numerosos simposios darianos, habiendo sido nombrado miembro honorario del Instituto y Patrimonio Cultural Rubén Darío de León, Nicaragua. Su vida y obra me han atraído, inspirado y alimentado a lo largo de mi camino poético.

Jorge Gómez Jiménez